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Libro “EL MANUAL SAMURAI” : EL NIÑO DIOS

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#TatianaOrellana

Samurai-1

Fuente: Maestro Fenix

Ese día el cielo tenía un color especial, el azul rojizo presagiaba un día lleno de descubrimientos fascinantes, el suave y calido mecer del viento contra la piel de Kan le hacía sentirse emocionado y feliz, tanto como el hermoso y Radiante Sol que estaba naciendo en el horizonte.

Por un momento cerro los ojos y aspiró la suave y salada brisa del mar, al expulsar lentamente el aire de sus pulmones una gran sonrisa ilumino su cara. Sus ojos, al abrirse, brillaban con una fascinante intensidad, más aún de lo aconstumbrado para este joven heroe samurai.

Khan escucho los latidos de su corazón acompañando armoniosamente al romper de las olas sobre las rocas a sólo unos veinte mentros al fondo del barranco. Él estaba allí subido, como todas las mañanas, en su rincón especial, ese hermoso rincón del mundo que había heredado de su padre como su “rincón secreto”.

Mentalmente repasó lo ocurrido en los últimos meses, había comenzado su andadura como Samurai, había aprendido una infinidad de cosas, se había descubierto a si mismo como muy pocos hombres llegan a conseguirlo. También había sufrido disgustos y había estado al vorde de la muerte en más de una ocasión, pero el destino había querido que siguiera vivo y que, además, consiguiera el mayor de los prémios, la felicidad y el amor.

Una alegre luz de esperanza se encendía en su corazón cada vez que recordaba a esa joven de sedosos cabellos. Ea an hermosa, tan… no, no podía describirlo, era algo que no podía ser rebajado a ser calificado con palabras, era necesario sentir la tremenda fuerza de ese amor para poder comprenderlo.

Y él se sentía felíz y agradecido de haber vivido esa sensación, sólo con eso su vida ya había tenido sentido.

 

El amanecer terminó, y el Sol siguió su dorado curso por el cielo azul. Khan, igual que el Sol, se levantó también y amaneció en su propio día adentrandose en las maravillosas vivencias que, sin duda, ocurrirían ese día.

Apenas unos minutos después pasó por delante de la vieja hermita del viejo Sabio, ahora era llevada por el que fuera su aprendiz durante años, un clérigo de mediana edad que intentaba hacer su función lo mejor posible. Justo ahora estaba reunido con su anciano maestro, ahora discipulo samurai del joven Khan, charlando amigablemente.

El anciano Clérigo vio a su joven maestro bajar de su ritual diario de autodescubrimiento y le saludó con un afable gesto de su mano y una mirada llena de amor y sincera admiración.

– Khan, – dijo el anciano – ¿Qué tal el amanecer de hoy?

– Hermoso, muy hermoso – sus ojos brillaban intentando describirlo – era como mirar mi propia alma, sentía que podía mirar fuera de mi y ver mi propio interior al mismo tiempo.

El sabio asintió, pues podía comprender la pureza del alma del joven. Sin embargo el otro clérigo meneó la cabeza y retornó apresuradamente a su hermita para asistir los servicios religiosos matutinos.

 

 

– Se fija demasiado en lo externo, – comentó el anciano al verle alejarse – y demasiado poco en lo interno, que es lo único que importa – dijo mirando profundamente a su comandante Samurai.

– Es demasiado joven – le excusó Khan – con los años aprenderá.

– Jajaja! – el anciano no pudo reprimir una curiosa carcajada – Perdoname – dijo al fín – en realidad tienes toda la razón, – y posando su mano sobre el hombro del joven añadió – pero me es gracioso que alguien que aún es casi un niño, pueda decir tal cosa… ¡Y la cuestión es que tienes toda la razón!

Un sentimiento repleto de un calido amor comunicó las almas de los dos Samurais. No necesitaba decirse nada más, el anciano aceptaba al joven como maestro porque poseía una Sabiduría innata que mejoraba cada día. Él mismo tenía ya más de noventa años, había vivido lo indecible, y estaba considerado como el más sabio de todo el reino, sin embargo había algo en ese jovenzuelo que hacía que él le reconociera como su Maestro, una sabiduría y una bondad puras que sólo podían describirse con una palabra que estaba muy por encima de la pura Sabiduría. El Amor.

