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COMO SER MAS FELIZ, PARA SIEMPRE – Capítulo 19.- Chang, el Samurai Obscuro

#TatianaOrellana

feliz 3

Fuente: Maestro Fenix

La preciosa joven se estiró entre las suaves sábanas de seda. Su larga y resplandeciente cabellera negra recorría su cuerpo tal y como si el mantón de la noche hubiese deseado posarse sobre la suave y pura lona. La enstancia tenía un suave fragancia a incienso y menta, el suave aroma penetró por sus pulmones haciendo incluso más agradable su lento despertar.

Una sonrisa de satisfacción y dicha cubrió su semblante cuando al abrir los ojos vio al hombre que amaba.

Kan estaba incluso sentado en la mitad de la suntuosa estancia. Hermosos entapices adornaban las paredes de una deliciosa madera rematada con ornamentos de oro y plata. El suelo, cubierto de un fino y suave tatami invitaba a pasear descalzo sobre él. En el techo una preciosa pintura ofrecía la imagen de un fenix protector.

La chavala miró otra vez al joven, supuestamente no se había movido en toda la noche. Rosana, ya absolutamente despejada recordó la dureza del día precedente, poco tras saber que estaba prometida al joven ubicado en el medio de la estancia había sufrido un atentado contra su vida. Si no fuera por la veloz actuación de su prometido ahora sus familiares la estarían llorando y sepultando. Todavía su vida corría riesgo, por ese motivo había dormido en esa bella habitación, la habitación central del Palacio del General de Generales Samurai, indudablemente el sitio más seguro de todo el imperio. Incluso y de esta forma su prometido había decidido montar guarda toda la noche, se había sentado en la mitad de la habitación en una postura de meditación y había continuado igual toda la noche. La joven se preguntó si habría dormido o bien si, como sospechaba, esa meditación le dejaba estar alarma y reposar al tiempo.

Rosana era una chica tímida por naturaleza, sobre todo públicamente. No obstante en privado y con los seres amados era una “pequeña fierecilla indomesticable” como acostumbraba a llamarla su padre. Contenta merced a un reposo reparador, decidió gastarle una pequeña gracieta a su reciente prometido. La mujer extendió la mano hasta la mesa que se hallaba a la vera de su cama y sujetó sigilosamente un pequeño broche de bronce que acostumbraba a emplear para anudar su larga melena en un práctico moño cuando asistía a su padre en su trabajo en la cocina.

Sigilosamente se sentó sobre la cama tapándose lo más posible con las mantas, apuntó y… lanzó el precioso ornamento contra el homoplato derecho del joven con una zorrilla sonrisa de triunfo en la voca.

 

 

En menos de un parpadeo el joven intuyó el broche, extendiendo una mano cara atrás, lo sujetó en pleno vuelo en el aire con exactamente la misma sencillez con que Rosana lo había cogido de la mesa. Y dándose la vuelta burlonamente dijo:

– ¿Has perdido esto? – Pronunció alegre Kan – ¿Me da la sensación de que se ha caído del pelo? – afirmó jugetón mostrando el broche de la muchacha en su mano.

Rosana lanzó un bufido fingiendo indignación, en el fondo estaba impresionada mas no deseaba reconocerlo… por lo menos no tan de manera fácil.

– ¿Qué tal has dormido? – Preguntó el joven – Te revolviste mucho de noche.

– Al comienzo descansé mal – reconoció la joven – mas tras despertar dos veces dormí maravillosamente – y estirándose añadió – ¡Son tan cómodas estas sábanas de seda!

Al decir eso se le escapó la sábana de las manos, deslizando de manera rápida por su cuerpo. La joven sobresaltada extendió la mano, tomó las sábanas y se tapó pudorosamente, debido a la velocidad de la resolución la noche precedente había debido dormir desnuda al carecer de ropa de dormir. En su descuido había enseñado, solo a lo largo de medio segundo, un tanto más de lo que deseaba. Tras revisar que estaba ya tapada apropiadamente examinó al joven que había delante de ella procurando hacerse pensar que tal vez no había visto nada distraído con alguna otra cosa.

 

 

La mirada del joven estaba fijada en ella, así que era obvio que no se había perdido nada del “espectáculo”, la joven no pudo menos que ruborizarse, tímida por naturaleza no pudo pronunciar ninguna palabra aunque hubiera deseado decir algo…

El joven, notando su vergüenza intentó subirle el ánimo a su amiga.

– No sé por qué te tapas tanto – dijo – Eres muy hermosa, tanto encima como debajo de las sabanas.

Rosana enrojeció de cólera ¡Sería descarado! Le miró fijamente dipuesta a cantarle las cuarenta cuando… se fijó en la inocente mirada del muchacho. La miraba como se puede mirar una bella pintura, no había nada lascivo ni pervertido en él, más bien todo lo contrario, su mirada sólo reflejaba una inocencia increíble. En ese momento la joven recordó las palabras del General de generales el día anterior “¡Mi hijo es más inocente que una lechuga!” había dicho… Rosana no pudo menos que imaginarse a Kan como una lechuga gigante con kimono y espada Samurai. Ante la mera idea de que estaba prometida a una “lechuga Samurai” no pudo contener una enorme carcajada.

– ¿De qué te ríes? – Dijo el Joven Samurai incómodo – ¿He dicho algo inapropiado?

– No Kan – contestó alegre conteniendo la risa – todo lo contrario – y lanzándole un beso añadió – ¡Eres un cielo!

Ahora fue el joven quien se ruborizó de arriba a abajo, la joven no pudo contener el pensamiento de pensar que igual en vez de una lechuga samurai era un “tomate Samurai!”. Una risita contenida cruzó la cara de la bella muchacha que, temiendo ofender a su salvador, se controló para que no fuera a más.

– Estoy muy contento de saber que eres feliz – dijo el joven comandante acercándose al lecho de la hermosa muchacha y sentándose en su borde.

Rosana se intranquilizó un poco, un mar de sentimientos cruzó su pecho. Por un lado Kan la había salvado de la muerte el día anterior, también sabía que era su prometido y que era aún un niño inocente, pero ella no

podía dejar de ver a un Samurai, a un hombre y después de todo ella estaba totalmente desnuda debajo de las sábanas y él estaba allí sentado tranquilamente en su lecho, es cierto que lo hacía con inociencia, sin segundas intenciones, pero la joven no pudo menos que ruborizarse y sentirse un poco insegura… a la par que también se sentía segura por la protección que sabía que el joven le brindaba ante cualquier ataque… en un momento cortó el hilo de pensamientos temiendo que su prometido pudiera leerlos en su cara, sin embargo después de mirarlo fijamente comprendió que él no era capaz de intuir tales cosas. Quizás fuera un Comandante Samurai exquisitamente entrenado en el arte de la guerra y los ejércitos, pero respecto a mujeres aún sabía menos que la mayoría de los hombres ¡Y eso ya era decir poco!

Kan por su parte interpretó el tibio rubor de su prometida como un efecto secundario de la risa. Tampoco le extrañó su silencio pues él lo agradeció para poder contemplarla hermosa y pálida contra la suavidad de las sedas y el negro ondular de sus cabellos.

Justo en ese momento Rosana se dio cuenta de como contemplaba su prometido su larga cabellera negra. La joven estaba muy orgullosa de ella y en ese momento se le ocurrió una idea, con un movimiento de su brazo cambió de postura el largo fluir de sus cabellos recostándolos por encima de su hombro derecho y colocándolo por encima de las sábanas. De esta forma, mientras ella permaneciera sentada, sus propios cabellos le cubrían el cuerpo por encima de las sábanas, aun en el caso de que se le resbalase la sábana otra vez su pudor quedaría totalmente tapado por sus negros cabellos.

 

 

– ¿De veras te parezco guapa? – Preguntó por fin

– Eres más que eso, eres muy bella – respondió sinceramente Kan.

Una sonrisa elevó el ánimo de la chavala que justo iba a decir algo cuando sonó la puerta.

– Es Gui – murmuró Kan ya antes de decir más alto – ¿Quién es?

– Soy Gui comandante – afirmó el interpelado tras la puerta – me manda su madre, quiere que acudais a desayunar al salón primordial.

– ¿Y por qué razón no me lo afirma misma? – Preguntó extrañado Kan – Si está ahí mismo contigo – Una mueca de sorpresa cruzó la cara de Rosana ¿Quizá su prometido veía por medio de las puertas?

– Eh… – respondió inquieto el especialista en camuflaje tras la puerta – Su madre creyó que resultaría menos… “beligerante” para su prometida, no deseaba ocasionarle pesar – respondió con sinceridad como se espera de todo Samurai. Tras decir esto se escuchó un airado bufido procendente de una mujer que afirmaba algo como “Estos hombres no saben nada!!!”

Kan miró sorprendido a Rosana, palpablemente incomodada por la discursión y decició atajar el tema contestando.

– Conforme, en quince minutos vamos a estar en el salón – y tras oír atentamente unos segundos agregó – y Mamá, vete con Gui.

Rosana miró atentamente a su prometido, el que le explicó sencillamente:

– Mi madre es amiguísima de espiar tras las puertas – por un instante su mirada se perdió en el infinito y por fin afirmó – ya puedes estar sosegada, la persona más próxima está a quince metros de la puerta.

– ¿De qué forma puedes saberlo? – preguntó impresionada la joven.

– Oh! Es sencillísimo, es una parte de mi adiestramiento samurai – explicó – además de esto he crecido en este sitio, con lo que me resulta más fácil ubicarme que, por poner un ejemplo, en un bosque.

Rosana meditó un instante sobre el hecho, eran increíbles todas y cada una de las habilidades del joven… tanto como que se refiriese a ese increíble palacio como “este sitio” ¡Igual que si fuera una simple choza!

-Va a ser mejor que te vistas – afirmó el joven, le respondió con una significativa mirada ¡No prentendería que se vistiese delante de él!

 

 

Ni que decir debe Kan no comprendió la mirada de la joven, tras un rato creyó que igual le pisaba la sábana, miró donde estaba sentado mas verificó que no, con lo que lanzó una inocente mirada a la joven… la que le fulminó con la mirada. ¿Qué era lo que pasaba? Kan al final entendió… o bien creyó entender. ¡Mas no era para tanto!. Extendió su mano, cogió la ropa de la joven y se la tendió, al ver que no la cogía se la posó al lado.

– ¿No prentenderás que me vista delante tuyo, VERDAD? – afirmó a la par disgustada y amena frente a la visión del desconcertado joven, el que quedo por un segundo paralizado pensando en como era la contestación adecuada.

– Eh… ¿Sí? – Respondió con timidez.

Un sonoro guantazo cruzó la cara del joven.

– ¡Uy! – exclamó – ¿La contestación era No??? – preguntó con timidez ¡Vaya genio!, al ver el cabeceo de la joven Kan se levantó y fue hasta la puerta. Vaciló un instante ya antes de salir, no deseaba dejarla sola, además de esto no entendía el motivo del tema y menos de la bofetada, conque preguntó ingenuamente…

– ¿Debo salir de la habitación? – y agregó – no quisiese dejarte sola… por si las moscas.

La chavala meditó un instante y por fin contestó:

– Con que te quedes ahí es suficiente – y aclaró por si las moscas – mas debes prometerme que no te vas a dar la vuelta hasta el momento en que te lo afirme.

– Te lo prometo – después por si las moscas agregó – te prometo que si no oigo ningún estruendos extraño o bien ningún riesgo inminente no me voy a dar la vuelta… – tras dudar preguntó – ¿Te vale eso?

– Sí – Rió la joven que había saltado de la cama y se estiraba reposadamente gozando de la suave sensación del tatami bajo sus pies. Azoto su pelo para su espalda y pícaramente se aproximó cara su prometido con la total seguridad de que Kan jamás infringiría una promesa como Samurai de honor que era.

 

 

– ¿No has descansado nada en toda la noche? – preguntó acariciando suavemente la espalda del joven buscando músculos tensos y tras localizar un par de ellos comenzó a masageárselos suavemente.

– ¡Qué gusto! – murmuró Kan – No he dormido, si es eso lo que preguntas. Sencillamente he meditado, sostiene descansado el cuerpo y alarma la psique – prácticamente no podía vocalizar las palabras del placer que sentía con el diligente masaje de la joven en su espalda – ¿Te puedo consultar algo?

La mujer guardó silencio un instante, estaba gozando con su juego, estaba totalmente desnuda en una suntuosa habitación con su prometido, eso la hacía sentirse muy mujer. A la par el joven era un hombre de honor con el que estaba plenamente segura y que, verdaderamente, no la veía, conque en la práctica era igual que si estuviese completamente vestida delante de él charlando amistosamente. Curiosamente, a una parte de su poquedad frecuente, la situación le daba una seguridad en si misma y una femineidad de la que estaba gozando.

– Pregunta – respondió al fín.

– ¿Por qué razón me has mandado que me diese la vuelta? – y agregó insultado – ¿Y por qué razón me has pegado? – después tal y como si temiera algo agregó – ¿Te he insultado en algo?

– ¿De veras no lo sabes? – preguntó extrañada y sorprendida ¡Si que era inocente como una lechuga!

– Si lo supiese no lo preguntaría – respondió molesto Kan mientras que la mujer apreciaba que sus músculos se tensaban incómodos.

– Relájate – ordenó , se distendió y una sonrisa cruzó la cara de la preciosa chica – No sabes nada de mujeres – era una aseveración, no una pregunta, tras pensarlo un instante siguió. – a las mujeres nos molesta que los hombres nos vean desnudas – afirmó por fin.

– ¿Por qué razón?

– ¿Por qué razón? – la fácil pregunta alarmó a la joven que interrumpió su masaje… mas siguió tras un leve gimoteo del joven – Bueno, supongo que nos hace sentir inseguras. Además de esto un hombre no acostumbra a mirar a una mujer desnuda con buenísimos pensamientos.

– ¡Yo no tengo malos pensamientos! – exclamó Kan no totalmente seguro de que eran “malos pensamientos” – además de esto no tienes por el hecho de que sentirte insegura pues te mire ¿Quizá no te miro cuando estás vestida? – La chica no sabía si le terminaba de agradar que Kan “la mirara” cuando estaba vestida… mas decidió que lo afirmaba con buena pretensión – Eres bella, no deberías abochornarte de ti. Ninguna mujer es tan preciosa como .

La fácil aseveración encantó a la joven que reaccionó impulsivamente poniéndose de puntillas y lanzando un beso a la mejilla de Kan desde la espalda. Al ver que este viraba un tanto la cabeza se la sostuvo con las dos manos a fin de que mirara otra vez cara la puerta.

– No soy tan bella! – respondió medio de verdad medio de broma Rosana – ¿No piensas que Escila es más guapa que ?

Kan lo meditó y instante y de forma rápida respondió.

