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Libro “EL MANUAL SAMURAI” : EL GUERRERO INVENCIBLE

#TatianaOrellana

Samurai-1

Fuente: Maestro Fenix

Kan estaba rebosante de alegría, ya era un auténtico Samurai!

Habían pasado un par de meses semanas desde el instante en que su padre Kazo le entregase su espada de aprendiz.

El día de hoy su padre, henchido de ego, rebosante de alegría, le entregaba su reluciente espada katana de Samurai. Una bella y afilada espada con el mango cubierto de oro y plata que representaba su estátus, su poder y sobre todo, que al fin era un verdadero Samurai! El más joven Samurai del ejercito.

Kan, con solo doce años había sido capaz de lograr en solo un par de meses lo que otros no eran capaces de conseguir en años.

El joven samurai desenvainó por vez primera su resplandeciente espada de oro y plata y leyó la inscripción grabada en antiguas runas que recorría el resplandeciente filo “Miles y miles de granos de arena amontonados forman una pagoda”. Meditaría después sobre el significado de esta inscripción, ahora era un instante de dicha y celebración.

El viejo Samurai, orgulloso levantó en volandas a su joven hijo y lo mostró a todos los Samurais allí reunidos. “¡Este es mi hijo!” proclamo orgulloso “¡Un verdadero Samurai!” y la fiesta continuó hasta altas horas de la noche.

Kan despertó temprano, estaba ansioso por iniciar este día. Al fin era un auténtico Samurai, había dejado de ser un aprendiz y ya era un Samurai reconocido, de esta manera lo demostraba la preciosa espada katana que colgaba en su cintura.

Como Samurai gozaba de su tienda privada en la que reunirse con su escolta personal y sostener asambleas privadas. Naturalmente todavía no tenía una enorme graduación y su tienda era modesta, adornada con los regalos que sus amigos le habían entregado el día anterior. Sin embargo para el joven Samurai era tan bella como el mayor de los templos, puesto que la había logrado gracias a su propio sacrificio y sin que absolutamente nadie le ayudara.

Kan escruto el cielo. El rojo sol estaba empezando a nacer en el horizonte, aún era muy temprano y tenía tiempo para meditar. Desenvainó su plateada katana y observó los dorados reflejos del Sol en su hoja mientras que meditaba en la inscripción tallada en ella.

“Miles de granos de arena acu forman una pagoda”

Su padre deseaba trasmitirle algo, y esta vez tendría que descubrírlo el. Su última charla había girado sobre edificar un templo samurai, comenzando por los cimientos. Kan ya casi había logrado este objetivo, contaba con cincoSamurais fieles en su guardia personal, cerca de quince guerreros, no suficientemente diestros para poder considerarlos Samurais. Y su guardia personal contaba por su parte con 3 o cuatro Samurais y algún guerrero. En conjunto sumaban cincuenta guerreros, diecisiete de ellos verdaderos Samurais!

Kan sabía que ya casi estaban formados los cimientos de su templo, y su padre le mandaba una inscripción que trataba sobre una pagoda. El joven Samurai había visto muchas pagodas en su niñez, eran enormes torretas de trece pisos de una belleza incalculable. Se situaban a los lados de los templos como parte de los mismos para llamar la atención de los caminantes desde lejos y atraerlos al templo.

Su padre, el general de generales le estaba diciendo que esas fantásticas torres, exponentes de una belleza sin parangón, eran solo miles y miles de granos amontonados uno sobre otro, Kan empezaba a entender…

 

– ¿Eres tu Kan? – Atronó una voz a su espalda.

– Si, soy el Samurai Kan – afirmó sonriendo mientras que se daba la vuelta – ¿Quien eres paseante?

