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Libro “EL MANUAL SAMURAI” : EL NIÑO DIOS

#TatianaOrellana

Samurai-1

Fuente: Maestro Fenix

Ese día el cielo tenía un color singular, el azul rojizo auguraba un día lleno de descubrimientos fascinantes, el suave y calido balancear del viento contra la piel de Kan le hacía sentirse conmovido y feliz, tanto como el precioso y Brillante Sol que nacía en el horizonte.

Por un instante cerro los ojos y aspiró la suave y salobre brisa del mar, al expulsar poco a poco el aire de sus pulmones una enorme sonrisa ilumino su cara. Sus ojos, al abrirse, relucían con una alucinante intensidad, más todavía de lo aconstumbrado para este joven héroe samurai.

Khan escucho los latidos de su corazón acompañando con armonía al romper de las olas sobre las rocas a solo unos veinte mentros en el fondo del acantilado. Él estaba allá subido, como todas y cada una de las mañanas, en su rincón singular, ese precioso rincón del planeta que había heredado de su padre como su “rincón secreto”.

Mentalmente repasó lo ocurrido en los últimos meses, había empezado su andanza como Samurai, había aprendido una infinidad de cosas, se había descubierto a si mismo como poquísimos hombres llegan a lograrlo. Asimismo había sufrido desazones y había estado al vorde de la muerte más de una vez, mas el destino había querido que prosiguiera vivo y que, además de esto, lograra el mayor de los prémios, la dicha y el amor.

Una alegre luz de esperanza se encendía en su corazón toda vez que recordaba a esa joven de sedosos pelos. Ea an bella, tan… no, no podía describirlo, era algo que no podía ser rebajado a ser calificado con palabras, era preciso sentir la tremenda fuerza de ese amor para poder entenderlo.

Y se sentía felíz y agradecido de haber vivido esa sensación, solo con eso su vida ya había tenido sentido.

 

El amanecer acabó, y el Sol prosiguió su dorado curso por el cielo azul. Khan, igual que el Sol, se levantó asimismo y amaneció en su día adentrandose en las fantásticas experiencias que, indudablemente, ocurrirían ese día.

Apenas unos minutos después pasó por delante de la vieja ermita del viejo Sabio, ahora era llevada por el que fuera su practicante a lo largo de años, un clérigo de mediana edad que procuraba hacer su función lo mejor posible. Ahora estaba reunido con su anciano profesor, ahora discipulo samurai del joven Khan, charlando amistosamente.

El anciano Clérigo vio a su joven profesor bajar de su ritual diario de autodescubrimiento y le saludó con un amable ademán de su mano y una mirada llena de amor y franca admiración.

 

– Khan, – afirmó el anciano – ¿Qué tal el amanecer de el día de hoy?

– Bello, muy bello – sus ojos relucían procurando describirlo – era como mirar mi ánima, sentía que podía mirar fuera de mi y ver mi interior al tiempo.

El sabio asintió, puesto que podía entender la pureza del ánima del joven. No obstante el otro clérigo meneó la cabeza y regresó apuradamente a su ermita para acudir los servicios religiosos matinales.

– Se fija demasiado en lo externo, – comentó el anciano al verle distanciarse – y demasiado poco en lo interno, que es lo único que importa – afirmó mirando de manera profunda a su comandante Samurai.

– Es demasiado joven – le excusó Khan – con los años va a aprender.

– Jajaja! – el anciano no pudo refrenar una curiosa carcajada – Perdoname – afirmó al fín – realmente tienes toda la razón, – y posando su mano sobre el hombro del joven agregó – mas me resulta jocoso que alguien que todavía es prácticamente un pequeño, pueda decir tal cosa… ¡Y la cuestión es que tienes toda la razón!

Un sentimiento lleno de un calido amor comunicó las ánimas de los 2 Samurais. No precisaba decirse solamente, el anciano admitía al joven como profesor pues tenía una Sabiduría innata que mejoraba día a día. Él tenía ya más de noventa años, había vivido lo indecible, y estaba considerado como el más sabio de todo el reino, no obstante había algo en ese mozuelo que hacía que le reconociese como su Profesor, una sabiduría y una bondad puras que solo podían describirse con una palabra que estaba por encima de la pura Sabiduría. El Amor.

 

Khan era un claro ejemplo de la superación diaria, de como los límites no existen, menos los que mismos nos creamos. Él, a su corta edad, ya había logrado lo que muchos consideraban imposible de lograr.

Para ese viejo clrérigo no había ninguna duda de que las autoridades divinas habían preparado un magnífico futuro para ese joven, si a su temprana edad había logrado todo cuanto había logrado ¿Qué no sería capaz de lograr cuando fuera un hombre absolutamente maduro y capaz?

 

– ¿Sabes? – pronunció el viejo sabio tras un enorme rato de silencio – el día de ayer por la tarde tu padre, el General de Generales, vino a verme. Traía consigo al Caballero Lar. Deseaba que le ayudara a finalizar su temporada de caballero y a alcazar por último el grado de Samurai.