– Sois diferentes, Escila es Rubia y de ojos azules, pelo es… – vaciló un instante – como la noche alumbrada por las estrellas – la descripción encantó a la joven – y tus ojos son como puntos negros en los que me hundo toda vez que los miro – Kan sentía algo de vergüenza al decir lo que sentía, mas simplemente no hallaba otra forma de expersarlo – Escila está algo morena por el sol, eres blanca como la leche – y tras dudar un instante agregó – además de esto Escila es demasiado… ¿De qué manera se afirma?

– Boluptuosa? – Le asistió al joven.

– Sí eso, Bolptosa – respondió inútil de vocalizar apropiadamente la palabra.

 

 

– Yo creía que eso era algo que gustaba a los hombres – dijo interesada la joven sin darse cuenta de que se había abrazado a la espalda de Kan para susurrarle al oído y escucharle mejor.

– Normalmente sí – contestó él – suelo escuchar muchos comentarios sobre los distintos tamaños de.. las boltposas mujeres. – la palabra se le seguía atragantando, lo cual causaba un visible agrado a la joven – pero yo no le veo un por qué, quizás sea porque soy aún joven y eso son cosas “de mayores” pero creo que una Samurai es mejor si no es tan… eso, que si lo es. Debe de estorbar mucho en la lucha!

Rosana no pudo reprimir una carcajada y le propinó otro beso en la mejilla al joven antes de separarse e ir, al fin, a vestirse sin poder reprimir un pensamiento “Depende del tipo de lucha”.

Rosana y Kan entraron de la mano en el gran salón, la madre del muchacho los miraba entre con pena y alegría y los invitó a sentarse a la mesa. Kazo presidía la mesa y los dos jóvenes se sentaron en el medio de la larga mesa uno al lado del otro.

– Padre – dijo Kan mientras se servía una taza de zumo – he estado pensando esta noche – dijo enigmáticamente – he decidido que sólo hay una forma de acabar con esto – y mirando fijamente al general de generales añadió – He de ir a luchar contra el asesino personalmente.

Kazo meditó un momento, había previsto una acción similar y contestó:

– Eso sería inútil – al ver la cara del muchacho añadió – cuando acabases con el asesino, otro vendría en su lugar. Como reza el dicho “Para prender a los bandidos captura al que los manda.” – Kan asintió pues lo conocía – Hay que acabar con el padre de tu otra… falsa prometida. – después de un segundo añadió – con “Chang, El Samurai Oscuro”

Rosana se atragantó, no le gustaba como sonaba eso. Ya había visto las habilidades de Kan y sólo era un muchacho, un poder similar mal utilizado sería horrible!

– Bien, lucharé contra ese Chang en combate singular, le venceré y volveré – dijo simplemente Kan mientras acababa de desayunar – ¿Dónde puedo encontrarlo?

Kazo miró a su hijo, el joven Samurai creía que todo el mundo cumplía su palabra y su honor, no se daba cuenta de que algunos seres como Chang hacían uso de las más torcidas artimañas para conseguir lo que deseaban. Un lijero temor por su hijo recorrió el cuerpo del anciano Samurai, no sabía si Kan estaría ya preparado para enfrentarse a la realidad por su cuenta.

 

 

– Chang está asilado en una pequeña Isla muy al sur. Una zona volcánica peligrosísima donde mismo se ha asilado. – explicó el anciano Samurai – jamás la hemos atacado puesto que sería una perdida inútil de vidas, ningún ejército puede recorrer la zona sin padecer graves pérdidas por los dañinos gases y la lava candente… eso sin contar que habría que hacer en frente de un ejército de renegados que carecen de sentido del honor, prestos a hacer lo que sea para lograr la victoria.

– Mas eso es terrible! – brincó la joven

Kazo asintió con la cabeza, para él se había guardado que esos renegados eran, en su mayor parte, gente engañada y usada, que temía día tras día por su vida, puesto que si fracasaban en una misión serían ejecutados sin contemplaciones… tanto como sus familias.

– Desgraciadamente no es posible eliminar la maldad de la tierra, siempre y en todo momento va a haber gente desalmada… – Kazo suspiró – lo único y lo mejor que se puede hacer es instruir el camino adecuado a cuantas más personas mejor, puesto que así los salvarás del camino de las desgracias, la envidia, el descalabro, la estafa, el homicidio y la deprabación.

Kan prosiguió caviloso, lo había decidido, esa mañana se reuniría con sus Samurais y formarían una tropa de élite con la que atacarían el refugio de Chang para finalizar con sus maldades y de esta manera se lo afirmó a su padre.

– Si tan decidido estás mismo te voy a acompañar – Rumiko y Rosana tremieron palpablemente – Tresdoblaré la guarda de palacio a fin de que cuiden de tu madre y tu prometida, mis mejores Samurais van a quedar acá así como Gui para guardarlas, y vamos a marchar 7 Samurais para recortar el tema de raíz.

Kan asintió y se iba a levantar cuando Rosana le tomó la mano “deseo charlar contigo en solitario” le murmuró al oído. El joven asintió y tras excusarlos se dirigieron a la puerta. En el último instante Rosana volvió sobre sus pasos y murmuró unas palabras al oído de Rumiko, la que asintió y también hizo un ademán con la mano, cuando los 2 jóvenes prometidos salían por la puerta primordial Gui partía presto a cumplir las órdenes de la Gran Dama.

Kan y Rosana se dirigieron a los jardines interiores del palacio. Kan podía sentir la presencia de múltiples Samurais de la guarda de palacio ocultos en las sombras. No obstante su adiestramiento incluía la discrección, nada de lo que se afirmaran los jóvenes prometidos sería jamás repetido.

– Temo por ti – afirmó por fin la joven – se que eres poderoso y capaz, mas te marchas a adentrar en un terreno ignoto para ti, donde vas a estar en desventaja y donde cabe la posibilidad de que fracases.

Kan sonrió reposadamente, ese era un buen resumen de la vida del Samurai. Meses atrás – ¡Parecían años! – había decidido hacer en frente de la vida del Samurai, ya su primer día venció a los espectros del temor y del descalabro. El sabía que siempre y en toda circunstancia estaban ahí, al filo del camino, procurando atraparlo a fin de que se rindiese, ahora empleaban su preciosa amada a fin de que dejase de procurarlo.

 

 

– Si no lo intento ya habré fracasado ¿Lo comprendes? – La joven asintió reconociéndolo – es cierto, siempre y en toda circunstancia puedo fallar, nada en esta vida es seguro. Mas jamás me entregaré sin ya antes haber luchado con todas y cada una mis fuerzas. – Kan hizo una pausa para dejar que la joven entendiera – Me hice una promesa a mi mismo hace un buen tiempo de que de esta forma actuaría siempre y en toda circunstancia. – tras otra pausa agregó – Se que expongo mucho, mi apuesta es altísima amor mío – La joven quedó paralizada por las palabras y escuchó atentamente – me juego mi vida, si descalabro la voy a perder… si consigo el éxito te voy a ganar a ti. Y contigo la dicha de una vida – El Comandante Samurai la miró de forma directa a los ojos – Sin peligro no hay beneficio. – asintió calladamente – La recompensa merece la pena – sonrió levemente – me expondré y triunfaré.

Rosana comprendió muchas cosas en ese instante. Solo merced a un progresivo arriesgar Kan había logrado llegar a ser lo que era hoy en día. En un comienzo se habría peligroso a triunfar y a mudar. Probablemente habría sufrido menosprecios y mofas por trabajar para cumplir sus sueños. Poquito a poco había ido logrando pequeños logros que le habían forjado como hombre y como Samurai.

La joven, por un momemto, volvió a ver al hombre oculto en el pequeño y supo que estaba ahí, aguardando a brotar poco a poco más poderoso y seguro de si mismo.

– Entonces te asistiré – respondió por fin posando sus labios suavemente sobre los de él.

Poco después se hallaban en las habitaciones donde habían pasado la noche, sin darle ninguna explicación la joven le había arrastrado corriendo hasta ellas. Al llegar había mirado a su alrededor y sonreído. Después cerró la puerta detrás de ellos y atrancó la puerta con el cerrojo. Kan estaba anodadado y no sabía como reaccionar. Ella tomó una toalla de sobre la cama y se la lanzó al pecho, el joven la tomó en el último instante y la miró extrañado.

 

 

– Desnúdate – afirmó riéndose pícaramente.

El joven Samurai quedó pasmado por la inusual solicitud. No obstante, habituado a obedecer y a actuar comenzó a desabrocharse la parte superior de su quimono. En el último instante sonrió tal y como si se acordase de una vieja gracieta y dijo:

– Conforme, mas date la vuelta

Ella sonrió, medio indignada medio entretenida, mas cumplió su solicitud, si bien Rosana, más taimada por naturaleza miró al joven usando para esto el reflejo de uno de los dorados ornamentos de las paredes mientras que su sonrisa zorrilla aumentaba por instantes. Lo que más le sorprendió fue la enorme cantidad de armas que el joven guardaba entre los plieges de su Quimono Samurai. Cuando terminó le afirmó simplemente.

– Tápate con la toalla

El joven tomó la toalla y se la enroscó en la cintura. Un segundo después extrañado por el detalle de que la mujer supiese precisamente en que instante había terminado la miró y procuró con la mirada por la habitación. Poco tardó en percatarse del engaño de la mujer y se rió ante su argucia haciéndole una señal por medio del reflejo.

Rosana se rió claramente y puso una sonrisa de “te gané” a la par que se daba la vuelta.

– Ahora métete en la bañera – ordenó señalando.

Kan miró una enorme bañera de bronce que había sido ubicada en un rincón de la habitación al lado de una mesilla llena de yerbas, se flageló mentalmente por no haberla advertido, de ser un contrincante los habría matado a los 2. Solo entonces se dio cuenta de lo mucho que había relajado su defensa en los últimos minutos.

Kan tanteó el agua con su mano ¡Ardía! miró de reojo a su prometida mas su postura no aceptaba contestas. Suspiró y metió una pierna en el agua, tras dudar un segundo dejó que la toalla deslizara entre sus piernas y se posase en el seco suelo, no tenía exactamente los mismos prejuicios de la joven, solo había querido darle a probar una muestra de su medicina. Arggg ¡El agua estaba verdaderamente ardiendo!

– ¿Prentendes guisarme? – Preguntó el joven

Rosana sonrió como única contestación, a la par que tomaba una pequeña esponja marina y la untaba con una pastilla de un agradable jabón. Después comenzó a frotar al joven con la esponja para limpiarle y masajearle al tiempo.

 

 

– Te has pasado toda la noche despierto – murmuró – tus músculos están tensos y resentidos, precisan un tanto de reposo si vas a encarar una batalla – razonó – precisarás estar al máximo de tus posiblidades ¿Verdad?

– Llevas razón – respondió relajándose – mas podías haber aguardado a que se enfriara un tanto el agua no crees?

– No! – respondió ella enérgicamente – este calor va a ayudar a relajarse a tus músculos, mira – apuntó – piel ya está roja, eso señala que tu sangre está fluyendo con más libertad, limpiando tu cuerpo por la parte interior y nutriéndolo – explicó – que estaba segura que un corpulento samurai como no tendría inconvenientes en soportar un poco de agua caliente – se burló

– Y no lo tengo! – se defendió insultado – Solo había sido un comentario. – murmuró.

– Además de esto – prosiguió tal y como si no hubiese dicho nada – en esa isla va a haber mucho calor, precisas tener los poros muy limpios para poder sudar apropiadamente y no desmayarte por el calor. – afirmó mientras que le frotaba la espalda.

– ¿De qué forma sabes tanto de medicina? – preguntó de manera directa.

– Desciendo de una larga familia de médicos y herbalistas – frente a la mueca del joven aclaró – mi padre es “la obeja negra de la familia” – en lugar de emplear las plantas para sanar… ¡Prefiere cocinarlas y comérselas! – una carcajada brotó de la joven tal y como si fuera una vieja gracieta familiar. – si hicieses un tanto de memoria recordarías que mi madre es la que se hace cargo de realizar los primeros auxilios a los samurais en la batalla.

– No lo sabía – respondió sinceramente Kan – jamás he acudido a una batalla con el ejército – calló un instante para tragar saliva – hasta el día de hoy.

Rosana se preocupó por este hecho, mas ya nada podía hacer para mudar la resolución de Kan… menos apoyarle y asistirle en todo lo que resulta posible.

– No importa – le afirmó besándole la mejilla – seguro que lo vas a hacer maravillosamente – y antes que el pudiese responder hundió su cabeza en el agua de un tirón!

Kan pataleó y tiró hasta el momento en que al final sacó la cabeza del agua, no había podido tomar aire y también instintivamente había tragado un buen mordisco de agua.

– ¡No te comprendo! – afirmó por fin – primero me besas y después me procuras matar – agregó insultado – ¿Me quieres o bien me detestas?

Rosana quedó fría frente a la directa pregunta del joven, no creía que fuera a hacerle esa pregunta tan de manera directa, abochornada metió otra vez la cabeza de Kan bajo el agua, mas esta vez el estaba preparado y pudo soportar la respiración a lo largo del minuto que la joven, distraída en sus pensamientos, lo sostuvo en esa situación.

 

 

– No te odio – le afirmó por fin sacándolo del agua – y si me comporto de este modo… – afirmó seductora – es simplemente por el hecho de que soy una mujer. – Le había dado una contestación suficientemente buena, razonó , no afirmaba nada ¡Y afirmaba mucho!

Kan quedó meditabundo unos instantes acostado relajado contra la bañera mientras que Rosana le lavaba el pelo con un suave masaje en la cabeza que hacía sus más agradables exquisiteces. Con lo que sabía podía ser que el minuto siguiente estuviese otra vez bajo el agua, con lo que decidió que lo mejor era gozar cada segundo agradable y intentar no salir mal herido de los ataques de genio de la mujer. Estaba resuelto a gozar todo lo que resulta posible esos instantes. Tras todo cabía la posiblidad de que estos fuesen sus últimos instantes juntos. Kan era inocente, mas no iluso, como samurai entrenado tenía plena conciencia de que podía fallecer en solo unas pocas horas bajo el filo de una Katana contrincante. No dejaría que pequeños detalles sin relevancia estropeasen ningún instante de su vida.

No tanto lo era la joven Rosana que, quizá por su juventud, pensaba que todavía le quedaban largos años de vida, de no ser de esta manera quizá se hubiese entregado a gozar esos momentos con exactamente la misma intensidad del joven y sabio samurai.

Tras el baño caliente, la joven tumbó a Kan boca abajo en cama y, sentándose sobre él con suavidad, comenzó a masajearle primero la espalda, seguido de la cabeza, los brazos y los músculos. Al comienzo de una forma suave, prácticamente acariciándolo, para ahora ir incrementando la presión hasta relajar y distender todos y cada uno de los músculos del joven.

– Estoy en la gloria – consiguió balbucir el joven.

– Cuando acabe – afirmó sonriendo la chavala – te hallarás absolutamente descansado y sin tensiones, tal y como si fueses un “nuevo Kan” recién sacado de su envoltorio.