 

Khan era un claro ejemplo de la superación diaria, de como los límites no existen, menos los que nosotros mismos nos creamos. Él, a su corta edad, ya había conseguido lo que muchos consideraban imposible de alcanzar.

Para ese viejo clrérigo no había ninguna duda de que las autoridades divinas habían preparado un grandioso futuro para ese jovencito, si a su temprana edad había conseguido todo lo que había conseguido ¿Qué no sería capaz de alcanzar cuando fuera un hombre totalmente maduro y capaz?

 

– ¿Sabes? – pronunció el viejo sabio después de un gran rato de silencio – ayer por la tarde tu padre, el General de Generales, vino a verme. Traía consigo al Caballero Lar. Quería que le ayudase a terminar su época de caballero y a alcazar finalmente el grado de Samurai.

Khan quedó un rato pensabido, conocía a Lar, era Caballero hacía muchos años, y a su juició, de haberse entregado más de corazón, habría sido un excelente Samurai.

Los Caballeros eran Aprendices Samurais que sobrepasaban el tiempo oportuno de aprendizaje normal, para poder darles un titulo honorífico que les distinguiera de los aprendices novatos, se les otrogaba el grado de “Caballeros”, porque si bien no tenían permiso para manejar una cuadriga, si podían tomar un caballo y cabalar sobre él. Normalmente esa montura la usaban para realizar una largo viaje en el que se les encomendaba una misión, se esperaba que en el transcurso de esa misión acabasen por alcanzar el estado de Samurais por si mismos.

Aunque algunos como Lar se atascaban, e incluso abandonaban, aunque si en algo había que reconocer a Lar, era en su Persistencia. El continuaba y continuaba insistiendo, aunque sus esfuerzos estaban siempre mal enfocados, a pesar de que otros más experimentados le indicasen el camino correcto, él siempre hacía totalmente lo contrario.

– ¿Y qué ocurrió? ¿Lo tomaste como aprendiz? – Preguntó el joven comandante Samurai intersado.

– No – respondió el anciano con una sonrisa – no me gusta hechar cargas inutiles sobre mis cansados viejos… sin embargo, si me molesté en indicarle el camino a seguir, aunque naturalmente la responsabilidad de dar cada paso, es exclusivamente suya.

Khan respondió a la sonrisa del anciano con otra aún más amplia.

– El problema de Lar – prosiguió el anciano – es que se niega a aceptar su propia responsabilidad.

El joven Samurai le miró extrañado, ¿Qué querría decir con eso? El conocía a Lar y era de los Caballeros más responsables, quizás algunas veces incluso en exceso, siempre se preocupaba por todos los detalles y buscaba hacer perfecto cada movimiento, cada ataque. Para él, todo había de hacerse perfecto, o simplemente no hacerse, y siempre se había definido a si mismo como “responsable” y “perfeccionista”.

El anciano adivinó la pregunta en el rosto de su superior, y acalaró.

– Lar es muy responsable con sus tareas, realiza sus ejercicios con una precisión milimétrica, siempre está preocupado por las técnicas, los horarios, la puntualidad y la perfección…. Pero es ahí justamente lo que le hace fallar, lo que le frena, porque, en realidad, lo que está buscando con tanta perfección es quitarse de encima la responsabilidad de triunfar, y hecharla sobre los hombros de otro… ya sea una técnica, un movimiento o un Samurai!

“” Cuando ayer acudió a verme, las tres primeras palabras que dijo fueron <Hazme triunfar anciano>, después me explicó que había estado con más de una docena de maestros y que ninguno “había sabido hacerle llegar a Samurai”, que todos “perdían el tiempo con tonterías mentales sobre actitudes y fé” pero que ninguno le había “enseñado las verdaderas técnicas que le permitirían llegar a ser un verdadero Samurai”, que “necesitaba el secreto de esas técnicas y que seguiría insistiendo y haciendo lo que hiciera falta para conseguirlas”

El anciano sonrió

-Ah! Y también me dejó muy claro que si no conseguía hacerle triunfar, se buscaría a otro que si pudiera hacerlo.

– ¡Pero menuda falta de respeto hacia su maestro! – estayó indignado Khan – ¡Tenían que expulsarlo por atreverse a decir tal cosa! Un aprendiz está para aprender, y ha de rendirle respeto y gratitud hacia su maestro, no se da cuenta que intentando presionar a su maestro sólo está deshonrandose y mostrando una estupidez y un egoismo sin límites?