Khan quedó un rato pensabido, conocía a Lar, era Caballero hacía muchos años, y a su juició, de haberse entregado más de corazón, habría sido un genial Samurai.

Los Caballeros eran Practicantes Samurais que excedían el tiempo oportuno de aprendizaje normal, para poder darles un titulo honorífico que les distinguiera de los practicantes novatos, se les otrogaba el grado de “Caballeros”, por el hecho de que aunque no tenían permiso para manejar una cuadriga, si podían tomar un caballo y cabalar sobre él. Generalmente esa montura la empleaban para efectuar una largo viaje en el que se les confiaba una misión, se aguardaba que en el trascurso de esa misión acabaran por lograr el estado de Samurais por si acaso mismos.

Si bien ciertos como Lar se bloqueaban, e inclusive abandonaban, si bien si en algo había que reconocer a Lar, era en su Persistencia. El proseguía y seguía insistiendo, si bien sus sacrificios estaban siempre y en todo momento mal enfocados, pese a que otros más experimentados le señalasen el camino adecuado, siempre y en toda circunstancia hacía plenamente lo opuesto.

– ¿Y qué sucedió? ¿Lo tomaste como practicante? – Preguntó el joven comandante Samurai intersado.

– No – respondió el anciano con una sonrisa – no me agrada echar cargas inutiles sobre mis cansados viejos… no obstante, si me incordié en apuntarle el camino a continuar, si bien naturalmente la responsabilidad de dar cada paso, es solamente suya.

Khan respondió a la sonrisa del anciano con otra todavía más extensa.

 

– El inconveniente de Lar – siguió el anciano – es que se niega a admitir su responsabilidad.

El joven Samurai le miró extrañado, ¿Qué desearía decir con eso? El conocía a Lar y era de los Caballeros más responsables, tal vez de vez en cuando aun en demasía, siempre y en todo momento se preocupaba por todos y cada uno de los detalles y procuraba hacer perfecto cada movimiento, cada ataque. Para él, todo tenía que hacerse perfecto, o bien sencillamente no hacerse, y siempre y en toda circunstancia se había definido a si mismo como “responsable” y “perfeccionista”.

El anciano adivinó el interrogante en el rosto de su superior, y acalaró.

– Lar es muy responsable con sus labores, efectúa sus ejercicios con una precisión milimétrica, siempre y en todo momento está preocupado por las técnicas, los horarios, la puntualidad y la perfección…. Mas es ahí justamente lo que le hace fallar, lo que le frena, por el hecho de que, realmente, lo que busca con tanta perfección es quitarse de encima la responsabilidad de triunfar, y hecharla sobre los hombros de otro… así sea una técnica, un movimiento o bien un Samurai!

“” Cuando el día de ayer asistió a verme, las 3 primeras palabras que afirmó fueron <Hazme triunfar anciano>, después me explicó que había estado con más de doce maestros y que ninguno “había sabido hacerle llegar a Samurai”, que todos “perdían el tiempo con estupideces mentales sobre actitudes y fe” mas que ninguno le había “enseñado las auténticas técnicas que le dejarían llegar a ser un auténtico Samurai”, que “precisaba el secreto de esas técnicas y que proseguiría insistiendo y haciendo lo que hiciese falta para lograrlas”

El anciano sonrió

-Ah! Y asimismo me dejó clarísimo que si no lograba hacerle triunfar, se procuraría a otro que si pudiese hacerlo.

– ¡Mas menuda ofensa cara su profesor! – estayó indignado Khan – ¡Debían expulsarlo por atreverse a decir tal cosa! Un practicante está para aprender, y debe rendirle respeto y gratitud cara su profesor, no se da cuenta que procurando presionar a su profesor solo está deshonrandose y mostrando una estupidez y un egoismo sin límites?

– Jajaja – rió el anciano – tienes toda la razón, mas se lo disculpé pues supe de manera rápida que era solo la baladronada de un hombre inseguro que anhela algo de una forma no completamente conveniente. – el anciano prosiguió caminando mientras que charlaba – Con lo que le saqué a caminar y le traje hasta mi vieja ermita, donde le dí de comer a las palomas y le solicité que me afirmara lo que veía… igual que te solicité a ti hace no tanto ¿Recuerdas?

Khan sonrió, si que se acordaba, en verdad la historia se había hecho tan popular que corría de boca en boca, de profesor a practicante por todo el campamento y se había transformado en uno de las enseñanzas pilar de todo Samurai.

– ¡Claro que recuerdo! – respondió – ese día me enseñaste lo esencial que es saber decidirse por tomar aquello que se quiere en la vida, y que para lograrlo, sencillamente hay que enfocar nuestros sacrificios de una forma más conveniente, por poner un ejemplo – sonrió – volando cara la zona de las semillas, en lugar de cara donde no hay.