– Eres fantástica – balbució por contestación Kan

 

 

– Gracias – respondió simplemente – solo deseo que vayas a la batalla al límite de tus posibilidades, en tanto que no podré estar junto a ti para sanarte las heridas y.. – tras tragar saliva nerviosamente agregó – como no puedo parar las Katanas por ti. Por lo menos puedo asistirte a fin de que ningún músculo te falle y a que no padezcas fatiga mientras que riñas.

– Eres fantástica – repitió simplemente el joven guerrero.

– Si tanto me lo repites me lo creeré! – contestó contenta. Después venciendo su poquedad se tumbó como una ligera pluma sobre la espalda de su protector y lo acarició suavemente… quizá no volviese a verle vivo jamás más pensó y cerró los ojos gozando del suave aroma del joven.

3 bruscos golpes sonaron en la puerta. Antes que el primero acabara de sonar, Kan ya había abierto los ojos, se había despertado y había analizado la situación. Estaba en la habitación más profunda de palacio, se había quedado dormido a lo largo del masaje que Rosana le había dado. La joven estaba tumbada sobre él, todavía dormida. La habitación, a parte de ellos, estaba vacía, había alguien tras la puerta y sus armas estaban a más de tres metros de él.

Kan se amonestó cuando sonó el segundo golpe. Podía ser un contrincante, de un movimiento se libró de Rosana, la que se despertó de su duermevela, y dando una voltereta brincó cara sus armas sujetando su espada Katana. Con el tercer golpe se puso en situación delante de la puerta, listo y apuntó con su arma preparada en situación de lucha y… conforme se dio cuenta en ese instante ¡Absolutamente desnudo!

Descartó este último pensamiento de su psique y lo centró en lo esencial ¿Sería un ataque?

– Kan – chilló una voz tras la puerta – tu hora ya ha llegado.

El joven Comandante se relajó, solo era Gui, el servicial Samurai, que le informaba de algo… procuró buscar en su psique para saber que era mas su memoria todavía estaba anubarrada por el sueño.

– ¿Para qué exactamente? – preguntó de manera directa el joven.

– Para partir cara la isla de Chang. – respondió tras la puerta la voz – en treinta minutos partís. – afirmó de manera directa – y después desapareció por el corredor para no incordiar más a los jóvenes.

Kan relajado se dio la vuelta con la Katana en su mano derecha apuntando cara el suelo.

– ¿Me vas a agredir? – Sonrió pícaramente la chica mirando al comandante desnudo con su katana en la mano.

Kan se miró de arriba abajo y reventó en carcajadas.

 

 

– Vuelve sano – afirmó sencillamente Rosana posando un beso en la mejilla del joven.

Él se volvió y la besó, esta vez en los labios. No sabría decir que le impulsó a hacerlo mas Rosana le devolvió el beso con amor.

– Lo voy a hacer – aseveró soltándola, si bien no pudo mitigar la sensación de tristeza que anidaba en su corazón. Cierta sensación de miedo por su vida… y un enorme descontento por estar lejos de quien amaba.

– ¿Me lo prometes? – preguntó dudando

– Te prometo que voy a hacer todo cuanto pueda por lograrlo – respondió sinceramente, sonrió y le dejó partir.

Kan miró al frente, su padre estaba en su cuádriga aguardándole sobre el camino, bajo los peldaños las huellas de su padre se veían meridianamente sobre la tierra batida. A su espalda estaba Rosana y a su izquierda, resguardándola, Gui, el más especialista Samurai en camuflaje y hombre de confianza de su padre.

Kan se lanzó al aire para cruzar de un salto los peldaños, como tenía por costumbre, para ir a aterrizar de forma directa sobre la tierra batida al pie de exactamente los mismos.

En ese instante Kan supo que algo iba mal. Esa tierra Jamás había estado batida, siempre y en todo momento había estado aplastada por el usual tráfico de palacio. Un segundo ya antes de caer torció la cabeza en el aire y gritó:

– Gui ¡Actúa! – eso fue todo cuanto pudo decir ya antes de tocar el suelo. De manera instantánea una red le redeó brotando del mismo suelo.

Gui reaccionó como el rayo, por un instante levantó su capa tapando a la joven… un parpadeo después el sitio ya estaba vacío. Kan sabía que Rosana ya estaba a salvo, miró para arriba y vio como 2 Samurais Oscuros tiraban de unas cuerdas prácticamente invisibles acercándole a una velocidad increíble.

Kan no podía desplazar las manos ¡Ni el cuerpo! La red le tenía cogido de manera fuerte y nada podía hacer para defenderse en ese instante. Kan escuchó un grito detrás de él. Su padre ya estaba en plena acción, de un increíble salto se lanzó contra los renegados que estaban raptando a su hijo… para quedar engastado a medio camino entre unas cuerdas invisibles estrategicamente puestas.

 

 

Kan sintió como tiraban de él entre los 2. Cargado como un saco de patatas se discutió ineficazmente mientras que sus raptores corrían sobre el techo del palacio.

Kazo, de un solo movimiento de su Katana, se libró de las cuerdas que lo sostenían y corrió tras los raptores, no se atrevió a lanzar ninguna estrella Shuriken por temor a herir a su hijo conque procuró lograr a los perseguidores.

Tal vez de ser un recorrido más largo habrían sido alcanzados, mas solo precisaban correr unos metros hasta el veloz río que cruzaba por el ala este del palacio. Los 2 asesinos se lanzaron cara el río y nadaron, todavía con el joven cazado en internet, cara una veloz barca ubicada en la ribera.

Kan creyó haberse roto la columna en el momento en que un tablero le golpeó la espalda siendo descargado en el suelo de la balsa. Al instante siguiente los 2 samurais renegados y su presa ya estaban a cientos y cientos de metros río abajo merced a su veloz corriente.

Kazo, abatido, solo pudo contemplar como 2 granujas se distanciaban en el horizonte con su hijo. Su única satisfacción fue meditar que, si bien podían correr más que , sabía de forma perfecta cara donde se dirigían.

 

 

Kan agradeció estar boca arriba, desde su situación podía contemplar a sus 2 guardianes, y si bien nada podía sacar de sus caras puesto que estaban tapadas con terribles máscaras sanguinolentas, si pudo ver que estaban completamente concentrados en dirigir la veloz y débil barca por medio de los peligrosos veloces del río. Kan deslizó sus brazos a su espalda buscando algún saliente en la madera, al no hallarlo procuró deslizar un shuriken de su manga, sus sacrificios le llevaron prácticamente 5 minutos de intentos, mas por fin pudo tomar la afilada estrella y emplearla para ir cortando, una a una, las miles y miles de muy, muy finas cuerdas que formaban la red que le inmovilizaba.

El trabajo no tenía nada de simple puesto que el arma estaba desarrollada para penetrar y si bien tenía una punta fina y penetrante, su filo era prácticamente inexistente, el joven se reprochó por no haber elegido otro género de estrella, puesto que las había que si eran tajantes, mas esas, por ser más bastante difíciles de emplear, las había dejado de lado en sus adiestramientos y con el tiempo no se había acordado más de ellas.

Ya habían salido a mar abierto cuando uno de sus raptores se percató de que la red cada vez estaba más floja en determinadas zonas del cuerpo del joven. Sin piedad sujetó el remo y golpeó de forma fuerte la cabeza de su rehén. Kan se sumió en las profundidades de la inconsciencia sin que nada pudiese hacer.

Cuando despertó una muy bella joven le limpiaba esmeradamente la herida de su frente. Kan procuró aclarar su vista y vio una faz blanca remarcada por unos ojos verdes penetrantes. Sus pelos eran rubios como la arena y toda estaba cubierta con una túnica de seda semitransparente.

– ¿De qué manera estais mi Señor? – la voz suave como la cálida arena brotaba de unos labios sugerentes y estaban acompañados por una mirada que afirmaba muchas cosas… desgraciadamente Kan todavía no era capaz de leer apropiadamente lo que esos ojos deseaban decirle.

Kan recordó lo acahecido, su primer pensamiento fue que había sido salvado y asignado a los cuidados de la preciosa joven.

 

 

– ¿Me han salvado mientras que estaba incosciente? – preguntó

– Sí, le hemos salvado mi Señor – respondió la joven beldad – mas me temo que no de lo que Usted piensa – mientras que esto afirmaba terminaba de sanar la fea herida del joven.

Kan reaccionó y separando suavemente la mano de la joven se sentó y miró a su alrededor.

Ante sí tenía una hermosa playa de muy fina arena, las palmeras lucían bellas dejando entrever un cielo azul y un sol resplandeciente. Daba la impresión de ser un paraíso sin límites… mas algo no encajaba en la escena.

El Comandante Samurai se fijó entonces en la figura de un hombre maduro de rubios pelos que estaba apoyado contra una palmera. Su porte era seguro y orgulloso, vestía un Quimono negro adornado con unas tiras rojas trasversales. Sus ojos eran verdes y miraban de forma profunda, su cara lucía una sonrisa amistosa… que no engañó al joven samurai, puesto que vio que la sonrisa no se reflejaba en sus ojos, al acecho, vigilantes.

En la cintura del hombre lucía una Katana suntuosamente adornada, su vaina estaba cubierta de todo género de piedras hermosas tal y como si de galardones se tratasen, no obstante Kan no fue capaz de identificar ninguno de los galardones y creyó que estaba en demasía adornada, tal y como si pretendiese impresionar a alguien.

El hombre lanzó una mirada veloz a la joven, la que se aproximó más al joven Samurai y, arrodillándose a sus pies, le ofreció una copa con algún género de caldo. En un acto reflejo Kan tomó la copa para tomarla, no obstante ya antes la olió, identificando algún género de licor disuelto en exactamente el mismo, con lo que mojó los labios sin llegar a tomarse el contenido ni a meterlo en su boca, como le había enseñado a hacer Omius en determinada ocasión. Después extendió la mano para devolver el recipiente a la joven chocando “por accidente” con sus manos y tirándolo al suelo de tal manera que todo el contenido cayó en la arena sin que absolutamente nadie pudiese saber si había bebido verdaderamente.

 

La reacción de la chavala le impresionó, la seguridad en si mismo se disipó en un momento y tal y como si fuera culpable del peor de los delitos se lanzó al suelo procurando ineficazmente salvar la bebida del suelo repitiendo “perdóneme, perdóneme”

Kan examinó al hombre, el que estaba dirijiendo una mirada fulminante a la joven, más cuando advirtió que Kan lo miraba regresó a su mueca precedente. Esto confirmó las sospechas de Kan quien decidió exponerse lanzando un golpe al aire.

– Ha sido culpa mía Chang, no riñas a tu hija por esta razón – y estudiando la reacción de los dos agregó – tras todo mi auténtica – remarcó la palabra – prometida es la más bella de las mujeres – afirmó ayudando a levantarse del suelo a la joven.

Kan guardó hasta el último vestigio de información que la cara del hombre le ofreció, primero lució impresionantemente sorprendido, después una máscara de increíble argucia y maldad cubrió su semblante, por último la victoria y el orgullo de saberse en una situación de ventaja cubrió su cara. No obstante todavía no afirmó nada, evidentemente estudiando al joven.

La chavala estaba palpablemente complacida por el comentario, era obvio que verdaderamente era la hija del hombre, sus ojos le habían hecho sospechar, igual que el tono del pelo y la manera de la quijada. Parecía un ser hermoso y desalmado, no obstante asimismo su ánima estaba absolutamente asustada, Kan se sabía observado, sabía que su reacción podría costarle la vida o bien la muerte y decidió continuar el juego para hacer confiar al hombre, aguardó no haberlo juzgado mal y decidió “cruzar el mar confundiendo al cielo”, era una estrategia peligrosa, debería crear una ilusión para poder hallar el instante de escapar. Con lo que cogió a la hija de Chang por los hombros y la contempló de manera profunda, su pelo dorado era largo y suave, verificó el joven acariciándolo. Asimismo era suave su tez, una beldad como afirmaría Gr’anSan, el viejo Sabio. “Ningún hombre puede cruzar el desfiladero de las beldades” le habían dicho en determinada ocasión ¿Había sido el anciando clérigo? No importaba, en unos segundos ya se había cuajado un peligroso plan en la psique del joven, tal vez consiguiese salir con vida de la situación, sino más bien se libraría por siempre de la amenaza de Chang si bien le costara la vida!

 

– Sí señor, es muy hermosa tu hija Chang – respondió Kan sinceramente contento de no tener que engañar.

– ¿Te semeja una buena esposa? – respondió el mencionado por fin, las cosas salían mejor de lo que había pensado, mas tras todo estaba seguro de que la belleza de su hija sería aliciente suficiente para cualquier hombre, igual que el poder y las riquezas que tendría quien se casase con ella.

– Indudablemente – contestó el joven – el hombre que se case con ella va a ser muy agraciado – respondió de forma disimuladamente evasiba – es preciosa, servicial, frágil y indudablemente va a tener una extensa dote ¿Verdad? – afirmó mirando a su oponente de manera directa.

– Indudablemente – contestó este animado – estaba seguro de que reaccionarías de esta manera. Siempre y en todo momento creí que el hijo de Kazo tendría que ser un chico inteligente. ¿Quién rechazaría poder, riquezas y placer solo por unas tontas reglas morales?

– Sí ¿Quién lo haría? – respondió inteligentemente Kan, lógicamente que no lo haría! Mas el joven samurai sabía que el Ladrón siempre y en todo momento piensa que todos son de su condición y se limitó a dejar que Chang se engañase a si mismo.

– Perfecto, perfecto – rumió Chang – Esto es lo que te ofrezco Kan, mis dominios – afirmó englobando el terreno con el brazo – mi fortuna – pronunció lanzando una bolsa llena de diamantes al chaval que la abrió y miró sorprendido, cosa que agradó al Samurai Obscuro puesto que creyó ver ansía donde solo había sorpresa – y mi hija… – afirmó señalándola – a fin de que hagas con estas 3 cosas lo que te plazca.

 

 

El joven miró a la chavala para poder ver como reaccionaba, la que le respondió con un ademán sugerente.

– Sabía que por tu edad sería esto último lo que más te interesaría – tras un instante agregó – deja de preocuparte, solo deberás tomarla por esposa y vas a poder contar con de ella como te plazca, igual que de todas y cada una de las mujeres de la isla. Aun vas a poder matarla si lo quieres – el desalmado ser repugnaba al puro Kan que procuraba darle la espalda aparentando mirar a la joven a fin de que el abominable ser no pudiese ver su semblante – La verdad Kan. Pensé que sería más bastante difícil persuadirte, mas veo que eres inteligente. Si estuviese en tu sitio indudablemente haría lo mismo que – afirmó apoyando su mano en su hombro.

Kan estuvo a puntito de tirar de esa mano y apuñalar a ese abominable hombre con su puñal, mas no le pasaban inadvertidos la docena de arqueros apostados sobre las palmeras y decidió que ese no era un buen instante para fallecer.

– ¿Qué deberé hacer? – Pronunció por fin Kan

– Sígueme, te lo voy a enseñar – respondió Chang partiendo.

