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Libro “EL MANUAL SAMURAI” : EL NEGOCIANTE

#TatianaOrellana

Samurai-1

Fuente: Maestro Fenix

Hacía un precioso día, el caluroso sol de medio día calentaba los viejos huesos de Otark.
El viejo negociante estaba sentado delante de la puerta de su negocio, una suave brisa marina traía el dulce aroma del mar y el especialista mercader gozaba de este instante de paz escuchando los afelpados sonidos de las gaviotas mientras que admiraba su blanco plumaje contra el cielo azul.
Su suntuoso comercio tenía fama en toda la zona como el más completo… y costoso. Los costes de Otarkduplicaban y tresdoblaban los del resto de mercaderes de la zona, no obstante la extrema calidad y finura de sus productos atraía a incontables clientes del servicio todos y cada uno de los días. El especialista negociante les atendía a todos personalmente, o bien de esta manera había hecho a lo largo de su juventud, y extraña era la vez que salía un solo cliente del servicio de su comercio sin una cara alhaja y una enorme sonrisa en su cara. No obstante con lo que era conocido Otark no era ni por sus riquezas, ni por la finura de sus lonas o bien por la calidad de sus productos. El viejo Otark era conocido por su gran corazón en toda la zona, había ayudado a un sinnúmero de necesitados a lo largo de su larga vida, y todavía ahora, con sus viejos huesos doloridos, todos y cada uno de los meses repartía personalmente buena parte de sus ganancias. Jamás dejaba que un solo pequeño se quedase con apetito o bien que un mendigo pasase frío de noche.
Mientras que pensaba en esto, se fueron acercando unos sonoros pasos, firmes y orgullosos, un sonido que el viejo negociante identificaba como el caminar de los soñadores, de los triunfadores y de las personas habituadas a lograr sus metas. El especialista mercader abrió los ojos para percibir alegremente a su porvenir apoderado cliente del servicio para encontrarse… con un chaval de la edad de sus nietos!!!
Otark conocía a este chaval vestido con ropas de Samurai , era el hijo de Kazo, el general de generales Samurai. Quizá el usuario del viejo negociante que mayores riquezas tenía, y uno de los pocos que le superaba en oro y joyas.
– Buen día Kan! ¿Qué feliz viento te ha traído a acompañar a este pobre anciano? – Pronunció el especialista negociante con una sonrisa en la cara que era reflejo de su enorme corazón.
– Saludos Otark! – afirmó Kan utilizando el saludo formal entre Samurais – Me traen 2 vientos diferentes – respondió devolviendo la sonrisa – el primero de los vientos desea adquirirte una botella del mismo vino que te adquiere mi padre. Y el segundo – siguió el joven Samurai mirando de forma directa a los azules ojos del anciano – desea solicitarte un favor.
– En esa estantería tienes el fino vino que tu padre me adquiere para las ocasiones singulares, hazme el favor de cogerlo mismo, puesto que mis viejos huesos llorarían agriamente si les privase de este bendito sol. – Afirmó el viejo negociante con argucia – Ten cuidado con ese delicioso vino puesto que es fino y dulce como pocos y su fragancia acariciará tu nariz como solo puedes haber soñado. No obstante su fuerza se oculta tras su dulzura, tal y como si de una hermosa mujer se tratase, y si te apuras bebiéndolo sufrirás exactamente el mismo dolor que si esa preciosa mujer hubiese roto su casco contra tu cabeza. – Y acabó la oración con una carcajada que Kan no pudo refrenar imitar- En lo que se refiere a tu segunda solicitud… me la figuro – Afirmó pícaramente el anciano – Supongo que deseas que te haga una rebaja en el costo para poder obsequiarle la botella a tu padre ¿No es de esta forma?

 

 


El viejo negociante examinó la mirada del joven para poder ver su reacción y se sorprendió al descubrir una pura inocencia sumada a la solidez de un guerrero habituado a la lucha.
– No, el coste lo puedo abonar bien! – Afirmó sonriendo y posando 2 monedas de Oro sobre el mostrador como pago por la botella – Lo que deseo es que me enseñes a charlar como .
Tal fue la sorpresa que esta aseveración ocasionó en el anciano negociante, que se hubiese caído del cómodo banco en el que estaba acostado… si no fuese por que Kan reaccionó con los reflejos de Samurai y lo sostuvo por los hombros.
– ¡ES INCREÍBLE! – Pronunció Otark – Llevo aguardando más de cincuenta años a que mis hijos o bien mis nietos me hagan esa pregunta… y al final es un polluelo de Samurai quien me lo solicita!
El joven Samurai no sabía si sentirse halagado o bien herido frente a la aseveración del anciano, por si las moscas silenció las palabras que iba ha decir anunciando que era un auténtico Samurai, y en su sitio afirmó.
– Naturalmente puedo pagaros, no pretendo que desaprovechéis vuestro tiempo… – Kan se ruborizó – Me haríais un enorme favor si admitierais enseñarme, os lo suplico.
-¡Qué afirmas! ¿Pagarme? Eres el que me haces un honor a mi. – Los ojos del anciano relucían como en sus tiempos jóvenes – Has de saber que todos y cada uno de los hombres, al llegar a determinada edad, tenemos una necesidad imperiosa de educar lo que sabemos a alguien a fin de que nuestros conocimientos y experiencia no se vean perdidos con nuestra muerte… Y ya hace bastante tiempo que la he alcanzado!Pero pasemos adentro y pongámonos cómodos, que aún el día es joven y tenemos bastante tiempo para charlar.
La habitación era grande y espaciosa, una chimenea calentaba la estancia, al tiempo que el crepitar del fuego retumbaba mezclándose con el suave fragancia, de las finas maderas, con las que Otark lo nutría. El conjunto de estas sensaciones, sumadas a la fantástica visión de los azules y verdes estampados en los entapices que cubrían las paredes, sumía la habitación en un remanso de paz. La habitación carecía de ventanas, no obstante una cristalera en el techo tornaba los dorados rallos del sol en preciosos dardos azules y verdes. El corazón de Kan descansaba sosegado en su pecho mientras que observaba tal belleza.
– Esta es mi sala mágica – comentó Otark mientras que lanzaba los últimos leños al fuego – acá me relajo tras cada jornada y dejo que mi psique vuele de manera libre en pos de ideas que me dejen progresar mi corazón y mi ánima.
– No debe ser bastante difícil entre tanta belleza! – Exclamó sorprendido Kan – ¡Debe haberte costado una fortuna!
– Nada es demasiado costoso cuando de nutrir el ánima y el espíritu se trata, puesto que son la única parte de nosotros que pervivirá en el momento en que se caigan estos arrapos a los que llamamos cuerpo – afirmó apenado el anciano negociante – Mas ahora pongámonos cómodos, recostémonos sobre estos fantásticos cojines, que han sido rellenados a mano por doncellas chinas, utilizando para esto solo las más suaves plumas de los patos más preciosos. Y nutramos nuestro cuerpo, recreando a nuestro paladar con estos los más deliciosos manjares. Que nutriré tu ansia de conocimiento mientras que mi ánima se conforta con la visión de este, mi pequeño paraíso.