– Soy el horrible Omius, guerrero veterano de 100 batallas – pronunció tajantemente – y también invicto en todas y cada una . Absolutamente nadie jamása conseguido superarme en la batalla y con estos antecedentes vengo a posar mi espada a tus pies y a abrazar tus rodillas para suplicarte que me dejes entrar a tu servicio. Puesto que tu fama recorre la zona como el más joven y triunfante de losSamurais. Si has conseguido llegar a tu situación con solo 12 años, deseo estar junto a ti cuando seas un hombre maduro y seas general de generales. – La mirada del poderoso guerrero era directa y penetrante, su musculoso cuerpo indicaba una fuerza sin parangón, y sus manos parecían hechas para manejar la poderosa y horrible espada de más de 2 metros que posaba a los pies de Kan mientras que pronunciaba estas palabras.

El joven Kan estaba con la boca abierta como un estúpido, jamás había soñado nada similar. Ya antes la gente le había rechazado acusándole de mentiroso y zahorí y ahora un poderoso guerrero se postraba ante el como frente a un rey!!!

Tras unos segundos de duda, el adiestramiento Samurai del joven le asistió a salvar la situación con sabiduría y justicia.

– Por favor, Omius, levántate y recoge tu espada. Voy a estar encantado de que te unas a mi equipo de Samurais – una plácida sonrisa alumbraba la cara de Kan – el día de hoy, cuando el Sol se encuentre en su cenit, nos reuniremos todos frente a mi tienda, te suplico que asistas para unirte oficialmente con nosotros.

– Si señor! – Respondió efusivamente Omius y se dispuso a separarse.

– Ah Omius! – El guerrero miró al joven mientras que se distanciaba – no me llames señor… que me haces sentir viejo… – La cara de Kan se torno roja de vergüenza y Omius se distanció contento y sonriente por haber encontrado no solo a un futuro general, sino más bien asimismo a un futuro amigo.

Era mediodía, una suave y cálida brisa soplaba del Sur alegrando los corazones de los Guerreros y los Samurais, Omiusestaba sentado delante de todos, aguardando su presentación oficial. Kan salió al fin de su nueva tienda, portaba en sus manos una espada katana de las que lucían los practicantes. Y en su cintura lucía su preciosa katana dorada y plateada despidiendo lumínicos destellos contra el Sol de la mañana.

– Queridos amigos – Comenzó Kan – El día de hoy tenemos el honor de incluir en nuestro equipo a un experimentado guerrero. Uno que ha participado en cientos y cientos de batallas sin ser vencido ni una vez – murmullos de admiración corrieron entre los practicantes – De ahí que es un orgullo para mí el poder dar su primera katana a Omius. Bienvenido Seas!

Omius miró con una extraña mueca el arma que le tendía Kan, era una espada prácticamente completamente recta que medía poco más del brazo de un hombre de un solo filo, estaba habituado a usar su gran espada bastarda de prácticamente 2 brazas, de doble filo y con muescas cerca de la empuñadura que asistían a desgarrar la carne del oponente. No obstante cogió la espada que le tendía el joven Samurai y descubrió sorprendido el increíble filo de esta, cosa que le complació, y sonriente proclamó en voz alta.

– Kan, tu me has hecho un regalo y deseo hacerte otro. Esta tarde, cuando el ocaso este cerca te voy a enseñar como ganar siempre y en todo momento una batalla.

El joven Samurai quedo sorprendido y agradado por el ofrecimiento de Omius y admitiendo de buena gana empezó a educar a todos y cada uno de los nuevos, incluido Omius las bases que todo Samurai tenía que conocer. “El día de hoy habéis dado un paso fundamental. Habéis dejado de ser personas normales, habéis dejado el bosque para introduciros en el camino de la vida por el camino de los Samurais. Habéis superado la trampa invisible que tienden los espectros del temor y del descalabro…” y de este modo siguió la tarde, como tantas otras, enseñando, a los nuevos practicantes, exactamente la misma sabiduría y repitiendo exactamente las mismas palabras que en su día, hace únicamente un par de meses, le había dicho su padre.