El joven comandante prosiguió sus pasos, mas una pequeña duda brotó en la psique del Samurai Obscuro, había sido muy simple, estaba persuadido de que le lograría mas… había sido demasiado simple. Podía ser un engaño. Evidentemente no deseaba enseñar sus dudas en voz alta, esto podría ocasionar la pérdida del joven mas sí solicitar un pequeño ademán, un ademán intrascendente que mostrara la corrupción del ánima de Kan. Se frenó en seco, sacó una daga de entre su ropa y se la tendió al joven que miraba el arma sorprendido.

 

 

– Mata a mi hija – afirmó simplemente y para fortalecer la orden agregó – o bien te voy a matar a ti primero y después a ella.

Kan empalideció, la maldad de ese hombre era impensable, su ánima parecía formada por retazos de bazofia, en ese instante el joven entendió que el “Samurai Obscuro” estaba plenamente ido… mas era impresionantemente inteligente. Si ahora se negaba indudablemente moriría, mas no podía matar a la chavala si bien de haberlo hecho habría sido liberada de su orate padre.

Kan tomó el puñal con aparente resolución, debía meditar una salida a esta situación. Manejó las opciones:

Si mataba a la joven, ya no podría ser un Samurai jamás más, proseguiría vivo mas perdería su honor y no podría mirar a la cara a los seres que amaba.

Si no la mataba indudablemente el moriría, y después asimismo moriría! Su negativa sería en balde.

Asimismo podía procurar agredir a Chang, tal vez pudiese herirle, si bien vacilaba poder matarle ya antes de caer abatido por el sin número de flechas que dispararían contra él. Chang conocía esta baza y de ahí que se sentía tan seguro, tal vez aun portase una armadura bajo el quimono, una cota de mallas que le resguardaría de Shurikens, puñales y flechas.

 

 

La tensión era horrible, cuatro pasos más tarde ya había llegado a la chica, esta estaba horriblemente pálida de puro terror, sus ojos estaban casi desencajados de sus órbitas, quizás si hubiera huído habría podido salvar la vida… no, está claro que entonces sería abatida por los arqueros. Kan notó la horrible tensión en los músculos de su espalda, la misma espalda que horas antes había masajeado Rosana, ansiaba estar allí a kilómetros de distancia, seguro en el palacio cuando de repente…

Antes de pensar más Kan actuó, pasó rápidamente el puñal a la mano izquierda e imitando a un bandido que había visto en cierta ocasión agarró a la muchacha por el pelo. Odiaba tener que hacer esto pero era la única forma de salvar sus vidas y era un mal menor comparado con la muerte. Tirando del pelo de la joven y apoyando su puñal contra su estómago le retorció la cara para que no pudiera mirarle a los ojos y la besó en un amago de brutalidad fingida que esperó pareciese lo más real posible, después la tiró sobre la misma sábana sobre la que minutos antes ella le había curado la herida e intentando no vomitar por el horror que sentía empezo a deslizar el puñal debajo de las ropas de la joven.

– ¡MÁTALA! – Gruñó Chang entusiasmado – ¡MÁTALA Y TODO ESTO SERÁ TUYO!

Ante la sorpresa del samurai oscuro, Kan no hundió el puñal en la joven, sino que lo levantó rasgando sus vestiduras y mostrando su desnudez.

– ¿QUÉ HACES? – Gritó Chang – No te demores ¡MÁTALA!

– TE QUIERES CALLAR VIEJO LOCO – Gritó Kan indignado por la cólera, rápidamente rectificó intentando sonar lo más amenazador posible, cosa que le fue fácil gracias al odio que sentía contra ese ser inmundo – ESTÁS LOCO SI CREES QUE MATARÉ A ESTE MANJAR ANTES DE HABERLO DISFRUTADO UN BUEN RATO ¡¡¡IDIOTA!!! – Lágrimas de cólera e indignación recorrían la cara del joven, sin embargo el silencio que surgió detrás de él le hizo pensar que su plan había dado resultado.

 

 

A su espalda Chang estaba complacido y aterrorizado al tiempo. Él había sugerido que lo que más tentaba al joven de su oferta era la posibilidad de tener a la preciosa beldad, esta había sido su primer y más esencial baza y en un desatiendo prácticamente la había perdido! Si Kan cumplía su orden y la mataba podía ser que perdiera su baza más esencial y al chaval. El aparente intento de violación del joven le había persuadido de que debía preservar a su hija viva, además de esto si moría no habría matrimonio legal y las posesiones heredadas de Kan no serían suyas como había planeado! Chang no era capaz de entender el ataque de insensatez que le había estado a puntito de valer su mejor baza. Hechó a correr cara la pareja y sujetó al joven.

Kan ya no podía proseguir fingiendo, la cólera era mayor de lo que podía soportar, cuando sintió que Chang le tocaba lanzó un empujón cara atrás con su puñal que golpeó en un brazo a su contendiente, este brincó cara atrás supuestamente indemne y dijo:

– Apacible muchaho, no debes matarla, no hace falta, has superado la prueba – aseguró – puedes quedarte con ella y vas a poder tomarla todas y cada una de las veces que desees, mas ahora sosiégate y vayámonos de acá.

Kan quedó paralizado, ya estaba presto a fallecer y la situación había alterado totalmente, una zona de su cerebro le afirmó que su estrategia había dado resultado y otra parte le notificó que la cara de terror de la joven debajo de él le asaltaría en sus peores pesadillas a lo largo de la noche. Lo único que le calmaba era el saber que había conseguido salvar la vida de la hija de ese orate.

Chang dejó que el joven, a 4 patas sobre la arena se tranquilizara. Creyó que tenía una enorme debilidad por las mujeres si había decidido arriesgar su vida solo por tomar una vez a una mujer. Chang en la obscuridad de su corazón, hundido en su deprabación no podía comprender que las lágrimas de Kan eran de indignación y no de cólera, y que su acto había sido una muestra de pureza y valor, puesto que se había jugado su vida para salvar la de una total ignota que, indudablemente, no habría dudado en acuchillarle sin parpadear.

 

– ¿Por qué razón me quieres a mi? – Preguntó después el joven comandante siendo malvado llamado Chang.

– Eres mi medio para salir de esta isla – explicó – tu padre ha sido para mi el guarda perpetuo, si saliera de mis dominios me abatiría con sus ejércitos. Por culpa suya no puedo dejar que mis ejércitos asuelen de forma libre los pueblos, no puedo regir a mi placer las tierras y no puedo ofrecer nuevas mujeres a mis hombres para pagarles su fidelidad.

Kan estaba asqueado al oír las palabras de su contrincante, mas escuchó atentamente, debía conocer el mal para poder combatirlo igual que había hecho su padre a lo largo de su vida.

– En el momento en que te cases con mi hija – prosiguió Chang – uniremos legalmente el impero de tu padre con mis dominios. Entonces, tarde que temprano, vas a tomar el mando sobre todas y cada una de las tierras y reinaré en tu nombre

Kan le miró sorprendido, su plan era de locos, inalcanzable! Los Samurais proseguían a su padre por fidelidad y amor. Jamás acatarían las órdenes de un ser abominable como Chang. El honor es el principio de todo Samurai!

– Por tu mirada veo que ves la inteligencia de mi plan – comentó el ido que vivía en su planeta de ilusiones mentales – si algún samurai se niega a proseguirme lo voy a matar igual que hago con los que fracasan en mi ejército. Y aquel que exprese la más menor duda va a ser expulsado de mi ejército y sus posesiones van a pasar a ser parte de mi tesoro personal – y en un alarde de cordura agregó – mas no te pienses que te voy a ser ingrato Kan, por tus servicios vas a llevar una vida cómoda, llena de riqueza y sin responsabilidades. Te sobornaré con las más preciosas mujeres y vas a tener increíbles tesoros, solo vas a comer los más exquisitos manjares y no deberás preocuparte por nada.

– Si alguna mujer tiene un embarazo que no es de tu agrado solo habrás que hacer como – afirmó macabramente – mandarla matar o bien, por contra, abortar, para poder gozarla otra vez hasta el momento en que te fatigues de ella. – después miró con una repulsiva mueca al joven que estaba asqueado a puntito de devolver – Todo en este planeta está a fin de que lo emplees, mujeres, dinero, placer, solo está ahí para satisfacerte, vas a ser más poderoso si lo tomas – y riéndose histéricamete cayó al suelo presa de un ataque de insensatez.

Kan no sabía que hacer, Chang estaba tirado a sus pies, ido, retorciéndose en extraños movimientos hasta el momento en que por fin se levantó.

– Mira y aprende como organizo yo a mi ejército joven yerno.

El campo de adiestramiento era un enorme círculo de piedra natural por el que corrían pequeños ríos de lava. Los Samurais Renegados luchaban brutalmente entre ellos con un salvajismo antinatural. Kan impresionado creyó que una escaramuza se estaba generando, tal vez sería su instante de escapar. Tras mirar al malvado que tenía a su lado se percató de que era algo normal, quizá una sesión de adiestramiento común y corriente.

– Como ves son todos novatos – proclamó Chang – están intentado subsistir para alistarse en mi ejército – El joven le miró impresionado y escandalizado, como había pretendido – mis técnicas no son tan blandas como las de tu padre, querido yerno. Yo solo acepto a los mejores entre mis filas – rió – todos y cada uno de los que se alistan en mi ejército lo hacen bajo promesas de riquezas y mujeres sin paragón. – tras un instante prosiguió – no obstante para esto primero deben entregarme sus posesiones – aseveró rotundamente – después lucharán a vida o bien muerte entre ellos, solo uno de cada veinte tiene éxito y pasa a ser parte de mis deliciosas filas, el resto – afirmó quitándole relevancia con un ademán – muere o bien como poco queda demacrado o bien mutilado. Solo a cambio de un rescate pagado por sus familiares dejamos que retorne vivo a su zona.

 

 

Kan le miraba con los ojos completamente abiertos, no podía opinar lo que oía, ese hombre arruinaba la vida de todos y cada uno de los que tomaban contacto con él, los que de este modo lo hacían perdían sus posesiones, su honor y habitualmente, la vida.

Era más peligroso todavía de lo que había creído en un primer instante.

– ¿Qué haces con el dinero que colectas? – preguntó Kan

– Oh! No pienses que lo tiro ayudando a otros como hace tu padre – comentó – lo utilizo para acrecentar mis posesiones y cubrir de oro a aquellos que retornan exitosamente de las misiones que les mando. – tras un instante de duda agregó un caso – De los 2 hombres que te trageron hasta mí, a uno le pagué su peso en oro y ahora tiene una fortuna suficiente para vivir 5 vidas opulentamente… si no lo desaprovecha como probablemente va a hacer.

– ¿Y el otro? – Preguntó ingenuamente el joven

– El otro fue ejecutado – afirmó tal y como si no tuviese relevancia – mis órdenes eran claras, traerte indemne. El muy imbécil te irió con el remo infringiendo mis órdenes y pagó el fallo con su vida – después sonriendo agregó – asimismo sus posesiones han sido decomisadas, incluidas sus mujeres jóvenes. Las que eran demasiado viejas, como su madre, han sido pasadas por la cuchilla – y reafirmó sus palabras gesticulando como exactamente el mismo decapitaría a una persona.

Kan estaba aterrorizado, ese hombre abominable estafaba y asesinaba a sus soldados. Regía por el temor, no entendía como absolutamente nadie podía proseguirlo… mas tras mirar atentamente la escena que se desarrollaba debajo de él entendió que todos y cada uno de los miembros de su ejército eran tan abominables como , deseaban poder y riquezas, sin importarles los medios para lograrlos. El camino del hurto, la estafa y la rapiña era un camino veloz… mas terminaría trayendo la desgracia del que lo prosiguiera. Hasta el momento Chang había logrado sacrificar a otros para salvarse a si mismo mas su suerte estaba a puntito de acabar.

– ¿Jamás se ha revelado ningún soldado? – preguntó el joven

– Sí, muchas veces – reconoció Chang sin importarle – de cuando en cuando algún comandante se sentía engañado, ya antes trabajaba más en las sombras – explicó – predicaba buena voluntad y con el tiempo iba, poquito a poco, corrompiendo a mis soldados. Eso me dejaba actuar en terrenos abiertos sin tener necesidad de estar oculto como estoy ahora – tras un silencio trágico agregó – tu padre fue uno de esos soldados, el creyó todas y cada una de las pamplinas que le afirmé sobre el honor, semeja que las llevaba dentro, mas cuando deseé corromperle creó una rebelión, me traicionó representando a ese imbécil honor y – comentó con una mueca de desagrado – creó el imperio que ahora dirige expulsándome a esta isla, el único sitio seguro que existe para mi. Ahora actuo de manera directa, elijo solo a los seres más deprabados para enseñarles parte de las artes samurais.

 

Kan miró extrañado al hombre

-¿Por qué razón solo una parte? – preguntó el joven

– De esta forma me resulta más fácil supervisarlos – explicó el tonto ser – me conservo más poderoso que ellos para que me teman.

– Mas si les enseñas todo cuanto sabes tu ejército sería considerablemente más poderoso – contestó el Comandante Samurai – ¿No te favorecería eso más todavía? ¡Es de esta forma como trabajamos en el campamento! Lo enseñamos todo, así al medrar el poder del individuo medra el poder del equipo!

– Eres imbécil – le espetó Chan de manera directa – si les enseñas todo cuanto sabes van a poder volverse contra ti y matarte para tomar el mando. Todavía eres muy joven para entender.

El realmente idiota era el maligno Chang, no entendía que la fidelidad de los hombres se lograba a través de unos actos justos y un honor increbrantable. No era capaz de entender que para percibir primero hay que dar. En su egoísmo solo se desgastaba y eso ocasionaría su caída.

– Ahora vas a ser quien tiene que batallar – afirmó de pronto el retorcido ser

– ¿Qué? – preguntó estupefacto Kan

– Sí, tienes que batallar contra veinte de mis comandantes, si matas a alguno vas a tomar su puesto en mi ejército. – después agregó – Si mueres mis planes se van a ver frustrados, deberé matar a mi hija, puesto que ya no me va a ser útil y planear alguna otra forma de conquistar el imperio de tu padre – afirmó resignado – mas no dejaré que un enclenque forme una parte de mi ejército.

Kan tragó saliva, el viaje había sido algo terrible y las últimas horas habían sido agotadoras para él. Procuró despejar su psique y midió el estado de sus músculos. En ese instante agradeció interminablemente los cuidados de Rosana, gracias a ellos tenía los músculos completamente descansados y en forma, su agotamiento solo era mental, con 3 minutos de relajación estaría perfecto.

– Sígueme, te espera el triunfo o bien la muerte en mi casa de reposo, ahí te batirás en duelo. – A una orden del obscuro sus veinte comandantes formaron guarda tras el joven, estaban inquietos puesto que uno de ellos moriría el día de hoy, el corto recorrido hasta la casa serían los últimos instantes de uno de ellos.