El joven Samurai se acostó como le mandó el sabio mercader y tomando una exótica fruta probó su dulce néctar, incluso sin hambre puesto que su emoción por los conocimientos a adquirir mitigaba cualquier otra emoción.
– La primera cosa que tienes que aprender es a ordenar tus ideas. Solo de esta forma vas a poder comunicar con claridad.
– Yo tengo las ideas clarísimas – restituyó Kan – o bien eso creo!
– Puesto que terminas de probarme lo opuesto! Debes aprender a ordenar tus ideas puesto que hay una forma de exponer estas ideas de tal modo que penetren de la mejor manera posible en la psique de nuestro interlocutor. De igual manera que una flecha atraviesa el viento desde su arco hasta su objetivo, tus palabras deben atravesar el aire desde tu boca hasta tu contrincante. Y de exactamente la misma manera que un especialista arquero sabe derrumbar 2 pájaros de un solo tiro, el especialista negociador sabe lograr el cerebro y el corazón del que escucha con exactamente las mismas palabras.
Kan estaba caviloso ¿De qué forma se podía llegar a la razón de un hombre y al tiempo a su corazón? ¿Cuál era la manera de ordenar sus ideas y transformarlas en palabras?
– Para esto debes continuar 5 pasos muy definidos con tus palabras – siguió el especialista negociante – Escucha atentamente, primero de todo deberás conseguir la total atención de tu interlocutor. Si no lo logras tus palabras y tus razones van a caer en la nada del olvido, en cambio, si consigues apresar la total atención de tu interlocutor, todo cuanto afirmes va a ser asimilado por su razón. Esto por sí es ya un enorme logro, por el hecho de que deseas que te escuchen ¿No es de este modo?
– Sí profesor – Kan pronunció involuntariamente la palabra profesor lo que se reflejó en una pequeña arruga de vergüenza en su cara, Otark sabio como pocos en el conocimiento del corazón de los hombres se complació ante su nuevo título y siguió .
-¿Qué vas a hacer tras captar la atención de tu interlocutor? – El anciano silenció con un ademán de su mano a su acólito – Después debes despertar su interés… ¿De qué forma ? existen mil formas, no obstante la mejor y la más eficiente consiste en destacar la mayor ventaja… ¿De qué?, de lo que conseguirá tu interlocutor si te hace caso ¿Por qué razón? Pues la atención es algo muy cambiante, es una cosa que se puede capturar con una oración, una pregunta… y que puede perderse por el simple batir de las alas de una mariposa. Por este motivo tienes que crear un interés que corroa por la parte interior a tu interlocutor, tienes que hacer que desee escucharte, que se sienta tentado, que desee saber más… sino más bien logras esto entonces habrás perdido la batalla justo en su comienzo puesto que va a haber otra cosa que distraiga su atención; en cambio, si logras despertar el interés en lo queestas diciendo… cada palabra que pronuncies va a ser como una gota de agua para un sediento. Y todas las razones que des van a ser escuchadas y analizadas una por una, con lo que si tu argumento es justo y veraz lograrás aliviar su sed y ¿Qué grande es el agradecimiento de un sediento al que le das de tomar? Ahora tienes que llevar cuidado, puesto que si el agua que le das está opaca o bien agria… solo lograrás que su odio sea enorme.
– Anciano, entonces… ¿De qué forma puedo despertar el interés? – Preguntó Kan – Me afirmas de manera sabia que debo hacerlo destacando alguna cuestión esencial para él, algún beneficio que vaya a conseguir, algo que sea de su interés después de todo – Otark asintió con la cabeza en señal de reconocimiento – Mas… ¿De qué manera he de hacer esto? ¿Quizás he de soltar un alegato anterior a mi argumento?