– Jajaja – rió el anciano – tienes toda la razón, pero se lo perdoné porque supe rápidamente que era sólo la baladronada de un hombre inseguro que ansía algo de una manera no totalmente adecuada. – el anciano siguió caminando mientras hablaba – Así que le saqué a pasear y le traje hasta mi vieja hermita, donde le dí de comer a las palomas y le pedí que me dijera lo que veía… igual que te pedí a tí hace no tanto ¿Te acuerdas?

Khan sonrió, si que se acordaba, de hecho la historia se había hecho tan popular que corría de boca en boca, de maestro a aprendiz por todo el campamento y se había convertido en uno de las enseñanzas pilar de todo Samurai.

– ¡Claro que me acuerdo! – contestó – ese día me enseñaste lo importante que es saber decidirse por tomar aquello que se desea en la vida, y que para conseguirlo, simplemente hay que enfocar nuestros esfuerzos de una manera más adecuada, por ejemplo – sonrió – volando hacia la zona de las semillas, en vez de hacia donde no hay.

– Pues ya podía haberlo resumido yo así pillastre! – rió el anciano – me hubiera ahorrado cincuenta años de observar a las palomas. ¡Tendría que haberte preguntado a tí y me hubiera ahorrado muchisimo maiz! – bromeó – Pero claro, ¿Cómo podría haberte preguntado si aún no te habían cambiado ni el primer pañal? ¡Por mi barva! que cuando yo era un joven clérigo y empecé a dar de comer a las palomas… A tu padre aún le cambiaban los pañales!!!

El anciano y el joven rieron durante un buen rato, felices de estar juntos y de que la vida los hubiera reunido.

 

– Hace mucho tiempo, me contaron una historia – dijo el anciano – no la recuerdo muy bien porque cuando me la contaron, aún no debería de haber nacido tu padre. Y ya entonces era muy antigua, tanto que se ha olvidado muchos de los detalles.

“” Pero aún y así, su sabiduría es enorme, escucha atentamente.

“” Hace mucho tiempo, el Gran Dios poseyó a una esposa para traer a la Luz a un Hijo que fuera su felicidad, su orgullo, y la guía para los hombres.

“” Esta mujer fue escogida por su gran Sabiduría, su Humildad, su Decisión y su total entrega para Amar.

“” Aquellos sacerdotes que eran eruditos, extremadamente cultos y supieron desentrañar los sueños para poder descubrir ese hecho tan significativo, acudieron a agasajarla con hermosos regalos, pues decían que aquel que tomara en sus brazos a ese semidios, alcanzaría la total y completa iluminación instantaneamente.

“” Los que fueron a rendirle culto en su nacimiento fueron muy cultos y poderosos, por aquel entonces su fama se extendía por todo el planeta, y ni aún todos pudieron llegar con sus inmensas capacidades y conocimientos.

“” Una vez que llegaron, los sabios depositaron regalos delante del niño recien nacido para agradar a la madre, cada uno de ellos puso el objeto que más precioso había encontrado, dió una larga lista de eruditas razones de porqué ese regalo era el único digno de ese niño, y expuso un largo discurso sobre sus méritos y su sapiencia, pero uno tras otros fracasaron.

“” Al final, un humilde sirviente que les acompañaba solicitó ver al niño, pues había oido hablar de él a los sabios por el camino, los sabios se negaron en rotundo, pero la mujer era bondadosa y amaba a todos los seres por igual, por lo que le mandó pasar.

“” Cuando vio al pequeñuelo el humilde servidor calló de rodillas y lloró por la infinita belleza de la criatura, cuando pudo recuperar la compostura le pidió disculpas a la madre alegando que jamás había visto nada tan hermoso como su hijo.

“” Después miró al suelo y se avergonzó al ver que todo el que había pasado a esa instancia había entregado un regalo… menos él.

“” El pobre era un sirviente hijo de sirvientes, y nada poseía, pero aún y así quiso dar como regalo lo único que tenía, así que metió su mano entre sus ropas y sacó cuatro manzanas, dos rojas, una amarilla y otra verde.

“” Esas manzanas eran su almuerzo y su cena, y eran por si un misero regalo que habría podido ofender a la madre, así que las tomó y ofeció, como regalo, un pequeño expectaculo de juegos malavares con el que las manzanas volaban por los aires de una mano a otra formando unas hermosas líneas de colores sobre el aire.