Después, una vez finalizadas las clases, Kan y Omius se reunieron en un claro apartado, donde Omius se convirtió en maestro y el joven Samurai en aplicado pupilo.

– La primera cosa que has de saber Kan, es que todo duelo se gana o bien se pierde en los 5 primeros segundos.

 

– ¿Como es eso Omius?

– Es tu presencia física, tu fortaleza mental y las primeras palabras que broten de tu boca las que deciden el resultado de la competición, naturalmente las cosas siempre y en todo momento pueden mudar, no obstante es esta primera impresión que le causas a tu contendiente la que por norma general va a decidir el resultado del combate.

Kan estaba sorprendido, no tenía ni la más remota idea de que fuera de esta forma, no obstante Omius debía saberlo bien, puesto que jamás había sido derrotado.

– Joven Samurai. Si en el momento en que te presentes a un contrincante tu ropas están cuidadas, tu aspecto limpio, tu animo es sosegado y seguro, tu mirada es franca y directa. Vacía de odio y penetrante. Y si las primeras palabras que brotan de tu boca lo hacen con tono seguro, pausado y firme. Vas a dar la impresión al oponente de que tu seguridad es firme como una roca, que estás tan seguro de ganar la lucha que vas a hacer que tu contendiente se ponga inquieto, creerá que eres mucho mejor que el y va a tener temor de perder. En ese instante, cuando logres que tu contrincante esté en desventaja ética ante ti, habrás ganado la batalla, puesto que como me afirmó mi padre “Al enfrentarse a a muerte, el que está ya listo para fallecer subsistirá, al tiempo que el que desea vivir a toda costa va a morir”

Kan medito sigilosamente las palabras del veterano guerrero, por experiencia sabía que si ya antes de cualquier batalla, si bien solo fuera una simple riña de pequeños, el que tuviese temor sería indudablemente el perdedor. No obstante, el que estaba seguro de si mismo y confiaba en sus convicciones y técnicas, resultaba campeón. El joven samurai gravó en su psique las palabras de su nuevo amigo para después enseñárselas a su pequeña tropa.

– Has siempre y en toda circunstancia de seleccionar tus armas de forma cuidadosa, cuando uses el arco, elige uno resistente. Cuando elijas una flecha escoge una larga. Para derruir al caballista, abate ya antes a su corcel. Para aprender a los delincuentes atrapa al que los manda.

– En resumen, que golpee donde duele

– Esa es otra forma de decirlo! – río alegremente Omius golpeando una poderosa palmada al Joven Samurai que le lanzó de su asiento al suelo. Donde decidió quedarse, sentado a determinada distancia, por si acaso el guerrero deseaba probarle otra vez su amistad de igual manera.

– Siempre y en toda circunstancia tienes que dar la imagen de tener todo bajo control Kan, de esta manera tu contendiente se va a sentir inseguro y cometerá algún fallo, en ese instante es cuando debes agredir. El general que sabe cuando agredir, hace que su oponente no sepa en qué momento defenderse.

– Es cierto, siempre y en todo momento he pensado que el ataque tiene éxito cuando el contrincante desatiende la defensa. – Afirmó caviloso Kan, parecía un hombre atrapado en el cuerpo de un pequeño.

– Dime Kan, como atacas a tus oponentes.

 

Kan quedo muy sorprendido dada esta pregunta.

– Puesto que… atacándoles claro!

– Muy mal echo joven! – Se burlo el luchador – Seguro que en más de una ocasión te has llevado una buena tunda ¿A que sí?

– Bueno… – El joven Samurai torció la cara a fin de que Omius no pudiese ver su vergüenza – Es verdad que me han vencido varias veces en estos un par de meses, mas tanto como darme una tunda… Mas siempre y en todo momento me he levantado, entrenado y mejorado aprendiendo de mis fallos!