 


– No pequeño Samurai , si de esta forma lo hicieses solo conseguirías hacer meditar a tu interlocutor que eres un farsante y un fabulista, con lo que te expulsaría de su lado al momento – El anciano hizo un violento ademán para destacar este hecho – Tanto la atención como el interés debes despertarlos con una sola oración, cuanto más breve mejor.
El joven Samurai bajó la mirada, las palabras del anciano negociante eran sabias, mas como acostumbra a ocurrir con las palabras sabias eran complejas como pocas ¿Verdaderamente se podía conseguir lo que el especialista negociante afirmaba? Indudablemente había que ser considerablemente más especialista y conocedor en el corazón de los hombres para conseguirlo, de lo que lo era. Tal vez cuando medrara un tanto más lo entendería.
– Kan! ¿No deseas llegar a ser un Samurai como tu padre? Si no te agradan mis consejos puedo callarme!
– Por supuesto que sí anciano! Solo estaba meditando – Otark se reía ostensiblemente – Por favor seguid , os escucho… – Siguió Kan vacilando frente a la estruendosa carcajada del especialista negociante.
De súbito Kan se dio cuenta. ¡El anciano le había tomado el pelo! El muy taimado sabía cuales eran las dudas que golpeaban su ánima y las había despejado todas y cada una de un plumazo. Ahora era el joven Samurai el que se reía a pleno pulmón! Y eso que había creído que era bastante difícil! Era imposible estar más distraído de lo que había estado en esos segundos, prácticamente en estado de trance. Y con solo vocalizar su nombre y 2 oraciones el sabio anciano había logrado abstraerle de sus pensamientos, apresar su atención y despertar su interés con un furor que prácticamente le había hecho suplicar al especialista mercader que siguiese su relato. Los 2 reían claramente, el anciano negociante sentado sobre sus viejas rodillas y el jovenSamurai tendido sobre los suaves almohadones chinos.
– Anciano! ¿Quizá deseáis reiros de mí? – Respondió de pronto Kan realmente serio – Enseñarme más por favor, estoy expectante de aprender… – Al instante el anciano silenció sus risas, tomó aire para charlar… y habría comenzado a charlar si no se hubiese fijado en la enorme sonrisa que procuraba esconder el joven ineficazmente.
– Demonios pillastre! Me has vencido con mis armas – El anciano no sabía si enojarse o bien sentirse orgulloso por tener un acólito tan experimentado – Has empleado mis armas para captar mi atención y despertar en mi el interés por hablarte! – y mientras que se levantaba siguió diciendo – Ven acá! Descansemos mientras que comemos algo. Que mi viejo estómago me notifica que no está lejos la hora de el alimento y tengo acá guardadas las más sabrosas viandas. Indudablemente no has probado jamás dátiles tan sabrosos ni tan finos como estos, cuando los pones encima de tu lengua sientes como se funden en tu boca dejando correr sabores por tu paladar como ni en tus más sustanciosos sueños habías imaginado ¿Deseas probarlos? Ten, coge uno – Afirmó mientras que le tendía la bandeja
Kan instintivamente cogió un dátil y se lo puso en la boca como había dicho el anciano y cerró los ojos para degustar mejor los coloridos sabores que empezó a apreciar en exactamente el mismo instante en que cerró su boca.
Al abrir los ojos halló a un sonriente Otark sentado ante él . En ese instante se acordó de una cosa que había olvidado durante un momento, los dátiles no eran plato de su gusto, hacía unos años que no los probaba y… no obstante estos le habían agradado, lo más curioso es que no se había resistido a probarlos como generalmente estaba habituado a hacer.


– Sí! – Pronunció el anciano con cara sonriente – Conozco tu inquina a los dátiles, no obstante estos están rellenos de exquisiteces y su sabor es absolutamente diferente , estos fueron los que tu madre te ofreció la semana pasada y que tu rechazaste a lo largo de horas pese a sus insistencias. Me lo contó tu padre hace un par de días mientras que me adquiría dos esas botellas de vino que tanto le agradan.
– Entonces… – respondió el joven Samurai desconcertado – ¿Me has encantado? ¿Qué truco has utilizado para engañarme? Puesto que no recuerdo que me forzases, más bien al revés cogí mismo el dátil de buen grado y lo probé aguardando el fantástico sabor que me habías prometido. Por favor explícamelo y… ¿Puedo coger otro?
El anciano le tendió la bandeja llena de dátiles por contestación y Kan comenzó a degustarlos distraídamente mientras que escuchaba al anciano.
– No he utilizado ningún hechizo mi querido practicante – Comenzó el profesor – solo he ordenado mis ideas y las he expuesto de tal modo que las has admitido como una enorme verdad, debido a que he logrado llegar a tu cerebro y a tu corazón al tiempo… o bien esta vez a tu estómago que es un órgano muy similar – Otark sonrió y Kan respondió con otra sonrisa mientras que se limpiaba con la manga un reguero de dulce de su boca. – Si recuerdas mis palabras precisas la primera cosa que hice fue captar tu atención. – El anciano guardó un instante de silencio a fin de que Kan pudiese rememorar sus palabras precisas – Lo que hice con un simple “Ven acá!” Estas 2 palabras captaron tu atención, y mis siguientes palabras despertaron tu interés – El joven Samurai las recordaba bien, eran “Descansemos mientras que comemos algo” y asintió con la cabeza para darle a comprender al anciano que las recordaba – Esas palabras crearon interés en ti por el hecho de que llamaron a 2 naturalezas básicas de todo humano, sea hombre o bien mujer, anciano o bien joven, que son DESCANSAR y COMER – pronunció destacando las palabras con un ademán – a ti, naturalmente, te interesaba tanto el reposar como el comer, conque tu interés se dirigió cara a mí intentado descubrir que era lo que te ofrecería… hasta ahí conoces los secretos que usé . – El especialista negociante puso cara de complicidad – Mas el secreto que no conoces es qué es lo que hay que hacer tras despertar el interés en tu interlocutor – El anciano guardó intencionado silencio forzando a Kan a pensar sobre el tema.
– Recuerdo que me afirmaste que tenías apetito y que ya iba siendo hora de comer y que tenías comida guardada – Kan procuró descubrir el enorme misterio que contenían esas palabras, sin hallar más que simples palabras – No-sé profesor, solo me diste razones por las que comer, no veo ningún secreto – El joven Samurai tenía una cara tan apenada que el anciano prácticamente sentía remordimientos, mas deseaba que fuera mismo quien lo descubriera, puesto que esta era una lección fundamental.