– ¿Por qué razón veinte comandantes? – Preguntó extrañado Kan

– Yo no tengo presente las idioteces del trabajo en grupo como tu padre – contestó Chang mientras que andaba – mi número de comandantes es infinito, todo aquel que logre subsistir hasta llegar a ese puesto va a ser bienvenido.

 

 

Kan no respondió, cada vez veía con más claridad que el ejército de renegados era considerablemente más débil de lo que parecía, relajó su psique para aprovechar el corto recorrido para reposar y prepararse para la batalla. Era una fácil técnica Samurai de nublar su vista privándola de los detalles más relevantes limitándolo a simples formas para acrecentar su percepción en movimientos, lo que le daba un relajamiento completo, una forma de lucha mecánica y una percepción interminablemente mejor para la lucha.

A medio camino paró, había sentido algo familiar en las cercanías, no era capaz de explicarlo mas antes que Chang pudiese invitarle a proseguir se dobló cara un lado aplicando una horrible patada lateral contra el obscuro ser.

Los veinte comandantes tardaron solo un segundo en reaccionar, desenfundaron sus espadas prestos a lanzarse sobre el joven. No obstante temiendo represarias por su amo y señor aguardaron a que la orden fuera dada.

Entonces ya era tarde, 6 samurais salieron de la maleza y de un salto se pusieron entre las filas contrincantes. Kan en su estado actual no era capaz de ver más que formas, no obstante reconoció los destellos arcoíris de la Katana doble diamante de su padre ¡Había esperanza!

Encantado el joven procuró aclarar su vista lo bastante para poder ver a su primer Samurai, Omius, apodado “el Insuperable” portando su enorme espada bastarda de doble puño, era un arma horrible que de un solo tajo desgarró a 2 de sus contendientes. Asimismo luchaba la hermosa Escila, portaba una muy elegante armadura que dejaba al descubierto más piel de lo que Kan habría considerado inmejorable para una prenda de ese estilo, no obstante la sutil técnica parecía tener su razón de ser, en ese instante su contendiente bajo su mirada un tanto más abajo del semblante de la joven para admirar sus formas en un mero acto reflejo. Eso era todo cuanto precisaba la joven que aprovechó el distraiga de su contendiente para hundir su espada Katana en un golpe mortal… técnicamente no buenísimo, mas mortal de necesidad.

Poco más pudo ver Kan puesto que sintió un movimiento a su espalda. Se amonestó por haberse distraído y se lanzó al suelo rodando imprebisiblemente para un lado, eso le salvó la vida puesto que 2 Shurikens pasaron por donde, instantes ya antes, había estado su cuerpo. Los 2 Shurikens prosiguieron su camino hasta sepultarse en la espalda de uno de los comandates de Chang, indudablemente las armas habían de estar envenenadas, pensó, puesto que el comandante cayó fallecido en el lugar.

 

 

El joven comandante Samurai se levantó de un salto y miró fijamente a su contendiente. Este lucía una malvada mueca en su cara seguro de su victoria sobre el joven.

Kan recordó las palabras de Omius “Al enfrentarse a la muerte, el que está ya listo para fallecer subsistirá, al tiempo que el que desea vivir a toda costa va a morir”, se calmó y se mostró lo más seguro que podía. Entornó sus ojos y sonriendo alegremente se lanzó al ataque con exactamente la misma alegría que se lanzaría en un ensayo.

Chang quedó abatido, la seguridad del joven era increíble, en lugar de temer por su vida, como había supuesto, se mostraba feliz igual que si esto solo fuera un juego para él. El Samurai Obscuro había oído grandes azañas sobre el chico los últimos días, como había vencido a su asesino… ¿Podrían ser verdad? Un pésimo presagio recorrió su columna vertebral y también inútil de defenderse de puro temor cruzó los brazos sobre su cara en un patético intento de defenderse.

Kan no creía lo que veía, su sonrisa incremento más todavía, en lugar de parar el golpe su contendiente se cubría como una pequeña. El joven impulsó todavía con más fuerza su katana lanzando un tajo trasversal de manera directa al estómago de su contrincante. Su espada dio en el blanco, cortando el quimono alegremente y… ¡Chocando con algo duro!

Kan reculó para fijarse mejor. El villano tenía una cota de mallas resguardándole bajo el quimono, esto no lo había previsto Kan y era muy grave, la cota ni tan siquiera había sido rasguñada por la afilada espada Katana del joven. Y era normal, la Katana era un arma tajante, una cota de mallas solo era frágil a las armas penetradoras, con punta como una espada corta o bien un estilete. No obstante la Katana de Kan no tenía ninguna punta, contaba con un fantástico filo… completamente inútil contra la armadura de su contrincante.

Inútil de rendirse Kan atacó a las piernas del contrincante y lanzó múltiples tajos veloces en todas y cada una direcciones. A resultas de su veloz ataque el Quimono del contrincante quedo absolutamente destrozado, no obstante una extraña cota de mallas cubría su cuerpo. Indudablemente era de una deliciosa calidad puesto que no había sufrido ni un raspón, si contara con algún arma penetradora… mas no, el puñal lo había descuidado en la playa ¡Sería imbécil! Chang estaba allá delante de él llorando como una pequeña y era inútil de herirle.

En ese instante el Samruai Obscuro se percató de que todavía estaba vivo, miró cara abajo y recordó la armadura que cubría su cuerpo, le había costado 2 bolsas de los más puros diamantes mas había válido la pena. Recobrando la confianza miró a Kan y vio que solo contaba con una Katana, un arma horrible… mas completamente inútil contra la cara cota de mallas que le cubría el cuerpo, de ser de menor calidad probablemente habría fallecido, mas ahora se sentía prácticamente invulnerable.

– Semeja que el día de hoy moriras – afirmó sonriendo, miró a la batalla a su izquierda y vio que sus guerreros caían, estaban en clara desventaja contra los auténticos Samurais. Estos eran un equipo considerablemente más organizado y los comandantes oscuros, pese a estar en mayoría caían como moscas. No obstante la distracción sería suficiente para terminar con el joven y huir de forma rápida. En su huída gozaría del dolor ocasionado a Kazo, su ancestral oponente.

Chang se deshizo de los pocos girones del Quimono que cubrían su cuerpo y reposadamente tomó su Katana y atacó al joven. Kan paró el ataque con sencillez. Un ataque prosiguió al otro, poco a poco más veloz, poco a poco más preciso. El joven contaba con la velocidad de la juventud y una energía sin tacha, el anciano con la experiencia de mil batallas y la precisión de años de adiestramiento. Mas encima Kan no podía hacer otra cosa que parar los ataques de su contrincante, contraatacar sería inútil puesto que su armadura era completamente inescrutable.

Chang aumentó poquito a poco la velocidad de sus golpes, hasta el momento el joven le había frenado cada golpe con habilidad, mas conocía su ventaja y solo debía aguardar a que un pequeño fallo por la parte del joven fuera su perdición.

 

 

Kan viendo que las cosas iban cada vez peor dejó que su psique inconsciente buscase una solución. Todo ataque cara su armadura sería inútil, razonó, y de continuar frenando sus golpes moriría al primer fallo. Una gota de sudor bajó por su frente acercándose arriesgadamente a uno de sus ojos, de parar de ver no podría frenar los ataques de su contrincante y estaría a su merced. Parpadeó enérgicamente y se libró de la gota… dando, involuntariamente, una idea a su oponente. Kan en el último instante, en lugar de frenar un ataque viró su cuerpo cara un lado sorteando el tajo, era un movimiento muy peligroso, la Katana le pasó a menos de un centímetro de su cuerpo cortando el aire con una precisión espantosa, no obstante el joven no se dejó distraer, aprovechando su ocasión lanzó un ataque… ¡Cara la empuñadura de la Katana!

Chang reaccionó tarde, creyó que el joven se había vuelto ido y pretendía romper de un golpe su espada por la empuñadura ¡Iluso!, pensó. Mas cuando comprendió el auténtico motivo ya era tarde para el Samurai Obscuro. Un dolor frío como el hielo recorrió su mano derecha.

Chang no pudo refrenar mirar la fuente de su dolor y donde había de estar su dolorida mano solo había un muñón sangrante. El Samurai Obscuro miró en un repentino reflejo al suelo, donde vio su mano, todavía temblante, acostada patéticamente sobre la tierra. Un chorro de una substancia roja, ¿sería sangre?, caía sobre ella. Un segundo después entendió que era su sangre aflorando a borbotones de su brazo herido.

En un ataque de pánico soltó su Katana dejando sorprendido al joven

– ¡Me rindo! – Chilló.

Kan, hombre de honor, bajó su espada admitiendo la rendición del hombre, el que se lanzó cara el suelo. En un comienzo el joven temió que fuera a recoger la espada caída y de una patada la distanció. Mas las pretensiones del malvado samurai eran otras, sujetó su mano y también procuró colocársela tal y como si solo con unir los dos lados se fuera a regenerar.

Evidentemente no ocurrió nada y Chang proseguía sangrando.

Los comandantes oscuros pararon de batallar al tiempo tal y como si fuesen marionetas cuyo titiritero hubiera fallecido.

Kan sonrió, contento por haber salvado la vida y haber vencido.

El joven comandante se inclinó y prolongó su brazo libre cara la herida de su contrincante, debía vendarle la herida si no deseaba que se muriera desangrado. Pese a ser el ser más abominable que había conocido, Kan no podía quererle la muerte como no podía deseársela a absolutamente nadie. Aun el desalmado Samurai podría mudar y abonar sus fallos.

Chang se revolvió veloz como el viento, soltó su mano herida, sujetó un puñado de tierra con su mano indemne y lo lanzó cara los ojos del joven.

Kan quedó paralizado, no podía ver nada y los ojos le escocían. A punto estuvo de soltar su espada mas un estruendos le notificó que el obscuro samurai había recogido la suya del suelo.

 

 

A su izquierda la lucha retomó su caliz cobrándose el grito de una joven. Kan temió que su joven Aprendiz, la bella Escila, hubiera perecido distraída.

Sabiéndose un blanco fácil el joven se arrojó al suelo y rodó sobre si mismo para levantarse, aun sin ver, sobre un lugar desconocido. Al borde del pánico analizó la situación. Estaba ciego, desamparado, a la merced de los golpes de un enemigo furioso que era invulnerable a su espada. Un nudo se solidificó en el estómago del joven, la cosa no podía ir peor, deseó tener otra vez sus problemas cotidianos, el miedo al fracaso, los entrenamientos diarios… todo le pareció poco comparados con la certeza de su muerte. Estaba a punto de rendirse a la muerte cuando recordó sus propias palabras “Quien no lo intenta, fracasa aún antes de empezar!” no estaba dispuesto a dar su vida sin antes luchar con todos sus recursos, reconoció que sus posibilidades eran pocas pero las exprimiría una a una hasta la última ¡Seguiría luchando!

No supo por qué pero su instinto le empujó a levantar su Katana, el movimiento fue torpe e inseguro pero logró parar un golpe mortal lanzado contra su cabeza, ¡La cabeza! pensó entusiasmado ¿Cómo no se había dado cuenta antes? De haber sido así, podría haber cortado la cabeza de Chang de un solo tajo de igual forma que había hecho con sus dedos. Ahora no veía y sería más difícil pero… Dando una doble voltereta mortal sobre donde creía que estaba su enemigo Kan aterrizó en el suelo y lanzó un tajo hacia donde calculaba que estaría aún quieto el Samurai Oscuro, justo a la altura de su cabeza.

Sin embargo la espada sólo cortó aire.

Sin que Kan pudiera saberlo Chang había retrocedido después de que el joven parase su ataque temiendo que hubiera recobrado su vista. El Smaurai Oscuro había temido por su vida al ver la acrobacia del joven, pero después de ver hacia donde había atacado se dio cuenta de que aún estaba ciego. La oportunidad era única, Kan estaba delante del él, su cuello ofrecía una diana perfecta y muy muy fácil. Sin pensarlo otra vez lanzó un tajo mortal de necesidad, el que sería el último golpe que lanzaría en el duelo.

Kan actuó por instinto, si Chang no estaba delante suyo… sólo podía estar en un sitio. No supo que es lo que le llevó a tomar la decisión pero el momento no era para pensar, era su vida lo que estaba en juego, todo su futuro, sus sueños, sus ilusiones, sus viviencias, sus futuros hijos ¡Nada de eso tendría si moría! En un rápido movimiento se agachó medio cuerpo haciendo descender sus piernas a la par que rotaba sobre si mismo y lanzaba un arco cortante hasta donde le permitieron estirar sus brazos.

De los dos golpes sólo el de Kan llegó a su destino. Aún teniéndolo todo en su contra, el arrojo del muchacho le había impulsado a continuar luchando hasta vencer.

De la cabeza del pérfido Chang, el Samurai Oscuro brotó un extraño ruido al chocar contra el suelo. La sangre salpicó al joven y le manchó el Kimono de una forma muy desgradable, pero ni eso fue capaz de apaciguar la sonrisa que brotaba en su cara. ¿Su motivo? No eran la victoria ni el ansia de sangre satisfecho, sonreía por un motivo más importante que todos esos, sonreía porque era feliz. Era feliz, simplemente, porque vivía.

 

 

A su izquierda la lucha reanudó su caliz cobrándose el grito de una joven. Kan temió que su joven Practicante, la preciosa Escila, hubiese fallecido distraída.

Sabiéndose un blanco simple el joven se lanzó al suelo y rodó sobre si mismo para levantarse, incluso sin ver, sobre un sitio ignoto. Al filo del pavor examinó la situación. Estaba ciego, desprotegido, a merced de los golpes de un oponente colérico que era invulnerable a su espada. Un nudo se coaguló en el estómago del joven, la cosa no podía ir peor, deseó tener otra vez sus inconvenientes rutinarios, el temor al descalabro, los adiestramientos diarios… todo le pareció poco equiparados con la certidumbre de su muerte. Estaba a puntito de rendirse a la muerte cuando recordó sus palabras “Quien no lo procura, fracasa todavía ya antes de iniciar!” no estaba presto a dar su vida sin ya antes pelear con sus recursos, reconoció que sus posibilidades eran pocas mas las exprimiría una a una hasta la última ¡Proseguiría combatiendo!

No supo por qué razón mas su instinto le empujó a levantar su Katana, el movimiento fue torpe y también inseguro mas consiguió parar un golpe mortal lanzado contra su cabeza, ¡La cabeza! pensó encantado ¿De qué forma no se había dado cuenta ya antes? De ser de esta forma, podría haber cortado la cabeza de Chang de un solo tajo de igual forma que había hecho con sus dedos. Ahora no veía y sería más bastante difícil mas… Dando una doble voltereta mortal sobre donde pensaba que estaba su contrincante Kan aterrizó en el suelo y lanzó un tajo cara donde calculaba que estaría todavía quieto el Samurai Obscuro, justo a la altura de su cabeza.

No obstante la espada solo cortó aire.