Omius estaba sorprendido frente a la directa contestación del joven, otros abrían negado el hecho, no obstante Kan no solo había reconocido su falta. Además de esto la mayor parte de los jóvenes, aun la una gran parte de los adultos se rendían ante sus fallos, Kan aprendía y mejoraba con cada uno de ellos de ellos. Esto impresionó al guerrero, en ese instante a Omius no le cupo la mínima duda de que ese pequeño que tenía delante, una vez hubiese crecido, sería el mayor líder que nunca pisase la tierra.

– Eso que has dicho prueba que te mereces el titulo de Samurai que obstentas – El luchador miraba con admiración al pequeño Samurai – mas has de saber que el que conoce el arte de la aproximación directa y de la indirecta resultará victorioso. Ese es el arte de la maniobra.

– ¿Que deseas decir con eso? ¿Como puedo agredir de forma indirecta a alguien?

– Eso no lo puedes aprender en una tarde, baste por el día de hoy que aprendas estas lecciones que el día de hoy te enseño y también procures aplicarlas en tu vida rutinaria, a fin de que cuando llegue el instante de la lucha, puedas emplearlas como una parte más de ti. Solo un consejo más por hoy: si deseas hacer algo, haz que tu contendiente lo haga por ti.

– Buf! Prácticamente eres tan complicado como mi padre, os chifla llenarme la cabeza de acertijos! ¿Como puedo hacer que mi contendiente haga algo por mí?

– Muy simple, hay 2 formas: La primera es pedírsela, y la segunda es engañándole a fin de que lo haga. Te voy a contar una pequeña fábula:

<<Un taimado zorro atrapado por un tigre hambriento le engaño de la próxima manera:

“No te vas a atrever a comerme, pues soy superior al resto de los animales, y si me comes enfurecerás a los dioses. Si no me crees, solo debes proseguirme y revisar lo que ocurre.”

El tigre prosiguió al zorro en el bosque y todos y cada uno de los animales escapaban cuando les veían. El tigre, fascinado y sin darse cuenta de que era el que ocasionaba el temor, dejó que el zorro se fuera.>>

– Ves, es muy simple cuando aprendes como hacerlo. Por servirnos de un ejemplo tu eres un Samurai muy joven y aún tienes poca experiencia en la batalla. Abra muchos que no deseen alistarse en tu ejercito, puesto que aún eres poco poderoso. Conozco bien a los hombres, y a los aventureros especialmente. Si deseas que engorden más de manera rápida las filas de tu ejercitoutiliza la imagen de tu padre.

 

 

– ¿Como? ¿Puedo hacer eso? – Kan estaba atemorizado y encantado al unísono. – No sería mentir??

– Claro que puedes hacerlo Kan, quizás no formas una parte del ejercito de tu padre?

– Si, claro, estoy de manera directa bajo sus ordenes…

– Entonces todo aquel que forme una parte de tu ejercito lo va a ser asimismo del de tu padre…

– ¡Llevas razón! Muchos no desearon alistarse con migo por que  era muy joven… me llamaron fabulista… – Los ojos de Kan relucían de ilusión – mas absolutamente nadie se atrevería a llamar fabulista a mi padre, el general de generales!

– Verdaderamente aún va a haber gente que considere que no es lo suficiente buena, ostras sin perla como tu afirmas, no obstante va a haber considerablemente más gente que desee probar…

– Llevas razón, cuéntame más cosas… – Kan estaba encantado, aprendía muchas cosas que usar en la batalla.

– Solo una remata cosa mi joven superior, la mejor manera de solventar los inconvenientes es buscando su causa y actuando veloz “para librarse de las semillas, arrancar de raíz; a fin de que una cazuela deje de hervir, retirar el comburente” – Omiusbostezó, la luna ya estaba bien alta y había sido un día duro para él – Ahora tenemos que retirarnos a dormir, es ya tarde y mañana vas a ser el que deba enseñarme a mí.

– Conforme – Kan salto y hecho a correr asta su tienda – Asta mañana Omius!