 

– ¡Ahí está el secreto! – Exclamó el anciano por fin – En el momento en que has captado la atención de tu interlocutor y que has despertado su interés… debes persuadirlo de que lo que afirmas es cierto, veraz, que tiene sentido y lo que es más! ¡Que tienes toda la razón del planeta! – Los ojos del anciano le afirmaban a Kan que de vez en cuando la sabiduría no es más que lo rutinario disfrazado de genialidad – Y.. ¿Que mejor manera para persuadir que con razones? De ahí que ya antes te afirmaba que si para aliviar la sed del interés de tu interlocutor usas aguas turbias y agrias solo lograrás que te rechace, pues si tus razones no son verdades, irrebatibles, si ocultas en ellas segundas pretensiones o bien deseas dártelas de interesante haciéndolas complejas y también impenetrables… solo lograrás que tu interlocutor desconfíe de ti, y te expulse de su lado, puesto que pensará que deseas engañarle… – la cara del anciano se volvió agradable y relajada, un ligero brillo teñía sus viejos ojos con una fuerza inusual para un hombre de su edad – en cambio, si le das de tomar al sediento las aguas claras de la razón, si tus razones son verdades irrebatibles, si solo cobijas buenas pretensiones en tu corazón, y tus palabras son lógicas y razonables… aliviarás la sed del sediento y su agradecimiento y amor por ti van a ser enormes, con lo que va a estar bien predispuesto para hacerte buen caso, puesto que va a reconocer en lo más hondo de su cerebro, de su razón, que eres un hombre justo y que no cobijas desalmadas pretensiones contra él.
Kan guardó silencio un segundo mientras que meditaba las palabras del anciano, eran ciertas y sabias, ¡tal vez más incluso que las de su padre! El joven Samurai repasó mentalmente la forma adecuada de expresarse. Primero tenía que captar la atención de su interlocutor, podía ser con una aseveración sorprendente, una pregunta atractiva… o bien sencillamente pronunciando su nombre o bien con una oración común y corriente que hiciese que le escuchasen, si bien solo fuera durante un momento, era todo cuanto se precisaba, verdaderamente ¡había mil formas diferentes! Atractivas, comunes, cortas, largas… y todas y cada una eran válidas! Solo era preciso captar la atención ¡Y esto era sencillísimo en sí! Después solo había que dar una razón a su interlocutor a fin de que le escuchase ¿Y como se hacía esto? Simplemente ¡¡¡Despertando su interés!!! Podía hacerse con una pregunta, con una oración positiva, aun con un ademán! De mil formas diferentes, si bien como le había dicho el anciano, para esto lo mejor era dejar entrever algún beneficio que el interlocutor conseguiría si le escuchaba. Igual que cuando su padre le afirmaba que si leía atentamente las viejas escrituras Samurai lograría llegar a ser un auténtico Samurai, estas palabras siempre y en todo momento habían provocado en él el interés y el ansia por leer esos escritos ¡Por el hecho de que deseaba ser un verdaderoSamurai! No obstante entonces eran los escritos los que verdaderamente le enseñaban las especialistas artes de losSamurais y la oración de su padre no era más que un anzuelo que le hacía picar y enmarañarse en el sedal de la sabiduría y el conocimiento. De igual manera que el despertar el interés del interlocutor solo era un anzuelo a fin de que este escuchase con ansia las razones y la explicación de lo que tanta curiosidad le despertaba. Estaba claro que la meta de captar la atención del interlocutor estaba solo en conseguir que este escuchase la oración que iba ha despertar su interés… el interés no era más que un sutil anzuelo mental para lograr que su interlocutor escuchase su argumento.