“” Los sabios estaban escandalizados, pero el pequeñín sonrió por fín al encontrar algo de su agrado, los colores danzantes le habían entusiasmado, y movía los bracitos alegremente mientras sonreía y seguía las manzanas con ojos alegres.

“” Apenas un minuto después, el niño estaba riendo como jamás lo había escuchado reir la madre, y cuando terminó al fin el expectaculo, se quedó tiernamente dormido, sin duda soñando con manzanas danzantes en el aire.

“” Entonces aquella mujer pura tendió el niño a los brazos de sirviente malavarista que tanto había admirado lo que ella más quería y que tanta felicidad le había dado. Y ese hombre conoció entonces el secreto de la dicha infinita, y con ella la total iluminación.

 

El anciano guardó silencio durante unos minutos dejando que la esencia de esta historia penetrará en el cerebro del joven Samurai.

– Naturalmente existen muchas versiones de esta historia, pues como te digo es muy antigua y procede de un reino lejano, pero se que en muchas se olvida de contar al humilde mozo, a su regalo, y el porqué cuando los sabios partieron, seguían a un nuevo maestro iluminado que les enseño más sobre la vida de lo que podián encontrar entre las tapas de sus extraños libros.

Khan quedó pensativo durante mucho tiempo.

– Anciano, ¿Es real esta historia?

– Si, lo es, aunque como te digo muchos detalles se han perdido, y no recuerdo a que pais ni constumbre pertenece (y te puedo asegurar que por mis conocimientos podría entrar en más de un par de cientos) quien me la contó me juró solemnemente que era cierta, y él era un clérigo que jamás pronunciaría una mentira. De igual forma pasó con quién se la contó a él, y al otro, y así sucesibamente hasta sus origenes. – el anciano quedó un momento en silencio – Bien pensado no te puedo demostrar que es verdad, pues tantos años erosionan hasta los hechos pasados, pero si te puedo decir que siento que es cierta, al menos en su mayor parte, pues quien sabe, quizás me equivoqué con el color de las manzanas, ¡o quizás eran otras frutas! Pero si siento que el groso de la historia es cierta, y estoy seguro de que tú puedes sentir dentro de ti mismo que también lo es, y aprender mucho de la gran Sabiduría que encierra.

– Sabiduría… -repitió Khan atontado, realmente a él no le importaba la veracidad de la historia, lo que si le importaba, y mucho, es lo que pudiera aprender de ella.

“” ¿Qué lección encierra?, viejo Sabio, te soy sincero al decirte que algo siento dentro de mi, pero no acabo de poder determinarlo… ¿Quizás algo relacionado con la humildad y la sencillez?

– Algo así mi querido Khan, algo así, pero no del todo. – después de una picará sonrisa añadió – de hecho tiene más en común con nuestro común amigo Lar, el ya casi eterno caballero.

“” Fijate en como actuaron los Sabios.

“” Eran todos supremos eruditos cargados de orgullo, y guiados por ese orgullo pretendieron alcanzar su objetivo.

– Sostener al niño en brazos – concluyò Khan

– Si y no, lo que querían era la suprema iluminación, y para conseguirlo tenían que sostener al niño.

El joven Samurai empezaba a comprender.

– Para sostener al niño, pretendieron “sobornar” a la madre con hermosos y caros regalos – el antiguo clérigo sonrio – y aún se atrevían orgullosos a exponer las razones de porqué su regalo era el mejor.

“” Eran unos perfeccionistas que pretendían saberlo todo, cuando en realidad no sabían nada.

Khan asintió, un rasgo que había notado entre los caballeros es que siempre poseían el orgullo de atreverse a decir que era lo que estaba mal, que era lo que fallaba en el sistema Samurai y por culpa de lo cual no se posía alcanzar el grado de Samurai… ¡A pesar de que miles lo consiguieran diariamente!

– Sin embargo mira al que triunfó – añadío el viejo sabio – era una persona humilde, sencilla, que sin grandes logros dio lo poco que tenía con el corazón.

– Y esa humildad, al no juzgar a los demás ni a si mismo – añadió Khan – le hizo alcanzar el éxito!

El anciano aplaudió ese acierto.

– ¡Así es! Mi joven comandante, aún sin saberlo, el servidor le entregó a la madre el regalo que una madre más aprecia…

– ¡La felicidad de su hijo! – contestó asombrado Khan.