– Bueno, bueno, semeja que este chaval es dicho y hecho… – Omius estaba verdaderamente sorprendido con el joven Samurai – …muy pronto va a ser el mayor estratega del planeta, prontísimo… – Y acostándose sobre un montón de hojas se durmió con las estrellas como su único techo.

La aurora, con sus resplandecientes dedos colorados, llego pronto. Omius era un guerrero experimentado, forjado en mil batallas y la instrucción que había recibido el día precedente no había caído en terreno erial. Se adecentó velozmente en el río y partió al camino ya antes incluso de que concluirá el amanecer.

Tras un largo pasear, llegó a su viejo campamento donde incluso dormían sus viejos camaradas.

– ¡Levantar haraganes! Es de este modo como ganáis las batallas.

 

100 soñolentos guerreros le miraron con cara de malos amigos, la noche precedente habían estado tomando hasta tarde y no tenían la cabeza para gracietas.

– ¡Venga! Alegrar esas caras y tomar vuestros petates aquellos que seáis valientes y deseéis conseguir gloria, riquezas y poder! – El veterano luchador los miro desafiante y sacando su larga espada bastarda pronunció estas palabras – Y el resto… Podéis moriros todos, puesto que jamás vais a ser más que simples guerreros borrachos!

– Que es lo que planteas tan coléricamente – respondió un guerrero oculto entre las sombras – las promesas que nos haces ya nos las ha hecho ya antes nuestro capitán, exactamente el mismo al que has descuidado.

– Lo que os planteo – Respondió experimentado Omius – Es uniros a un auténtico ejercito, uno que está regido por la camaradería y por la justicia, en el que cada guerrero recibe precisamente lo que bale, donde, si trabajáis para esto, podréis llegar al pues mismos os marquéis. Lo que os planteo es la mejor ocasión que pueden presentaros en vuestra triste vida, la de transformaros en un auténtico Samurai!

– Yo he oído algo sobre esos Samurais – Respondió un guerrero bajo y flacucho – Afirman que son capaces de efectuar verdaderas hazañas, que no les importa que seas guapo o bien feo, que seas de uno o bien otro color, te admiten como un hermano si eres justo y trabajas como debes.

– De esta manera es, y es cierto – Respondió Omius – Uniros a mí, transformaros en Samurais y vais a tener todo aquello con lo que habéis soñado. Posesiones, ejercito, amigos y sobre todo, dicha! Si, dicha, puesto que y también contemplado la faz de los Samurais y solo he encontrado paz y dicha en sus corazones. ¿Tenéis eso ? ¿Deseáis lograrlo? Eso es lo que os ofrezco ¡Uníos a mí!

– Son bonitas tus palabras Omius – Respondo un guerrero descuidados y lleno de pulgas – ¡Oíd todos! Mi hermano se unió hace un año a esos Samurais y no logró nada en las un par de semanas que estuvo con ellos. Ni dinero, ni poder ni sabiduría. Yo proclamo que eso es una estafa y que prefiero proseguirse durmiendo en las porquerizas, al lado de los cerdos, que unirme a esas gentes tan extrañas. ¡No son normales!

– Llevas razón – Respondió Omius – No son gente normal, ¡son personas excepcionales! Buenas personas que se dedican a asistir a el resto, no ha hurtarles como hace tu hermano, puesto que de ahí que está en la prisión, por ladrón. No me extraña que un cobarde como tu hermano no lograra llegar a ser un Samurai, puesto que la primera cosa que se precisa para ser un auténtico Samurai es un corazón puro y valiente. Tú y todos y cada uno de los que sean como y como tu hermano podéis quedaros al lado de los cerdos revolcandoos en los desechos, lo que busco son hombres valientes y puros, hombres que deseen asistir a el resto y llegar a ser algo en la vida. ¿Quienes de vosotros sois valientes y puros de corazón? Aquellos que lo seáis proseguirme y cambiareis vuestras vidas! – Dicho esto, el guerrero invicto dio la espalda a sus camaradas dándose la vuelta, y sin siquiera mirar a atrás echo a caminar por el camino.