Sin que Kan pudiese saberlo Chang había reculado una vez que el joven parase su ataque temiendo que hubiese recobrado su vista. El Smaurai Obscuro había temido por su vida al ver la acrobacia del joven, mas tras ver cara donde había atacado se percató de que todavía estaba ciego. La ocasión era única, Kan estaba delante del , su cuello ofrecía una diana perfecta y muy muy simple. Sin pensarlo otra vez lanzó un tajo mortal de necesidad, el que sería el último golpe que lanzaría en el duelo.

Kan actuó por instinto, si Chang no estaba delante suyo… solo podía estar en un lugar. No supo que es lo que le llevó a tomar la resolución mas el instante no era para meditar, era su vida lo que estaba en juego, todo su porvenir, sus sueños, sus ilusiones, sus viviencias, sus futuros hijos ¡Nada de eso tendría si moría! En un veloz movimiento se inclinó medio cuerpo haciendo descender sus piernas a la par que rotaba sobre si mismo y lanzaba un arco tajante hasta donde le dejaron estirar sus brazos.

De los 2 golpes solo el de Kan llegó a su destino. Todavía teniéndolo todo en contra suya, el arrojo del chaval le había impulsado a proseguir combatiendo hasta vencer.

De la cabeza del pérfido Chang, el Samurai Obscuro afloró un extraño estruendos al chocar contra el suelo. La sangre salpicó al joven y le manchó el Quimono de una manera muy desgradable, mas ni eso fue capaz de calmar la sonrisa que afloraba en su cara. ¿Su motivo? No eran la victoria ni el ansia de sangre satisfecho, sonreía por un motivo más esencial que todos esos, sonreía pues era feliz. Era feliz, sencillamente, pues vivía.

 

 

– No estoy para estos trotes – exclamó el viejo sabio, a Kan le pareció sorprendente como un tanto de adiestramiento Samurai había hecho posible que el achacoso clérigo hubiera vencido a unos jóvenes y exultantes samurais oscuros… igual que el anciano exMercader que poca menos edad tendría.

– No te quejes – respondió Omius – por lo menos no debes cargar con una mujer a cuestas – rió alegre por haber recuperado sano y salvo a su joven comandante.

– ¡Ni que estuvieramos casados! – contestó dichosa la joven siguiendo la gracieta.

En escaso tiempo llegaron a la playa, no obstante la carrera había supuesto demasiado para la Hermosa Samurai. Escila había perdido la conciencia y Omius temía lo peor.

– No sé si soportará el viaje por mar – afirmó

Kazo asintió penosamente y el viejo clérigo comenzó a recitar una salmodia por lo bajo.

Kan frenó en seco, no podía pensar que se rindieran. ¡Era Escila! no dejaría que la joven diera la vida en su sitio.

Mientras que cruzaban la playa todavía a la carrera, el joven comenzó a rememorar algo que le pareció fundamental… ¿qué era?

Un rayo de luz acalaró su psique.

– Proseguirme! – chilló y cambió de dirección.

Los 6 Samurais sobrantes se miraron unos a otros y al fin prosiguieron al joven. Este los condujo hasta una manta tendida en el suelo donde les ordenó tumbar a la Samurai.

Kan divisaba inquieto los aledaños, había estado seguro de que todavía estaría allá, era su única posibilidad. ¡Debes estar! chilló mentalmente.

Como conjurado por su mensamiento pudo percibir un leve movimiento entre 2 arbustos no lejanísimos, sin pensarlo brincó hacia ellos y sujetó a la joven ubicada entre ellos a fin de que no pudiera escapar.

– Te necesito – Afirmó Kan a la hermosa hija de Chang – ¡Ahora! – y sin mayores delicadezas la arrastró hasta la rica sábana tendida en el suelo que estaba tiñéndose por la sangre de la mujer.

Por un instante la chavala vaciló, entonces miró a los samurais y en una repentina resolución examinó la herida de la joven.

– Hacer un fuego – ordenó simplemente.

 

 

Omius fue el primero en reaccionar, corrió cara el bosque y en menos de 2 minutos ya había montado un pequeño montón de ramas al que agregó un pedazo de seda blanca que halló tendida en el suelo. Prendió el conjunto con su yesquera y avivó el fuego para crear una llama fuerte.

– ¿Para qué exactamente lo quieres? – preguntó Kan inocente

– Dadme una daga – ordenó la joven sin responder a el interrogante.

Kazo vaciló un instante, había reconocido en la joven los rasgos de su desalmado padre, mas viendo que no tenía otra alternativa que confiar en ella le tendió una deliciosa daga adornada de oro y piedras hermosas, la chavala creyó que era una pena deteriorar una belleza de este modo mas hundió su hoja en lo más caliente del fuego encendido. Cuando la hoja se había tornado absolutamente roja retiró los vendajes de la pierna de la bella samurai, con lo que la sangre afloró con fuerza.

Con precisión la rubia beldad de ojos verdes tomó la daga del fuego y posó la parte plana, al colorado, sobre la herida, cauterizándola de forma automática, quemando piel, músculo y venas. Formando una costra que probablemente jamás se iría. Creyó que a la mujer no le agradaría contar con esa herida en sus, hasta el momento, perfectas piernas. Mas de nada le servirían sus hermosas piernas si moría.

Aplicó otra vez la daga, por la otra cara, contra la herida, esta vez más de manera rápida y la herida tajante había desaparecido, en su sitio había una fea quemadura que duraría bastante tiempo y le ocasionaría graves dolores a la preciosa Samurai, mas indudablemente viviría..

– Va a vivir – afirmó simplemente la joven. – teneis que dejar descansar la quemadura a lo largo de 2 minutos precisos, después tendréis que aliviarla con agua de mar. Eso la desinficionará – afirmó poniendo una desgradable mueca – mas asimismo le va a doler sobremanera. Antes que acabe el día renegará por no haberse fallecido y tener que aguantar ese dolor.

– Mucha gracias – afirmó por fin Kan tranquilizado.

– No me las des – respondió la joven mirándolo curiosamente, probablemente pues tenía todo el semblante teñido de colorado por la sangre – Soy la que te he de agradecer.

– ¿Por qué razón? – preguntó Kan – tras lo que te hice… – fue inútil de terminar la oración recordando como hacía solo unas horas había intentado forzar a la chica.

La joven sonrió y le miró dulcemente.

– No soy estúpida – afirmó por fin – me salvaste la vida – y mirándolo afectuosamente agregó – ningún hombre llora de saña cuando fuerza a una mujer, estoy habituada a ver la mirada de los hombres de mi padre mientras que hacen cosas afines – afirmó restándole relevancia – expusiste tu vida para salvar la mia – tras una breve pausa sacó la duda que la corroía – ¿Por qué razón lo hiciste? Solo debías matarme y tu salvarías tu vida ¿Tanto te he agradado? – preguntó intrigada.

– No es eso – respondió simplemente Kan – no eres fea en lo más mínimo. Sencillamente no permitiría que muriese ningún inocente.

– Es un Samurai – afirmó Omius tal y como si eso lo explicase todo – Un Auténtico Samurai – remarcó

La chavala quedó meditabunda, toda la vida había pensado que los Samurais eran como su padre, seres temibles que solo procuraban su beneficio, mas delante de sus ojos tenía la prueba en caso contrario, lo que es más, el acto de Kan había sido el acto más bello y desinteresado que jamás había contemplado. Quizá a otra mujer le resultara una experiencia traumática la situación, mas había sabido a lo largo de su vida que su padre bien podía entergarla en compensación a algún vasallo que le satisfaciera, además de esto enseguida había comprendido que aquello era una impostura destinada a salvarle la vida, en ningún instante Kan la había tocado más que los hombros, la había tirado del pelo sí, mas muy suavemente, y el beso había sido absolutamente finguido ni tan siquiera había atinado en la boca, estaba clarísimo que todo había sido una interpretación… ¡Y malísima! Lo que más le había extrañado a la joven habían sido las lágrimas de cólera y también indignación que recorrían la cara de Kan mientras que interpretaba la impostura, si bien realmente nada había hecho, el solo meditar en la escena le había indignado incluso a sabiendas de que era la única forma de que los dos preservasen la vida.

En ese instante la hija de Chang descubrió que no todo el planeta era como su terrible padre, descubrió que en el corazón de todo Auténtico Samurai había una bondad y una pureza que la extrañaban y la emocionaban a la par. Ella jamás podría llegar a guardar tal bondad puesto que toda la vida había crecido entre la más pura maldad y perversión. No obstante decidió que deseaba salir de aquella maldita isla y descubrir el planeta, con sus defectos y sus virtudes. Indudablemente lo que le aguardaba ahí fuera sería un paraíso de bondad equiparado a la vida que había llevado hasta el instante. Los que vivían en un planeta normal no sabían que tesoro tenían.

 

 

Al fin despertó la preciosa Escila, conforme despertó chilló de dolor y miró extrañada a los aledaños.

– ¿Estamos aguardando al oponente? – preguntó – lo digo por el hecho de que acá tumbada me perderé el entretenimiento.

La tensión amontonada en las últimas horas hizo que todos estallasen en sonoras carcajadas. Omius sujetó a la Samurai enrollándola en la sábana y todos partieron cara la barca que les aguardaba.

Al llegar Kan se fijó en que 2 Samurais más les estaban aguardando con los remos listos. Todos montaron uno a uno en la barca, incluyendo la hija de Chang a la que absolutamente nadie contestó nada pues subiese por iniciativa propia.

– ¿Qué vas a hacer ahora? – Preguntó Kazo a la joven.

– Voy a ir a recorrer planeta – respondió – deseo explorar todo cuanto me negó mi padre.

– ¿Por qué razón no te haces Samurai? – contestó la herida Escila desde el fondo de la barca puesto que tenía la costumbre de no perder ni una ocasión de reclutamiento.

– No es lo que deseo – contestó sonriendo la joven frente a la idea de que fuera una Samurai – tengo mucho que aprender del planeta y deseo hacerlo por mi pie.

– Te encararás a muchos riesgos – afirmó el Viejo Sabio

– ¿Te piensas que mi padre era un payaso de circo? – respondió indignada – Se defenderme tan bien como cualquier guerrero y he vivido situaciones considerablemente más peligrosas que ninguno de vosotros – afirmó, y tras mirar a su salvador corrigió – sin contar a Kan, claro.

El joven se sintió alagado por el comentario, mas vaciló que tanto su padre como Omius o bien el propio Aki no hubieran vivido situaciones del mismo modo peligrosas, mas absolutamente nadie contestó nada. Por toda contestación Kazo lanzó una bolsa llena de monedas de oro a la joven.

– Toma – ordenó – con ese dinero vas a poder vivir una vida cómoda sin pasar nunca necesidad – aseguró – adquiere unas tierras y adminístralas bien y vas a poder doblarlo.

– Gracias – afirmó – mas no deseo caridad – respondió orgullosa tendiendo la bolsa – ya me las arreglaré – afirmó, si bien no tenía ni la más mínima idea de de qué manera.

 

 

– No es caridad – respondió inteligentemente el general de generales habituado a esas muestras de orgullo – considéralo un pago justo por salvar la vida de mi compañera samurai – agregó señalando a Escila en el suelo, la que respondió calladamente con una media sonrisa.

La joven se lo pensó mejor y sostuvo la bolsa al fino cinturón de cuero que lucía en su cintura.

Kan dándose cuenta de que la chavala prácticamente no llevaba ropa se quitó su chaqueta y se la tendió a la joven, esta la cogió agradecida, comenzaba a tener frío por la brisa marina. Contenta vio que la parte superior del Quimono de su salvador le llegaba hasta cierto punto entre su cadera y sus piernas, tal y como si fuera una suerte de sexi vestido Samurai. Se ajustó un tanto más la lona a la cintura y sonrió al ver la tierra ya en el horizonte.

Poco después estaban ya entrando en la playa. La hija de Kan, miedosa de que la retenieran brincó a tierra y se despidió de todos con una mano mientras que corría. Su pelo ondeando al viento fue lo último que Kan vio de su falsa prometida.

Después montaron de regreso al palacio en las veloces cuádrigas Samurai que les habían traído, por tierra, hasta el mar.

El viaje de ida había sido de solo unas horas, o bien eso pensaba Kan que había estado inconsciente la mitad del recorrido. Mas el viaje de vuelta les llevó el resto de la tarde y toda la noche.

Los Samurais se alternaron en conducir las cuádrigas, a paso ligero para no agotar a los caballos que llegaron al máximo de sus fuerzas al despuntar la madrugada, por fortuna para entonces ya habían llegado al palacio, donde un alegre Gui y una preocupada Rumiko acompañaban a una espectante Rosana vestida con una muy, muy bella seda azul cielo, un tanto más pálida que el cielo y asimismo algo más refulgente.

Kan brincó impaciente de la cuádriga todavía en marcha, a raíz del cansancio y la carencia de sueño prácticamente se torció un tobillo al aterrizar en falso, ignorando el tropiezo se levantó y se echó a la carrera cara su prometida, la que ya corría hacia él.

Los dos se abrazaron temiendo regresar a separarse. Estaban vivos y juntos, lágrimas de dicha cubrieron la cara de los jóvenes amantes.

– Estás repulsivo – afirmó entre risas la joven tras besarle.

El Comandante Samurai quedó paralizado, se había aguardado cualquier cosa… !menos eso¡ Se miró de arriba abajo sin soltar a la joven y creyó que “repulsivo” era un título muy afable. Tenía el pelo pringoso por el sudor y la sangre, la cara estaba cubierta de negros coágulos, tenía el pecho desnudo y cubierto de sudor y polvo del camino, aun sus pantalones estaban embarrados y embrutecidos.

 

 

Entre risas escuchó a su madre decir realmente seria y insultada al general de generales “No, no, tú a mi no me tocas hasta el momento en que te pegues un buen baño!” “Mas cariño, acabo de venir de una batalla, he salvado a nuestro hijo” contestaba el general “Sí, sí, todo eso y además de esto cuanto quieras” respondió Rumiko “Mas eres un cochino indecente General Samurai!” Kan miró de reojo a sus progenitores y no se sorprendió al ver como, pese a sus palabras, su madre se lanzaba sobre su padre para abrazarlo posesivamente… inmediatamente antes de decir por lo bajo “Ya me puedes ir comprando un vestido para corregir que deba tirar este” Una sonrisa cruzó la cara del General y de su hijo, ya comandante, conocedores del amor de su madre por la ropa. “A propósito, me han recomendado un tratante de lonas muy bueno…” aprovechaba a comentar Rumiko a su esposo mientras que entraban en la casa.

– ¡Que bonita escena! – contestó Escila irónicamente – y a la herida que le parta un rayo! – agregó insultada.

– Si deseas que alguien te abrace me ofrezco voluntario – atronó contento Omius

– Si te aproximas te cerceno un brazo – conminó la preciosa samurai – conozco con perfección tu fama, ciertas de mis samurais aseguran que debes tener, como poco, 4 o bien 5.