Tenía mucha lógica, puesto que muy frecuentemente mientras que había estado explicando los beneficios de ser Samurai a ciertos aspirantes… estos se habían marchado dando disculpas que Kan creía haber dejado claras. La razón de que esto fuera de esta manera es por que no tenía ni su interés ni su atención, con lo que sus palabras caían en alas del viento sin surtir ningún efecto. Desde este instante recordaría y aplicaría estos 3 pasos esenciales ya antes de expresar sus ideas en voz alta!
– Creo que lo he entendido por fin – Afirmó kan tras pasarse muchos minutos meditando sobre las palabras del anciano – Al fin sé como expresarme de forma lógica y ordenada. ¿Ya lo he aprendido todo profesor?
– Si has aprendido esto – respondió pacientemente el sabio negociante – indudablemente sabes ya más sobrecomo charlar y persuadir a los hombres que muchos grandes hombres de ciencia. Hasta el momento has aprendido a charlar a la razón de los hombres, que es la que rige sus pensamientos y sus ideas, no obstante lo que rige las acciones de los hombres no es su cerebro, sino más bien su corazón. Todos y cada uno de los hombres somos esclavos de nuestros sentimientos, rigen cada una de nuestras acciones y son los que deciden lo que verdaderamente hacemos… si bien no lo queramos reconocer y pretendamos dejarlos de lado, tenemos que rememorar que el corazón es quien bombea la vida en nuestro cuerpo y… cuando este deja de palpitar… nuestra vida se termina de manera inmediata. Del mismo modo rige asimismo nuestras acciones. Vas a poder ver a un hombre efectuar acciones contrarias a sus ideales, como servir como un esclavo, batallar por un señor por el que no cree o bien aun vestirse con ropas que considera inadecuadas… mas jamás veras a un hombre ir contra sus sentimientos sin padecer hasta el extremo. Puedes ver a un hombre matar a un contrincante contra el que no tiene nada, aun si matar va contra sus opiniones morales, mas jamás le vas a poder ver matar a aquellos a los que ama. Puedes ver a un hombre aguantar apetito y sed sin hacer nada por estimar que hurtar es injusto, no obstante le veras hurtar y matar si hace falta si los que pasan apetito son sus hijos. Puedes ver a un hombre poderoso y solo pensar que es agraciado, no obstante es interminablemente más feliz la madre cuyo único tesoro es su hijo recién nacido. Quítale sus posesiones a ese hombre y te va a insultar y retara, quítale su hijo a esa madre y te va a matar. – Kan escuchaba con la boca abierta frente a las duras palabras del anciano profesor.
Al ver la sombra de la duda en la cara del joven Samurai , el sabio anciano decidió probarlo.
– Dime Kan, si vieses desde la lejanía que unos delincuentes están abusando de una mujer… ¿Qué harías?
– Indudablemente los atacaría para salvarla y asistirla – respondió persuadido el joven Samurai.

 


– Bravo por tu parte chaval! ¡Muchos hombres más maduros y fuertes que escaparían temiendo por su vida! – El anciano estaba orgulloso frente a la contestación del joven – Ahora bien, si los delincuentes estos fuesen treinta, todos fuertes, robustos y armados… y por alguna casualidad del destino no portaras arma alguna… ¿Qué harías?
– En un caso así, lo más prudente y eficiente sería correr a solicitar ayuda y a armarme, puesto que de nada serviría fallecido y en el suelo a esa pobre mujer – los ojos del joven Samurai se discutían incómodamente por la habitación por los caminos que estaba tomando la charla. Otark apresurado terminó de grabar a fuego la dura lección en Kan.
– Y dime Kan… si descubrieses que esa mujer era tu madre ¿Qué harías? ¿Proseguirías huyendo como un cobarde?
– NO! – Kan se levantó de un salto indignado – cogería un palo, una piedra, lo que fuera… ¡Y LOS MATARÍA A TODOS! – El odio forjaba los ojos y el ánima de Kan como jamás ya antes había sentido. En ese instante se sentía capaz de enfrentarse a esos treinta hombres y terminar con todos uno a uno.
– Buenísima contestación Kan – Afirmó el anciano mientras que calmaba al joven cogiéndolo por un hombro – relájate, solo es una suposición… – afirmó mientras que sentaba al joven Samurai – Ahora dime francamente… ¿De qué manera terminarías con ellos?
– Puesto que… – El rubor de la impotencia teñía las mejillas del acólito – francamente no lo sé anciano, probablemente moriría – las lágrimas afloraban de los ojos del joven – mas te aseguro que por más que mi razón me señalase que lo más seguro para mi y para mi madre es correr y solicitar ayuda… te aseguro…- y terminó de decir mientras que levantaba y apretaba con fuerza su puño derecho – te aseguro que me encararía a todos si bien me fuera la vida en ello.
– Y con esa resolución es posible que hasta consiguieses vencerles – pronunció el anciano verdaderamente impresionado por la increíble furia contenida en la frecuente inocencia del joven – Siento haberte hecho pasar por esto, mas… ¿Ahora comprendes que verdaderamente es el corazón quien rige nuestros actos? Es posible que la razón te ordene algo… aun que esto sea lo más recomendable, no obstante terminarás haciendo lo que tu corazón te ordene. De ahí que ningún hombre puede traspasar el desfiladero de las Beldades…
Kan quedó sorprendido y meditabundo al unísono. No existía duda alguna, era el corazón el que tomaba la resolución final… si se lograba que el cerebro y el corazón estuviesen conforme… el convencimiento era completo, y no solo el convencimiento, sino más bien asimismo el deseo. Verdaderamente poder persuadir a alguien de algo y después hacerle querer ese algo… era un poder muy grande… y realmente útil! Con este poder se podría conseguir lo que se quisiese en cualquier campo de la vida! Verdaderamente deseaba saber más…
– Entonces anciano – afirmó meditabundo el joven Samurai – tras persuadirme de que era hora de comer, me hicisteis querer lo que ofrecías hasta tal punto que olvidé todas y cada una mis reservas por los dátiles y los comí sin meditar…
– De esta manera es, primero capté tu atención, después desperté tu interés diciéndote que íbamos a comer algo, ahora te persuadí de que era hora de comer y ahora te hice querer el alimento que te ofrecía.
– Entonces la parte más esencial de todas y cada una… – preguntó incierto Kan – …es la de despertar el deseo?
– Eso es! – respondió orgulloso Otark – Descubre cuál es el deseo de un hombre y minarás su libre arbitrio.
– Descubre cuál es el deseo de un hombre… – repitió de forma lenta el joven Samurai para grabar esta oración en su psique – y minarás su libre arbitrio… ¡Mas este es un don fantástico! – Exclamó encantado – … ¡Y peligrosísimo!
– Estaba aguardando a que afirmaras eso Kan – el sabio estaba sentado realmente serio frente al joven Samurai – esto que te estoy enseñando es un poder enorme, el poder de dirigir a los hombres, el poder de minar su voluntad a fin de que efectúen lo que tu quieres… debes tener mucho cuidado al usarlo. Solo los más puros de corazón deben usar este poder de lo contrario se transformarían en sátrapas, en dictadores. Puesto que si bien para llegar a supervisar plenamente este don que el día de hoy te estoy enseñando precisarás años de experiencia, a lo largo de los que deberás practicar esta forma de expresión en todas y cada una de tus conversaciones… si lo empleas con fines deplorables, tarde que temprano se volverá contra ti y vas a tener masas de personas contra ti. En cambio, si lo usas solo para el bien, para asistir a el resto, para guiar a los que precisan guía, para asesorar de forma sabia a aquellos que precisan consejo, para asistir a otros a cumplir sus sueños y ambiciones… si de esta manera lo haces pequeño Kan, cualquier día, en ciertos años vas a llegar a ser un hombre entre los hombres, muchos van a ser los que te proseguirán y tu voz va a ser ovacionada por las masas. Tu éxito va a ser mayor del que puedas imaginarte y miles y miles de hombres pronunciarán tu nombre con respeto y admiración. Al comienzo van a ser solo unos pocos, después el número va a ir medrando progresivamente… y al final vas a poder regir reinos, dirigir ejércitos o bien cualquier otro objetivo que te plantees, puesto que por cada persona que transformes a tu causa tu poder se va a doblar . Sé que en tu ejército soleis decir “7 Samurais pueden desplazar el planeta”, y es cierto, ahora imagínate el poder de 100 Samurais, de Mil Samurais, de Diez Mil Samurais… ¿Qué no pueden hacer Diez Mil Samurais? El don que el día de hoy te doy te dejará dirigir a más de Diez Mil Samurais… ¿Es eso lo que quieres?