De 100 solo fueron veinte los que le prosiguieron, el resto se quedaron bien por falta de confianza, bien por temor a fallar. No obstante eran esos veinte los que le interesaban a Omius, de ahí que paró en el camino en una agradable posada y los invitó a todos a bebida y comida a fin de que llegasen descansados y asimismo para contarles más sobre los Samurais.

Cuando llegaron a la tienda de el joven Kan, este terminaba de dar sus katanas a los nuevos Samurais, al ver elSamurai a el veterano Guerrero acompañado de tanta gente en un comienzo se sorprendió, mas enseguida le comunicóOmius que estos eran nuevos aspirantes a Samurai.

Kan quedo agradablemente sorprendido y también ilusionado, no obstante pronto descubrió que no tenía suficientes katanas en su tienda y partió presto a por más espadas para los nuevos practicantes a la tienda de su padre.

De esta manera entró Kan, corriendo y inquieto en la tienda de su padre, el general de generales, y se lanzó sobre las katanas que este tenía guardadas en un baúl contándolas una y otra vez procurando cargar el solo con las veinte de una vez.

– Hijo mío! Ya ni tan siquiera saludas a tu padre? ¿Tan esencial te has vuelto al hacerte Samurai que te olvidas de tu anciano padre?

– O bien padre, lo siento no os había visto – Respondió Kan abochornado.

 

– Ya lo creo! con veinte katanas entre los brazos no vería bien ni exactamente el mismo águila! – y cogiendo la mitad de las espadas para asistir a su hijo termino – a ver, deja que te asista ¿Donde las llevas?

– A mi tienda Padre…

– Puesto que vamos, que te voy a acompañar para asistirte, no deseo que te rompas la crisma contra un árbol que no puedas ver. Y cuéntame que es lo que te pasa por el camino!

– El día de hoy es un día feliz Padre! El día de ayer se unió a mi equipo un guerrero llamado Omius..

– Lo conozco, es un conocido guerrero destrísimo, afirman que es capaz de vencer a cualquiera con su espada.

– De esta manera es padre, puesto que la cuestión es que el día de ayer le entregué su katana de practicante, asistió por la tarde a su primera clase… – Kan suprimió a posta que después Omius le había dado clases privadas para eludir ofender a su padre – y el día de hoy mismo ha venido con veinte guerreros! ¡Veinte guerreros que desean ser Samurais!

– Entonces para ellos son todas y cada una estas espadas…

– Si padre, no tenía suficientes, con lo que decidí solicitarte prestadas unas pocas – la tez de Kan se estaba enrojeciendo.

 

– Ya, y con la emoción del instante se te olvido solicitarme permiso para cogerlas y decidiste tomarlas de forma directa ¿No?

– Eh… bueno, lo cierto es que sí.

– ¡No me estraña! ¡Yo asimismo hice lo mismo!

– ¿Que deseas decir Padre?