– Asi es! – dijo el anciano – Los grandes Sabios pecaban por materialistas, pero aquella mujer tan pura era también una mandre, y como toda madre apreciaba más una sóla sonrisa de su hijo, que todo el oro del mundo ¡O todas las piedras preciosas!

– Entiendo – dijo el joven – Los sabios erraban al escuchar demasiado a su mente, y muy poco a su corazón.

– Así es!!! Justamente esa es la clave!

“” El Gran Problema es que lo veían todo desde SU propio punto de vista, en vez de verlo desde el de los demás.

“” Por ejemplo, el Sabio que regaló oro, lo hizo porque consideraba al oro como lo más bello del mundo, por lo que consideró que era el mejor regalo posible.

“” Y por eso fracasó, porque no se paró a pensar que sería lo que la mujer apreciaría más en este mundo, lo cual era, obviamente, su hijo.

 

– Pero anciano – preguntó Khan con una enorme mueca de estrañeza en la cara – ¿Eso quiere decir que el siervo era más listo que los sabios? ¿Donde había adquirido esa inteligencia y sabiduría?

El viejo sabio rio.

– El servidor no era más sabio que los Sabios, estos habían estudiado durante decenios y podían recitar mil libros de memoria – y después de hacer una pausa dramática añadió – Pero habían olvidado escuchar a su corazón!

“” El triunfador no había preparado ningún plan, ni siquiera pretendía llegar a sostentar tan grande honor, era humilde, ¡Esa era su mayor ventaja!

“” Simplemente hizo lo que le dictó su corazón, quería agradar a la madre y al hijo, pero no por egoismo, sino por amor. Con lo que hizo algo improvisado y loco que normalmente nadie que siguiera a su mente haría jamás.

“” Y al seguir su corazón, alcanzó el éxito.

“” Ese es el Verdadero Secreto de las personas que alcanzan el Exito, que escuchan a su corazón, corren riesgos, no se preocupan por como “deberían” ser las cosas, sino que toman las cosas como son y simplemente ¡Actuan!

“” Quizás lo que hacen no es lo que se considera normalmente “perfecto”, pero sin embargo, es lo que hay que hacer, es lo Eficaz, es lo que da Resultados. Y es por esos resultados por lo que alcanzan el éxito.

– Ya veo – dijo Khan – por ejemplo el Caballero Lar siempre está preocupandose por ejecutar una Técnica Perfecta, siempre se fija en la Técnica, en como deberían hacerse las cosas, tanto que si la realidad no tiene la forma que el cree que debería tener ¡No hace nada!

– Y así se condena al fracaso! – concluyó el anciano. – Porque un Verdadero Samurai, siempre actua con el Corazón, siempre está lleno de Entusiasmo Sincero, de una especie de Energía Mística, de Fe, una Fe que le conduce al Exito.

“” Porque al no haber espacio para las dudas en su mente, así se puede centrar con total presteza en el asunto que tiene entre manos, y escuchar a su corazón para poder tomar la acción más adecuada a cada momento.

– Escuchar a mi corazón… – murmuró Khan – Recuerdo que cuando luchaba contra Chang, hubo un momento en que me cegó – susurró lentamente el joven Samurai, como si el recuerdo le doliera – en ese momento yo no sabía que hacer, pero algo dentro de mi me llamó a acallar mi mente, a escuchar el sentimiento que mi corazón me dictaba, y a seguirlo…

– ¿Y qué pasó? – preguntó interesado el anciano.

– Que me moví y lance mi Katana, esquibando un golpe mortal, y ganando la batalla. – contestó meditativo el heroe Samurai.

– Dime, crees que Lar hubiera hecho lo mismo en ese momento?

– No – sonrió Khan – seguramente hubiera intentado quitarse la arena de los ojos para poder ver bien, después habría aposentado los pies según la técnica de la montaña, y finalmente habría atacado usando la técnica del dragón de fuego – y ya casi partiendose de risa, añadió – claro que habría tenido que ejecutarla con una cabeza de menos!

– Jajajaja! – rió el Viejo Sabio – ¡No lo dudo! Y sabes cual es la diferencia ¿Verdad?

– Si – contestó ahora más serio el joven – la diferencia está en que Lar es Caballero, y lo es porque no cree en los Ideales, ni en la Fe, ni en la pureza del Corazón y del Alma.