– En un caso así, por uno tampoco me va a pasar nada – contestó sonriente el guerrero, que no obstante no se aproximó.

– ¿Qué te paso? – preguntó Rosana preocupada

– Un indeseable me lanzó un tajo en la pierna – afirmó señalando la herida – y estos bestias terminaron su trabajo tostándomela tal y como si fuera un pedazo de pan y dejándome una marca que estropeará mi figura para siempre – agregó francamente disgustada – eso si no me mata de dolor la maldita.

Kan creyó que debía dolerle horrores a fin de que Escila, conocida por su dulzura, tuviese el lenguaje de un borracho de tasca. Después recordó que a lo largo de un buen tiempo la Samurai había sido camarera en tascas algo inciertas.

– Sí que es fea – reconoció Rosana

– Tú para encima recálcalo – contestó la Samurai más triste que insultada.

– Mas tiene solución – prosiguió la joven – unas compresas de Sabila te aliviarán el dolor.

– ¿De qué? – Preguntó la samurai interesada

– Sabila, Aloe Vera. – explicó la joven – es una planta medicinal muy usada en el lejano Egipto. Mi padre me llevó allá cuando tenía apenas 6 años y recuerdo como la utilizaban a fin de que los soldados se recuperaran de las peores mordeduras del Sol – frente a la inusual mirada de la Preciosa Escila, agregó – En esas tierras el Sol es mortal, si te desatiendes terminas torrado tal y como si te hubieses tendido en una hogera.

– Mas seguro que va a ser realmente difícil lograrla – tanteó Escila

– ¡Qué Va! – respondió – en casa tenemos a montones, conforme creo el Aloe medra en prácticamente todo el planeta solo que hay que saber distinguir como es la especie que se precisa. Kan, piensas que vas a poder conducirnos en la cuádriga hasta casa de mis progenitores? Allá me va a ser muy simple sanar a tu practicante.

 

 

Entre risas escuchó a su madre decir realmente seria y insultada al general de generales “No, no, tú a mi no me tocas hasta el momento en que te pegues un buen baño!” “Mas cariño, acabo de venir de una batalla, he salvado a nuestro hijo” contestaba el general “Sí, sí, todo eso y además de esto cuanto quieras” respondió Rumiko “Mas eres un cochino indecente General Samurai!” Kan miró de reojo a sus progenitores y no se sorprendió al ver como, pese a sus palabras, su madre se lanzaba sobre su padre para abrazarlo posesivamente… inmediatamente antes de decir por lo bajo “Ya me puedes ir comprando un vestido para corregir que deba tirar este” Una sonrisa cruzó la cara del General y de su hijo, ya comandante, conocedores del amor de su madre por la ropa. “A propósito, me han recomendado un tratante de lonas muy bueno…” aprovechaba a comentar Rumiko a su esposo mientras que entraban en la casa.

– ¡Que bonita escena! – contestó Escila irónicamente – y a la herida que le parta un rayo! – agregó insultada.

– Si deseas que alguien te abrace me ofrezco voluntario – atronó contento Omius

– Si te aproximas te cerceno un brazo – conminó la preciosa samurai – conozco con perfección tu fama, ciertas de mis samurais aseguran que debes tener, como poco, 4 o bien 5.

– En un caso así, por uno tampoco me va a pasar nada – contestó sonriente el guerrero, que no obstante no se aproximó.

– ¿Qué te paso? – preguntó Rosana preocupada

– Un indeseable me lanzó un tajo en la pierna – afirmó señalando la herida – y estos bestias terminaron su trabajo tostándomela tal y como si fuera un pedazo de pan y dejándome una marca que estropeará mi figura para siempre – agregó francamente disgustada – eso si no me mata de dolor la maldita.

Kan creyó que debía dolerle horrores a fin de que Escila, conocida por su dulzura, tuviese el lenguaje de un borracho de tasca. Después recordó que a lo largo de un buen tiempo la Samurai había sido camarera en tascas algo inciertas.

– Sí que es fea – reconoció Rosana

– Tú para encima recálcalo – contestó la Samurai más triste que insultada.

– Mas tiene solución – prosiguió la joven – unas compresas de Sabila te aliviarán el dolor.

– ¿De qué? – Preguntó la samurai interesada

– Sabila, Aloe Vera. – explicó la joven – es una planta medicinal muy usada en el lejano Egipto. Mi padre me llevó allá cuando tenía apenas 6 años y recuerdo como la utilizaban a fin de que los soldados se recuperaran de las peores mordeduras del Sol – frente a la inusual mirada de la Preciosa Escila, agregó – En esas tierras el Sol es mortal, si te desatiendes terminas torrado tal y como si te hubieses tendido en una hogera.

– Mas seguro que va a ser realmente difícil lograrla – tanteó Escila

– ¡Qué Va! – respondió – en casa tenemos a montones, conforme creo el Aloe medra en prácticamente todo el planeta solo que hay que saber distinguir como es la especie que se precisa. Kan, piensas que vas a poder conducirnos en la cuádriga hasta casa de mis progenitores? Allá me va a ser muy simple sanar a tu practicante.

 

 

Entre risas escuchó a su madre decir realmente seria y insultada al general de generales “No, no, tú a mi no me tocas hasta el momento en que te pegues un buen baño!” “Mas cariño, acabo de venir de una batalla, he salvado a nuestro hijo” replicaba el general “Sí, sí, todo eso y además de esto cuanto quieras” contestó Rumiko “Mas eres un guarro indecente General Samurai!” Kan miró de reojo a sus padres y no se sorprendió al ver como, a pesar de sus palabras, su madre se lanzaba sobre su padre para abrazarlo posesivamente… justo antes de decir por lo bajo “Ya me puedes ir comprando un vestido para corregir que deba tirar este” Una sonrisa cruzó la cara del General y de su hijo, ya comandante, conocedores del amor de su madre por la ropa. “Por cierto, me han recomendado un tratante de lonas muy bueno…” aprovechaba a comentar Rumiko a su esposo mientras entraban en la casa.

– ¡Que bonita escena! – contestó Escila irónicamente – y a la herida que le parta un rayo! – añadió insultada.

– Si quieres que alguien te abrace yo me ofrezco voluntario – atronó contento Omius

– Si te aproximas te cerceno un brazo – conminó la bella samurai – conozco de forma perfecta tu fama, algunas de mis samurais aseguran que debes de tener, como poco, 4 o bien cinco.

– En un caso así, por uno tampoco me pasará nada – replicó sonriente el guerrero, que no obstante no se aproximó.

– ¿Qué te paso? – preguntó Rosana preocupada

– Un indeseable me lanzó un tajo en la pierna – afirmó señalando la herida – y estos bestias terminaron su trabajo tostándomela tal y como si fuera un pedazo de pan y dejándome una marca que estropeará mi figura para siempre – agregó con sinceridad disgustada – eso si no me mata de dolor la maldita.

Kan creyó que debía dolerle horrores para que Escila, famosa por su dulzura, tuviese el lenguaje de un borracho de taberna. Después recordó que a lo largo de mucho tiempo la Samurai había sido camarera en tascas algo inciertas.

– Sí que es fea – reconoció Rosana

– Tú para encima recálcalo – replicó la Samurai más triste que insultada.

– Mas tiene solución – siguió la joven – unas compresas de Sabila te aliviarán el dolor.

– ¿De qué? – Preguntó la samurai interesada

– Sabila, Aloe Vera. – explicó la joven – es una planta medicinal muy usada en el lejano Egipto. Mi padre me llevó allá cuando tenía apenas 6 años y recuerdo como la utilizaban a fin de que los soldados se recuperaran de las peores mordeduras del Sol – frente a la inusual mirada de la Hermosa Escila, añadió – En esas tierras el Sol es mortal, si te descuidas terminas tostado como si te hubieras tendido en una hogera.

– Mas seguro que será realmente difícil lograrla – tanteó Escila

– ¡Qué Va! – contestó – en casa tenemos a montones, conforme creo el Aloe medra en prácticamente todo el planeta solo que hay que saber distinguir como es la especie que se precisa. Kan, piensas que vas a poder conducirnos en la cuádriga hasta casa de mis padres? Allá me será muy simple curar a tu practicante.

 

 

Instantes después estaban los dos en la superficie. Kan respiró de forma profunda, no obstante no dio muestras de sentirse cansada, daba la sensación de que habría podido pasar toda la vida bajo las aguas.

– ¿Eres una mujer o bien una ninfa? – preguntó honestamente Kan impresionado por la belleza y la soltura de la joven.

– No sé – respondió misteriosa – tal vez lo sea – agregó sellando los labios del joven con otro suave beso.

– Es ya hora de comer – contestó tras jugar un tanto más en el agua – no tengo ganas, mas si no asistimos al palacio se preocuparán.

Rosana asintió con la cabeza de mala gana. Había estado pensando ir a asistir a las cocinas a su padre, como tenía costumbre, mas daba la sensación de que en su nuevo “cargo” de prometida de Kan su vida iba a mudar en más de una cuestión. La joven ya se dirigía a la ribera cuando se dio cuenta de un pequeño detalle que cada vez parecía tener menos en cuenta cuando estaba con el chico.

– Sal tu primero – ordenó la joven.

Por toda contestación Kan se aproximó a la ribera y prolongó la mano para asistir a la chica, la que le respondió con una significativa mirada que comenzaba a serle familiar a Kan. Soltando un suspiro de resignación se dio la vuelta sin que se lo solicitase ¡Vaya manía más estúpida! pensó ¿Por qué razón sería?

– No te comprendo – expresó en voz alta

Mientras la mujer salió del agua y escurrió su larga cabellera para secarla un tanto. Esto presentaba un inconveniente añadido, estaban en un claro y el sol secaría de manera rápida sus pelos si se acostaba sobre la yerba, mas hasta ese momento no podía vestirse, a peligro de deteriorar sin antídoto la fina seda que tanto apreciaba.

– ¿Qué no comprendes? – preguntó la chica sin atender demasiado la charla.

– Tu manía pues me de la vuelta – estas palabras dejaron fría a la joven, que recordó con una sonrisa que estaba prometida a “una lechuga Samurai” – sé que me lo has explicado múltiples veces, mas no acabo de entender por qué razón de vez en cuando me mandas que me de la vuelta y otras no.

-¿Otras no? – se extrañó intrigada la joven mientras que se acostaba sobre una larga piedra boca abajo con su larga cabellera estirada en la espalda a fin de que secase – ¿A qué te refieres con otras no? Toda vez que me he desnudado delante tuyo te he mandado que te des la vuelta – la joven no pudo menos que sentirse abochornada por como habían sonado las palabras.

 

 

– Sí claro! – respondió de forma directa el joven – mas bajo el agua no me mandaste que me diese la vuelta – como la chavala no respondía pareciendo no comprender siguió – y allá te veía con tanta claridad como te puedo ver ahora si me diera la vuelta.

Por toda contestación, el joven Kan, recibió una pedrada en el hombro derecho. Rosana la había lanzado por puro impulso y un segundo después ya se había arrepentido. No había pensado que el muchacho pudiese verla con tanta claridad, creyó que la vería como mediante una nube o bien algo afín… estaba roja como un tomate y hundió su cara entre sus brazos llorando de saña y pudor.

Kan se sujetó el hombro con la mano izquierda, verdaderamente la chavala le había lastimado, tendría un buen cardenal en esa zona, iba a contestar indignado cuando la escuchó sollozar.

Aquello resultó para él como una patada en el estómago, de forma rápida se dio la vuelta y se sentó junto a ella sin saber que hacer, al fin tocó su hombro y agachándose procuró captar su mirada.

– Lo siento – afirmó – no pretendía hacerte daño con mis palabras – se excusó – no estaba insultado de veras – agregó inútil de entender por el hecho de que lloraba la joven.

Ella lo miró de reojo, estaba sentado junto a ella procurando consolarala, era obvio que no comprendía nada mas todavía de esta forma prosiguió llorando dos minutos hasta el momento en que se alivió sintiéndose estupendamente renovada.

– Mi lechugita! – afirmó en voz alta contenta

Kan no sabía a que se refería mas estaba feliz de que riera nuevamente, aquellos minutos habían sido los más tristes de su vida.

– ¿De veras no comprendes nada? – preguntó curiosa si bien era obvio que no. No obstante la contestación la tomó por sorpresa.

– No, además de esto mi otra prometida – al ver una amenazadora mirada en los ojos de la joven aclaró – mi falsa prometida, no tenía ningún obstáculo en estar desnuda o bien prácticamente desnuda delante mío, y asimismo era preciosa.

 

 

Aquello terminó por desquiciar a la joven que se lanzó sobre su prometido una tigresa olvidando sus pudores por la saña.

– ¿De qué forma que otra prometida? – afirmó tirándolo en el suelo – ¿De qué manera que otra mujer? – contestó disgustada mientras que se sentaba sobre él y le apretaba el pecho – ¿De qué manera que desnuda eh? – y tras pegarle un buen golpe en el pecho que le costaría un buen renegrón de múltiples días al joven y cogiendo una piedra con la obvia pretensión de pegarle con ella agregó – ¿Qué hacías tú con otra mujer desnuda? ¡A VER! ¡Explícate!

Kan tuvo el tiempo preciso para sujetar las muñecas de la joven y explicar de manera rápida.

– Fue cuando le corté el vestido para forzarla – y viendo que aquello no mejoraba las cosas sino la muchacha procuraba soltarse para cometer una insensatez explicó a toda prisa- Chang deseó que matase a su hija, si no lo hacía me mataría a mi, yo para engañarle finjí que pretendía abusar de ella ya antes de matarla, de este modo se persuadió de que era desalmado y salvamos la vida los 2.

La chica, no muy persuadida por la explicación preguntó tanteando:

– ¿Y prosigue viva esa chavala?

– Sí, – tras un instante preguntó – ¿Por qué razón lo preguntas?

– ¡Para matarla misma! – reventó ciega de celos Rosana – ¿Y con quién más estuviste mocoso sinvergüenza? – afirmó amenazándolo con la piedra.

– Con unos Samurais y con Chang con quien me batí a muerte – explicó velozmente

– ¿Y ninguna muchacha más? ¿Ninguna chavala desnuda más? – insistió la recelosa prometida

– Menos no – respondió con sinceridad Kan

En ese instante se percató de que estaba absolutamente desnuda sentada sobre el joven a puntito de “matarlo ingenuamente” con una piedra, se puso totalmente roja de vergüenza y brincó de encima de él corriendo cara el vestido.

Kan atontado por la situación se levantó… inmediatamente antes de darse la vuelta. La piedra que le había lanzado la chavala ya antes de coger el vestido le había persuadido totalmente.

– Ya estoy más calmada – y acercándose por detrás agregó – a ver, explícame de forma lenta pues no debo matarte por haber estado con otras mujeres ¡y desnudas!

– No fueron mujeres – contestó el – fue una mujer, en verdad ni eso, todavía era una muchacha.

– Sí, mas mismo reconociste que era preciosa ¡Y que estaba desnuda!