– Cuando aún era un joven practicante de Samurai – El blanco pelo de Kazo y su extraña sonrisa destacaban que esto había pasado hace mucho tiempo – Un buen día me hallé por los caminos con un extraño mendigo, el pobre me dio hiere y le di todas y cada una de las provisiones que llevaba encima. Eran toda el alimento que tenía, mas al día después tendría un plato lleno y el no. Con lo que decidí dárselo. Aquel mendigo me dio las gracias diciendo “Bendito seáis joven, y que todos vuestros sueños se vean cumplidos” tal fue la gratitud que despertó en mi corazón ese comentario que le pregunté por que se veía obligado a limosnear para subsistir y si podía hacer algo por él. “Mis progenitores murieron endeudados hace un par de años” me respondió “he intentado todo lo que resulta posible para abonar las deudas, mas solo he logrado desgracias… son tiempos bastante difíciles y semeja que estoy destinado para ser desgraciado” Tal coraje me ocasionaron en el corazón semejantes palabras que le respondí “Los tiempos duros crean héroes” a lo que el me respondió “Dame tu espada y voy a pelear con tanto coraje como jamás has visto luchar a un hombre, una ocasión necesito solamente para probar lo que valgo, eso es todo cuanto solicito a los dioses ¡Una simple ocasión!” sus palabras hicieron coagular una idea que se estaba forjando en mi cerebro “Acá tienes tu ocasión” le afirmé, y el me miró sorprendido “Únete a mí y vas a poder lograr aquello con lo que sueñas, deberás trabajar duro, eso no dudes. No obstante cuanto más duro trabajes, ¡mayor va a ser tu recompensa!” No acabe de decir estas palabras y ya estábamos caminando juntos cara el campamento. Una semana después el mendigo reunió a más de 100 mendigos y les exhortó a fin de que trabajaran para prosperar su vida, muchos fueron los que le sisearon y desdeñaron, no obstante veinte de aquellos mendigos se alistaron de forma inmediata. Cuando los vi llegar creí que eran una panda de ladrones, incluso de esta manera corrí a por las veinte katanas, como has echo el día de hoy, con la diferencia de que prácticamente me mato al regresar corriendo contra un árbol – Kazo se reía claramente – Incluso guardo una enorme cicatriz como recuerdo de ese árbol.

 

– Ya, y con la emoción del instante se te olvido solicitarme permiso para cogerlas y decidiste tomarlas de manera directa ¿No?

– Eh… bueno, lo cierto es que sí.

– ¡No me estraña! ¡Yo asimismo hice lo mismo!

– ¿Que deseas decir Padre?

– Cuando aún era un joven practicante de Samurai – El blanco pelo de Kazo y su extraña sonrisa destacaban que esto había pasado hace mucho tiempo – Un buen día me hallé por los caminos con un extraño mendigo, el pobre me dio hiere y le di todas y cada una de las provisiones que llevaba encima. Eran toda el alimento que tenía, mas al día después tendría un plato lleno y el no. Con lo que decidí dárselo. Aquel mendigo me dio las gracias diciendo “Bendito seáis joven, y que todos vuestros sueños se vean cumplidos” tal fue la gratitud que despertó en mi corazón ese comentario que le pregunté por que se veía obligado a limosnear para subsistir y si podía hacer algo por él. “Mis progenitores murieron endeudados hace un par de años” me respondió “he intentado todo lo que es posible para abonar las deudas, mas solo he logrado desgracias… son tiempos bastante difíciles y semeja que estoy destinado para ser desgraciado” Tal coraje me ocasionaron en el corazón semejantes palabras que le respondí “Los tiempos duros crean héroes” a lo que el me respondió “Dame tu espada y voy a pelear con tanto coraje como jamás has visto combatir a un hombre, una ocasión necesito solamente para probar lo que valgo, eso es todo cuanto solicito a los dioses ¡Una simple ocasión!” sus palabras hicieron coagular una idea que se estaba forjando en mi cerebro “Acá tienes tu ocasión” le afirmé, y el me miró sorprendido “Únete a mí y vas a poder lograr aquello con lo que sueñas, tendrás que trabajar duro, eso no dudes. No obstante cuanto más duro trabajes, ¡mayor va a ser tu recompensa!” No acabe de decir estas palabras y ya estábamos caminando juntos cara el campamento. Una semana después el mendigo reunió a más de 100 mendigos y les exhortó a fin de que trabajaran para prosperar su vida, muchos fueron los que le sisearon y desdeñaron, no obstante veinte de aquellos mendigos se alistaron de manera inmediata. Cuando los vi llegar creí que eran una panda de ladrones, incluso de esta manera corrí a por las veinte katanas, como has echo el día de hoy, con la diferencia de que prácticamente me mato al regresar corriendo contra un árbol – Kazo se reía claramente – Incluso guardo una enorme cicatriz como recuerdo de ese árbol.

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