 


– Sí SÍ! – Kan se levantó de un salto, sin saberlo Otark había logrado descubrir su sueño – Eso es lo que deseo y ese es mi objetivo, reclutar, formar y entrenar al más grande ejército Samurai de todos y cada uno de los tiempos. Llegar a ser conocido por mi poder y amado por mi esplendidez y mi justicia. Profesor! – Afirmó sentándose – sé que no me lo has contado todo. Yo ya sé que es preciso despertar el deseo para conseguir que mi interlocutor haga lo que deseo, no obstante no sé como hacerlo ¿De qué manera se habla al corazón de los hombres?
– Eso es muy simple joven – Otark sonreía ante el interrogante de Kan, esta parte deseaba haberla guardado para otro día mas el joven Samurai era más avispado todavía de lo que el anciano había calculado – El deseo es una débil planta que nace en el campo del convencimiento, si este campo es débil y también insalubre la planta medrará marchita hasta fallecer en forma de decepción y amargura… si al contrario este campo esta bien formado y es fértil, la planta medrará hasta transformarse en un poderoso roble. Para esto, tras crear un sólido convencimiento con unas razones lógicas y unas verdades irrebatibles, deberás plantar primero la semilla del deseo, primero tendrás que hacer que tu interlocutor imagine de manera perfecta el objeto o bien la situación de la que le charlas, apelando a sus sentidos. Si es una fruta descríbesela… y hazlo de una manera que resulte sugerente, apetecible, no es exactamente lo mismo decir “una manzana en el árbol” que da una idea vaga de la fruta, que decir “En el árbol descansa una bella manzana, roja, apetecible, madura. El viento la balancea suavemente mientras que extiende su agradable aroma por el verde campo. Llena de vida espera pacientemente a que algún paladar valiente disfrute de su fantástico néctar. Mientras su suave piel rojiza acaricia a sus hermanas”. – El joven Kan se relamió frente a la descripción de su sabio profesor, el que al ver la reacción de Kan prosiguió sonriendo – Cuando le has hecho imaginar bien el objeto o bien la situación tienes que hacerle imaginar que goza de él “Ahora imagina que coges esa apetecible manzana entre tus manos, siente su suave piel contra el borde de tus labios, su dulce aroma acaricia tu olfato haciéndote quererla, miras la manzana, es grande y roja, semeja una fuente de vitalidad, al fin la muerdes, de forma fuerte, con ímpetu. Y un fantástico néctar anega tu boca, su sabor hace estremecer tu paladar, su pulpa de deshace poquito a poco en tu boca haciéndote gozar como jamás ya antes has gozado comiendo. Sientes como su vigor penetra en tu cuerpo devolviéndote la fuerza y ves como tus músculos recobran su fuerza” – El anciano se aproximó al guardarropa y cogiendo una preciosa manzana se la lanzó al pobre Kan que estaba literalmente babeándose frente a la descripción del anciano profesor, enseguida la sujetó al vuelo y la devoró a grandes mordiscos mientras que el anciano negociante se reía a carcajada limpia. – Puesto que bien, se supone que ya antes de decir esto le has persuadido de que las manzanas son buenas para el cuerpo, después le describes la manzana haciendo que se la imagine y hacontinuación haces que se imagine gozando de todo lo que puede suponer una ventaja para él. En ese instante has conseguido despertar el deseo, has conseguido charlar a su corazón y este te ha escuchado, ahora que su corazón te escucha es cuando debes hablarle por último para hacer que verdaderamente haga lo que quieres… “¿Te imaginas a tus hijos gozando de estas manzanas? Si te ha hecho gozar de este modo, si te ha hecho tanto bien a ti… ¿Qué no va a hacer por ellos? ¿Y qué padre no desea que sus hijos gocen de la mejor comida a fin de que medren sanos y fuertes? ¿Te imaginas lo contentos que se van a poner cuando les des una manzana a cada uno de ellos y la prueben? ¿Te imaginas sus caritas de agradecimiento? ¿Sientes como te abrazan con sus brazitos? y te afirman… “Te quiero papa!” –
– O sea – interrumpió el joven Samurai – que ahora doy donde duele ¿No es de esta forma?
– Bueno… – el anciano se reía de la bastedad de Kan – Aproximadamente, puedes decirlo de este modo… – Sus carcajadas retumbaron por toda la habitación – lo que deseo decir es que tras haber despertado el deseo debes charlar de manera directa a los sentimientos, amor, hermandad, amistad, familia… lo que verdaderamente importa en la vida. De esa forma va a quedar completamente desarmado.