“” El sólo cree en la Técnica, y eso es lo que le frena, porque nunca está seguro de si esa técnica será la Perfecta. Y esas dudas, le atan al fracaso ¡Pues son Zarzas! E impiden que su Energía le mueva hacia el éxito.

– ¡Así es! – sonrió el Anciano, sintiendose Feliz de que, como siempre, su Joven Comandante diera un paso más hacia la Gran Sabiduría – El hombre que sólo usa su Técnica, es como el ave que intenta volar con una sola Ala. ¡Está destinado a permanecer en tierra y a perderse los calidos vientos del éxito!

“” Sin embargo, el que usa sus Conocimientos, junto con su Corazón ¡Ese es el que triunfa! Porque es como un Ave con dos Alas. ¡Y si las usa Volará Tan Alto como Desee!

“” ¿Hasta donde deseas volar tú Joven Comandante?

Khan meditó durante unos momentos, el sabía que los aprendices Samurai, los Samurais y los Caballeros, tenían todos una Formación Técnica Básica realmente elevada, así que su Ala Técnica era ya muy Fuerte.

Eso quería decir, que Khan tenía que esforzarse en fortalecer su otra Ala, la del Corazón, porque sólo así podría aprender del error del Caballero Lar, y evitar caer en su destino.

– Dime anciano, si esto es así ¿No tendríamos entonces que ejercitar nuestro Amor y nuestro Corazón diariamente, igual que hacemos con nuestras técnicas y nuestros conocimientos?

– ¡Así es Khan! Veo que has comprendido la Gran Verdad de esta Historia. Tu Entusiasmo, tu Amor, tu Fe, son tu Segunda Ala.

“” Y dado que tu Primera Ala ya está Muy Fortalecida, tu Fuerza Total, se medirá, en la Práctica, por la Fuerza que tú otorgues a tu Segunda Ala.

“” ¿Cuanto eres capaz de Amar? ¿Cuanto Entusiasmo eres capaz de Sentir? ¿Cuanta Fe eres capaz de Tener? ¡POTENCIALO! Y así podrás extener tu segunda Ala Bien Poderosa, para que te Impulse por los Cielos del Exito, y te permita surcar entre los vientos de la victoria, impulsandote directamente, hasta allí donde quieres llegar.

“” ¡Nada hay tan importante como un Samurai como el cuidar su Entusiasmo, su Amor y su Fe!

“” ¡En verdad que ahí está el Secreto de tu Exito!

“” Apuntalo, toma nota, Aplicalo Diariamente, te costará tiempo y trabajo el aplicarlo ¡Pero Ah! Sus Resultados te llenarán de Dicha, de Bondades y de Exitos ¡Y harán de ti el Mejor de los Samurais!

Khan entendio dentro de si, lo que ya había empezado a entrever desde hacía mucho tiempo. Primero había empezado a sospecharlo cuando conoció la existencia de los Fantasmas del Miedo y del Fracaso, después lo vio en el otro mundo cuando conoció las Zarzas y el Trigo de su Alma, finalmente hoy había podido, por fin, comprender porqué el Entusiasmo, el Amor y la Fe, son tan poderosas ¡O más! que la mejor de las Técnicas, porque ¿A donde puede llegar un pájaro que sólo tiene una ala? Aún cuando tuviera dos muy pequeñitas ¡Volaría mejor que un ave con una sola ala inmensa!

Como Samurai, Khan reconocía que su “ala técnica” era ya muy avanzada y poderosa, pues conocía una gran cantidad de técnicas, más de las que eran extrictamente necesarias para alcanzar el éxito.

Con todas las que conocía, un hombre podía alcanzar un éxito INIMAGINABLE! Ahora bien, ¿qué habría que hacer para aplicarlas?

Ah! Ahora lo sabía! ¡Tenía que Fortalecer su Segunda Ala! Para poder aletear a la Par, con Fuerza y así impulsarse por los calidos cielos directo al Exito, a su Objetivo.

Por eso, el Joven Comandante Samurai miro dentro su corazón, e hizo la más solemne de todas las Promesas. A partir de hoy, y durante toda su existencia, cuidaría cada día de Fortalecer su Amor, su Entusiasmo y su Fe, para poder volar por los cielos de la vida como UN VERDADERO SAMURAI!

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