– ¿No estás demasiado ofuscada con el tema de la desnudez? – ¡Uy! Kan refrenó un gritito, la mujer había agarrado un pequeño músculo de su espalda y lo viraba suavemente en un sentido muy doloroso… indudablemente adviertiéndolo de que midiera sus palabras.

– Conforme, conforme, es cierto – reoncoció el joven – era una chavala preciosa – y sintiendo la punzada más dolorosa agregó – mas no tanto como – esto pareció aliviar a la joven que relajó la presión y se aproximó más amigablemente.

 

 

– ¿De verdad fue plenamente preciso? – preguntó sintiéndose culpable de hacerle tantos reproches al joven, al fin y al postre había vuelto vivo que era lo que importaba, pensó ahora más fría.

– Sí – respondió simplemente – además de esto le entregué la parte superior de mi Quimono a fin de que se tapase cuando terminó todo – a lo que agregó resentido – ¿Te piensas que voy medio desnudo por puro placer?

– Puesto que no lo había pensado – se rió la joven ahora risueña como es costumbre abrazándolo desde la espalda – te favorece y creí que era una nueva moda entre los Samurais – se burló de él – educar tu “pecho de lobo” igual que hace Omius – esto era, evidentemente, una pulla degradante y también injusta, el joven no tenía ni un solo pelo en el pecho ¡Mas no era justo equipararlo con el corpulento guerrero! Temiendo haberlo herido demasiado le dio la vuelta y se abrazó a él.

– De veras te parezco más bella que – preguntó

– Indudablemente – respondió Kan – ¡Y considerablemente más peligrosa!

La mujer se hizo la insultada.

– ¿Peligrosa ? – puso poniendo cara buena – Si solo soy una niñita buena y sumisa.

Kan la miró atentamente, ahora si parecía buena… lo de sumisa habría que discutirlo. Mas Kan no se dejaba persuadir tan de manera fácil.

– ¡Qué genio tienes! – afirmó rascándose el hombro – por unas palabras y prácticamente me matas. ¡Asesina! – rió

La joven se plantó frente a él moviendo los puños de arriba abajo tal y como si fuera una admirable pugilista. Una carcajada brotó de la garganta de Kan.

– Temo preguntarte… – afirmó con un susurro de voz.

– Pregunta – sonrió contenta

– ¿No me vas a pegar? – afirmó el acariciándose el hombro.

– No cariño – afirmó abrazándolo, contenta de estar en privado y poder llamarlo como desease.

– ¿Por qué razón te molesta tanto el tema? – insistió Kan – Yo no le veo ni pies ni cabeza.

Ella se quedó meditabunda a lo largo de un momento:

– No está bien que un hombre vea desnuda a una mujer que no es su esposa – afirmó por fin – es posible que este le pierda el respeto, la deshonre y la abandone – explicó – cuando menos de esta forma me lo explicó mi madre.

 

 

Kan quedó con la boca abierta.

– Yo jamás haría eso! – se defendió – ¿Me crees capaz de hacer algo de esta forma?

Rosana iba a contestar de forma automática que TODOS los hombres eran de esta manera, mas tras un instante cambió de idea y contestó:

– No, a ti no te creo capaz de hacer algo de esta forma – y sincerándose agregó – mas no puedo parar de tener un tanto de cuidado, es una parte de mi ¿Entiendes?

– Supongo que sí – aceptó Kan – Mas estamos prometidos! – exclamó tal y como si eso lo aclarase todo. – nos marchamos a desposar, con lo que no tienes por el hecho de que temer nada.

La joven quedó anonada por la sencillez con la que había asimilado que se iban a desposar, ella aún no se hacía a la idea, si bien si es verdad que le agradaba mucho. Mas en el fondo proseguía siendo la hija de un chef y el hijo del hombre más poderoso del reino, si la abandonara por cualquier razón absolutamente nadie afirmaría nada en contra suya. Solo en ese instante se percató de que eso era lo que temía, no que la abandonara deshonrada, sino más bien perderlo. Amaba considerablemente más a Kan de lo que deseaba reconocerse a si misma.

– Eso tampoco es una seguridad completa – afirmó evitando el tema que le era incómodo – además de esto, precisamente por eso te he tolerado estar delante de mi en el momento en que me he desnudado, todavía estando de espaldas me da la sensación de que son ya bastantes libertades. No creo que mi madre aprobara mucho mi conducta ¡Y menos mi padre! – esto era una escusa y la sabía, era dueña de si misma y poco le importaba lo que pensaran sus progenitores, jamás dejaría de hacer algo que estimaba que estaba bien. Rosana no hallaba nada mailicioso en los instantes que habían pasado en solitario, ni en el baño que habían tomado, mucho menos en los besos que se habían dado. Eran acciones naturales y plenamente puras y también inocentes. Es verdad que había cierto jugueteo entre ellos, mas era normal entre 2 prometidos, lo malo habría sido que no existiera nada de amor en la pareja como sabía que pasaba entre parejas mucho mayores, e inclusive, casadas. Eso si lo consideraba algo malo y antinatural.

Kan había estado pensando momentáneamente a la par que la joven. Por fin afirmó simplemente.

– Entonces nos casaremos.

– Ya sé que nos casaremos – respondió la joven que todavía no había interpretado apropiadamente la aseveración del joven – cualquier día, cuando nuestros progenitores lo consideren oportuno y no te sientas forzado por el compromiso lo vamos a hacer – y de forma rápida aclaró – sé que a los hombres no os agrada comprometeros, mas … – su voz templó un instante – te Amo Kan – afirmó por fin haciendo al Comandante el hombre más feliz de la tierra – lo supe desde que te vi hace meses sentado como practicante en la mesa de tu padre – y tras mirarlo agregó – mas no deseo que te cases conmigo solo pues tu madre lo tramase todo para hallar una esposa a su hijo. Sé que no tenías ni la más remota idea de que era de este modo y temo haberme aprovechado de el neviosismo y el ímpetu de tu madre. – y sintiéndose al fin descargada de lo que tanto tiempo había retenido en su pecho agregó – eres el hijo del hombre más esencial del imperio, tienes una enorme carrera frente a ti y no soy más que la hija de un humilde chef, no deseo ser una carga para ti y que en el futuro me guardes rencor por no haberte dejado cumplir tus sueños. Te quiero demasiado para hacerte eso. – después agregó – Además de esto estoy segura de que siendo quien eres vas a tener miles y miles de mujeres prestas a casarse con alguien con tu fortuna. ¡Mas a mi eso no me importa! – aseguró – Te quiero pues eres bueno y valiente… por el hecho de que eres . Si fueses pobre te querría del mismo modo – Rosana se calló por el hecho de que si fuera pobre quizá lo querría todavía más puesto que no tendría estas dudas que la torturaban.

 

 

Kan estaba paralizado, apenas había podido seguir el razonamiento expresado a toda prisa por la joven.

– Yo … – dijo al fin – lo que quería decir es que nos casaríamos hoy mismo – añadió al fin – así me ahorraré más pedradas – explicó

Rosana, nerviosa como estaba, no pudo reprimir una estruendosa carcajada, tumbó al chico en la hierba y se rió feliz mientras lágrimas de felicidad caían por su rostro bañando al joven. Kan se unió también al momento de felicidad sin acabar de comprender del todo que le pasaba a la joven, pero ya estaba empezando a acostumbrarse a aquella extraña doble personalidad que Rosana parecía hacer gala con él.

– Te quiero – dijo él sencillamente, no esperaba la gran sonrisa de felicidad que cubrió el rostro de la joven, decidió que si esa era la reacción que causaban en ella esas simples palabras… se las repetiría una y otra vez durante toda su vida.

La joven pareja quedó allí, tumbados en el claro sobre la hierba horas y horas hasta bien pasado el medio día, no dijeron una palabra, sus ojos hablaban por ellos. Y eso fue lo único que hicieron durante todas esas horas. Disfrutar de su mutua compañía, sólo aquello parecía encerrar la máxima de las felicidades.

Otra vez la vida le eneñaba que la máxima felicidad se alcanza de la forma más senilla, estando sencillamente tumbado sobre la hierba con la persona amada.

 

Cuando por fin regresaron a palacio Rosana le preguntó si les reñirían por llegar tarde, después de todo sus padres tenían que estar preocupados al no saber de ellos durante tanto tiempo.

– ¡Qué va! – aseguró el joven – Gui nos encontró justo cuando el sol estaba en su cénit, nos miró un momento para ver si estabamos bien y después partió para avisar a mi madre de que nos encontrabamos sanos y a salvo.

– ¿Me dormí en algún momento? – preguntó la joven extrañada, no recordaba haber visto al alto Samurai en toda la mañana.

– No que yo sepa – contestó el joven y viendo la mirada extrañada de su futura esposa añadió – Gui estaba perfectamente camuflado entre unos árboles a nuestra derecha. Era imposible verlo aunque estubieses a medio metro de él.

Rosana le miró sorprendida, de sus ojos prendía una pregunta que el joven no acababa de leer.

– ¿Cómo lo viste? – dijo al fin

– Ah! – contestó alarmado – Bueno… realmente no lo vi.

– Y entonces como sabes que estaba allí ¿Acaso te lo imaginas?

– No no! – aclaró el joven – ¡Nunca haría esto! Sencillamente lo sabía. – al ver que Rosana quería saber más añadió – es como un sexto sentido. Estos días he aprendido muchas cosas, entre otras a no fiarme de las apariencias – dijo recordando la faz de Chang que supuestamente era totalmente amable y que en realidad ocultaba la más profunda de las locuras – Estos días he aprendido a fiarme mucho más de mi “instinto”, ignoro mis inseguridades y mis miedos y me guio por mi intuición. Eso fue lo que me salvó la vida cuando me enfrente a Chang – recordó amargamente – me había cegado con tierra suelta y no le veía – explicó a la joven – así que tuve que fiarme de mi intuición para salvar la vida.

 

 

“”Recientemente he aprendido más lecciones de las que te imaginas. Solo en estos un par de días he aprendido que siempre y en toda circunstancia hay una salida sincera a una situación, por realmente difícil que sea.

“”Todavía cuando daba la sensación de que solo tenía 2 opciones, matar a mi falsa prometida o bien fallecer, descubrí que verdaderamente SIEMPRE – afirmó destacando la palabra – siempre y en toda circunstancia hay una opción honrosa que conduce al éxito.

“”En el momento en que me enfrente a Chang al comienzo dio la sensación de que tenía ganada la batalla, después se inclinaron las tornas, con lo que aprendí que jamás uno puede estar seguro totalmente de nada hasta el momento en que ya lo ha logrado.

“”Asimismo se aplica esto a lo malo igual que a lo bueno. Cuando daba la sensación de que ya era hombre fallecido pude localizar una salida que me salvo la vida.

“”Siempre y en toda circunstancia hay una salida honrosa que te va a dar el éxito.

“”Asimismo tu me has enseñado algo – afirmó contento de aclarar sus ideas puesto que hacía tiempo que no podía hacerlo – Tanto como la hija de Chang me habeis enseñado que no siempre y en todo momento lo que se cree por ‘prejuicio” que es malo, debe ser malo por necesidad.

“”Por poner un ejemplo me quería fallecer por el hecho de que me consideraba un vil mientras que fingía enojar a la hija de Chang, esta me hizo ver que aun aquel acto deprabado, en aquellas circustancias fue para ella como una bendición, sospechó que todavía cuando mis actos no hubiesen sido de manera lastimera fingidos, la muchacha lo habría admitido con gusto para poder preservar la vida, indudablemente algo mucho más esencial que una simple actuación.

“”Asimismo me has enseñado que una misma cosa vista por 2 personas puede ser considerado bien por una y mal por otra. Yo estimaba que estar juntos desnudos, era algo bueno y también inocente. Tal vez sea por mi juventud, mas no veo distinción alguna entre que estemos paseando ahora vestidos a que estuviesemos paseando desnudos. – La mujer quedó abstraída por la sencillez de los pensamientos del joven – Tal vez por el hecho de que soy práctico por naturaleza entiendo la necesidad de la ropa cuando hace frío, o bien de la armadura en la batalla… mas no comprendo la necesidad de ropa de ahí que que llaman ‘pudor’ – tras hacer una pausa agregó – no obstante me has mostrado lo esencial que es para tiº, lo consideras algo malo o bien simplemente impensable.

“”Sospecho que las dos formas de meditar, tanto la tuya como la mía son absolutamente adecuadas puesto que solo dependen de quien esgrima el razonamiento a favor suyo o bien en contra a fin de que esté persuadido de su necesidad. Unos considerarán más esenciales unos puntos que otros considerarán simples detalles y… a la inversa.

“”Esto me ha enseñado a respetar más las formas de meditar de cada persona. Lo esencial es la bondad del corazón de la persona en si. Además de eso sus costumbres poca relevancia tienen, puesto que estas son variables de un sitio a otro y al fin y a la postre no son verdaderamente esenciales… mientras que no se haga daño o bien perjucio a otra persona – aclaró el joven – puesto que la base de la bondad está en no dañar a absolutamente nadie y respetar sus ideas.

 

“”Debemos respetar incluso lo que nos puede parecer absurdo a nosotros mismos puesto que de no hacerlo podemos herir los sentimientos de otra persona.

“”Asimismo he aprendido… nuevamente – sonrió – que la máxima dicha se logra con cuestiones que desechamos en el día tras día.

“”El día de ayer he visto la muerte de cerca… múltiples veces – destacó – eso me ha tolerado percatarme de que muy frecuentemente nos preocupamos por detalles que carecen de importancia y olvidamos gozar de cada segundo.

Tras mirar fijamente a los ojos de su futura esposa continuó:

“”No existe nada que haga tan feliz como estar a la vera de la persona amada. Eso tiene un valor interminablemente más grande que las riquezas, el poder o bien cualquiera de los placeres que absolutamente nadie pueda ofrecerme, incluido Chang.

“”Cuando estuve con la hija del Samurai Obscuro tenía delante de mi a una chavala muy preciosa, presta a satisfacer mis desesos. Tenía ante mi tesoros de infinito valor a lo que había que sumar tierras y todos y cada uno de los placeres que puedan llegarse a imaginar. – tras una pausa agregó – solo un completo imbécil cambiaría un solo segundo con el Amor de su vida por esos placeres sin relevancia.

“”Nada hay tan imporante en la vida como el Amor. No obstante el amor solo puede gozarse al límite con corazón puro que no desee más que estar próximo a la persona amada.

Solo ahora conocía Rosana a todo cuanto Kan había renunciado por estar a su lado. No solo prácticamente había fallecido en la lucha, asimismo había renunciado a todos y cada uno de los sueños mundanos del hombre normal. La impresionantemente bella mujer se fascinó de la bondad y la pureza del joven. Supo instintivamente que eso ya lo hacía superior a todos y cada uno de los hombres.

Esa pureza se le tornó irreprimible y tal vez, solo quizá, fuera la autora de que lo amase con una intensidad tal con la que ninguna mujer había amado ya antes.

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