 


– ¿Y después? – Preguntó curioso el alumno.
– Bueno, hasta el momento has llamado su atención, has despertado su interés, le has persuadido de que lo que afirmas es cierto, le has hecho querer las ventajas que conseguirá haciéndole imaginar y vivir estos beneficios y al final has hablado de manera directa a su corazón para reunir la fuerza de la razón, el deseo y el amor a favor tuyo, con lo que ahora solo te queda… – el sabio hizo una pausa trágica y usando un cojín por espada azoto con él a su joven alumno mientras que exclamaba – REMATAR!
Kan cogido por sorpresa se halló tendido en el suelo, derruido de su asiento por un enorme cojín de plumas que se rompió en el impacto provocando una lluvia de plumas suaves y blancas como la nieve que se desperdigaban de manera lenta por toda la habitación.
– Semeja que a mis noventa y dos años aún puedo vencer a un joven Samurai!!! – Exclamó riéndose Otark.
Por contestación el joven Samurai reventó en unas enormes carcajadas que le hicieron atragantarse con un puñado de plumas.
– ¿A qué te refieres con rematar? – Preguntó al fin Kan cuando logró recobrar la respiración.
– A que hasta el momento has comunicado tus ideas a tu interlocutor para lograr que haga alguna cosa… conque es hora de decirle que lo haga.
– ¿Y de qué manera hago esto? Supongo que es la oración más frágil de todas y cada una – exclamó persuadido el joven alumno mientras que sacudía las últimas plumas de su quimono.
– ¡Que va! es la más temida… y la más simple – respondió con sinceridad el anciano – Únicamente tienes que decirle que lo haga de la manera más natural del planeta. Date cuenta que su razón está segura de que es justo, quiere hacerlo o bien tenerlo, y su corazón siente que debe hacerlo… – La conclusión era tan lógica que dejó que fuera el propio Kan quien acabase la oración.
– De este modo solo falta darle el último empujón ética a fin de que lo haga… – el pupilo estaba sorprendido por tal sencillez – ¡De qué forma cuando con los dátiles me afirmaste sencillamente… Coge uno! Yo pensaba que era lo justo y deseaba hacerlo, conque sencillamente reaccioné ante tu orden sin meditar y lo cogí.
– Preciso, en el ejemplo de las manzanas, si las estuvieramos vendiendo a un padre sencillamente le preguntaríamos… ¿Cuantas deseas? ¿Solo 6 o bien una docena?
– O sea – restituyó el joven – le dejamos que decida.
– No! Eso jamás! Si no deseas exponerte a echar todo el trabajo a perder! – Exclamó el especialista negociante – Jamás tienes que dejarle decidir de forma directa, naturalmente que es quien va a decidir. No obstante para bastantes personas tomar hasta la más pequeña resolución supone un horrible esmero. Lo que debes hacer son 2 cosas, o bien sencillamente decirle que lo haga… o bien mejor todavía, darle a seleccionar entre 2 opciones, de esta manera va a sentir que es el quien manda… si bien verdaderamente vas a ser quien impondrás las condiciones. Por poner un ejemplo si le afirmas ¿Deseas este o bien prefieres este otro? Le inducirás a que elija uno de los 2 – Y agregó tras una breve pausa – En general elegirá la remata opción solo por quees la que mejor recuerda – sonrío al decir esto – y de vez en cuando la primera por sentir que es quien domina. Lo esencial es que habrás logrado lo que deseas. En mi caso efectuar una venta más, en el tuyo… que un soldado cumpla órdenes o bien que pegue un salto, no sé lo que hacéis precisamente losSamurais… – terminó de decir con un encogimiento de hombros.

 


– Verdaderamente Otark. – respondió Kan realmente serio – Lo que generalmente hacemos es exactamente lo mismo que el día de hoy hemos hecho y – una mueca de incredulidad cubrió el semblante del anciano – nos pasamos las tardes enseñándonos unos a otros lo que sabemos, puesto que es la única forma de prosperar como Samurais y como personas. Naturalmente asimismo practicamos muchos sanos ejercicios y aprendemos y adiestramos con nuestras armas. No obstante pensamos que la mayor arma que puede tener un hombre es su cerebro – El anciano aprobó con un ademán positivo esta aseveración – con lo que nos pasamos todas y cada una de las tardes reunidos enseñándonos mutuamente lo que sabemos para prosperar, en ocasiones los más jóvenes contamos lo que hemos aprendido, si bien generalmente son los más ancianos y veteranos Samurais los que se sientan delante de hasta veinte jóvenes aspirantes a Samurai y les enseñan todo cuanto saben a fin de que estos jóvenes se transformen en verdaderos Samurais. Generalmente la gente considera que para ser un auténtico Samurai debes ser un hombre robusto con grandes músculos y gran vitalidad, no obstante lo que define a un auténtico Samurai es su sabiduría y su gran corazón. Yo que solo tengo 12 años soy un Samurai reconocido – La cara de sorpresa de Otark no podría ser mayor si se le hubiese aparecido un espectro, miró la empuñadura de la espada katana del joven y reconoció las marcas dorado-plateadas que le identificaban como un auténtico Samurai – Hace poco que lo logré y soy el más joven Samurai que existe. No obstante soy una muestra de que se puede uno transformar en un auténtico Samurai a cualquier edad! – Kan miró fijamente al anciano tal y como si se le acabase de acontecer – Tu mismo a tus noventa y dos años de edad podrías transformarte de forma fácil en un Samurai. Imagínate! El más anciano y sabio Samurai! Indudablemente te pasarías las tardes sentado bajo el cielo azul sobre un verde campo, dejando descansar tus viejos huesos al Sol mientras que veinte jóvenes practicantes escuchan atentamente tus enseñanzas. ¿Te imaginas sus caras de admiración tras cada oración? ¿Eres capaz de percibir sus susurros alabando la sabiduría de su profesor? ¿Quizás no quiere tu corazón educar todo cuanto sabes? Si deseas mismo puedo hacerte Samurai. ¿Quedamos mañana y te enseño el campamento? ¿O bien puedes esta tarde? Aún quedan unas horas de luz – Acabó de decir mientras que se levantaba de los cómodos cojines y prolongaba la mano para asistir al anciano a levantarse.
– Sí, aún quedan unas horas de luz – exclamó el viejo negociante mirando la colorida cristalera del techo cuando de pronto se quedó absolutamente paralizado.
– ¡Vas a ser pillastre Samurai mal nacido! – Exclamó riendo Otark – ¡¡¡Puesto que has vuelto a liarme con mis artes!!! – Kan se reía por lo bajo procurando que no le viese el anciano – Bueno, desde cierto punto de vista técnico deberás pulirte un tanto más, la fase de atención ha estado bien, el interés ha sido perfecto – afirmó poniendo cara de profesor severo – en lo que se refiere a tu argumento, debes aprender a ordenarlo un tanto mejor, si bien no está nada mal para un principiante de 12 años… y cuando despiertes el deseo describe más, llama más a los sentidos. La cuestión de charlar al corazón es mejorable si bien ha sido eficiente. Eso sí! Ha estado realmente bien eso de dar por hecho el remate, levantarte y tenderme la mano, invita a la acción y eso es buenísimo. Y ahora – afirmó mientras que recogía una capa de su guardarropa vamos corriendo al campamento mientras que haya luz, que me has metido ganas de ser el Samurai más viejo del planeta… y de instruir a todos esos practicantes… – y agregó mientras que golpeaba el hombro del joven con una fuerza inusual para su edad – ¡Vaya como aprendes pillastre!

 

– Es que he aprendido del mejor! – Respondió Kan con una sonrisa mientras que se frotaba su dolorido hombro.
– ¡No me pongas disculpas Samurai! – pronunció el sabio Otark mientras que miraba fijamente a los ojos a Kan – Se que llegarás considerablemente más lejos de lo que jamás absolutamente nadie ha conseguido, solo deseo solicitarte una última cosa. Jamás uses lo que el día de hoy te he enseñado por egoísmo o bien maldad, terminaría destruyéndote desde dentro. Úsalo para asistir a el resto, para empujarles a lograr sus objetivos y a ser completamente felices en la vida. Si de esta forma lo haces lograrás ser el hombre más poderoso del planeta. Un hombre puede ser aquello con lo que sueñe solo si trabaja todos y cada uno de los días por este motivo. Cara hora, cada segundo debes trabajar para lograr tus objetivos. Prométeme que lo vas a hacer de esta manera y que día tras día procurarás organizar tus ideas para expresarlas como el día de hoy te he enseñado. Es posible que al comienzo cometas muchos fallos – afirmó quitándole relevancia al tema con un ademán de su mano – no obstante, al final vas a hacer que esta forma de expresarte sea una parte de tu ser, y poquito a poco los que te rodean te van a mirar con mejores ojos, con más amor y te van a ver como una fuente de sabiduría, como un modelo a tomar. Entonces te proseguirán allá donde tu afirmes, van a ser miles los que asistirán a percibir tus alegatos. ¿Eres capaz de imaginarlos? ¿Eres capaz de ver a la muchedumbre deseosa por que les charles? ¿Eres capaz de imaginarte dándoles ánimos, motivándoles y hablando a sus corazones? ¿Oyes su rugido contestándote? ¿Sientes el palpitar de sus corazones apoyándote? ¡No les defraudes! Anímales, Motívales, Haz que sean más felices y que trabajen para cumplir sus objetivos en la vida. Y sobre todo demuéstralo en tu carne, no dejes pasar un día, ni una hora, ni un segundo en que cada fibra de tu ser trabaje para lograr aquello que quieres. ¡¡¡HAZLO ASÍ SAMURAI!!! ¡¡¡ACTÚA!!! Y lograrás todo lo que quieres!
Kan miró a Otark con los ojos anegados de lágrimas, su corazón latía brutalmente en su pecho y sentía correr por sus venas un poder infinito, en su psique tenía los conocimientos y la voluntad para encaminar este poder. Desde este instante viviría para cumplir sus objetivos, tenía un fin en la vida, el de ser  hombre más poderoso, más justo, más sabio y más amado que jamás hubiese existido. Y juró por lo más sagrado que de esta manera sería!

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