– Puesto que ya podía haberlo resumido de esta forma pillastre! – rió el anciano – me hubiese ahorrado cincuenta años de observar a las palomas. ¡Debería haberte preguntado a ti y me hubiese ahorrado muchisimo maiz! – bromeó – Mas claro, ¿De qué manera podría haberte preguntado si todavía no te habían alterado ni el primer pañal? ¡Por mi barva! que cuando era un joven clérigo y comencé a dar de comer a las palomas… A tu padre todavía le cambiaban los pañales!!!

El anciano y el joven rieron a lo largo de un buen rato, felices de estar juntos y de que la vida los hubiese reunido. 

 

– Hace bastante tiempo, me contaron una historia – afirmó el anciano – no la recuerdo realmente bien por el hecho de que en el momento en que me la contaron, todavía no debería haber nacido tu padre. Y ya entonces era antiquísima, tanto que se ha olvidado muchos de los detalles.

“” Mas todavía y de este modo, su sabiduría es enorme, escucha atentamente.

“” Hace un buen tiempo, el Gran Dios tuvo a una esposa para traer a la Luz a un Hijo que fuera su dicha, su orgullo, y la guía para los hombres.

“” Esta mujer fue elegida por su gran Sabiduría, su Humildad, su Resolución y su total entrega para Querer.

“” Aquellos sacerdotes que eran eruditos, exageradamente cultos y supieron desentrañar los sueños para poder descubrir ese hecho tan significativo, asistieron a obsequiarla con preciosos regalos, puesto que afirmaban que aquel que tomara en sus brazos a ese semidios, alcanzaría la total y completa iluminación instantaneamente.

“” Los que fueron a rendirle culto en su nacimiento fueron cultísimos y poderosos, por aquel entonces su fama se extendía por todo el planeta, y ni todavía todos pudieron llegar con sus enormes capacidades y conocimientos.

“” Cuando llegaron, los sabios depositaron regalos delante del pequeño recien nacido para gustar a la madre, cada uno de ellos de ellos puso el objeto que más bello había encontrado, dio una larga lista de eruditas razones de porqué ese regalo era el único digno de ese pequeño, y expuso un largo alegato sobre sus méritos y su sapiencia, mas uno tras otros fracasaron.

“” Al final, un humilde sirviente que les acompañaba pidió ver al pequeño, puesto que había oido charlar de él a los sabios por el camino, los sabios se negaron en definitivo, mas la mujer era benevolente y amaba a todos y cada uno de los seres por igual, con lo que le mandó pasar.

“” Cuando vio al pequeñuelo el humilde servidor calló de rodillas y lloró por la infinita belleza de la criatura, cuando pudo recobrar la compostura le solicitó excusas a la madre aduciendo que nunca había visto nada tan precioso como su hijo.

“” Después miró al suelo y se abochornó al ver que todo el que había pasado a esa instancia había entregado un regalo… menos .

 

“” El pobre era un sirviente hijo de sirvientes, y nada tenía, mas todavía y de esta manera deseó dar como regalo lo único que tenía, así que metió su mano entre sus ropas y sacó cuatro manzanas, dos rojas, una amarilla y otra verde.

“” Esas manzanas eran su almuerzo y su cena, y eran por si acaso un misero regalo que habría podido ofender a la madre, así que las tomó y ofeció, como regalo, un pequeño expectaculo de juegos malavares con el que las manzanas volaban por los aires de una mano a otra formando unas preciosas líneas de colores sobre el aire.

“” Los sabios estaban escandalizados, pero el pequeñín sonrió por fín al hallar algo de su agrado, los colores danzantes le habían entusiasmado, y movía los bracitos alegremente mientras que sonreía y proseguía las manzanas con ojos alegres.

“” Apenas un minuto después, el pequeño reía como nunca lo había escuchado reir la madre, y cuando terminó por fin el expectaculo, se quedó tiernamente dormido, sin duda soñando con manzanas danzantes en el aire.

“” Entonces aquella mujer pura tendió el pequeño a los brazos de sirviente malavarista que tanto había admirado lo que ella más quería y que tanta felicidad le había dado. Y ese hombre conoció entonces el secreto de la dicha infinita, y con ella la total iluminación.

 

El anciano guardó silencio durante unos minutos dejando que la esencia de esta historia penetrará en el cerebro del joven Samurai.

– Naturalmente hay muchas versiones de esta historia, pues como te digo es muy antigua y procede de un reino lejano, pero se que en muchas se olvida de contar al humilde mozo, a su regalo, y el porqué cuando los sabios partieron, seguían a un nuevo profesor iluminado que les enseño más sobre la vida de lo que podián encontrar entre las tapas de sus extraños libros.

Khan quedó caviloso durante bastante tiempo.

– Anciano, ¿Es real esta historia?

– Si, lo es, aunque como te digo muchos detalles se han perdido, y no recuerdo a que país ni constumbre pertenece (y te puedo asegurar que por mis conocimientos podría entrar en más de dos cientos) quien me la contó me juró ceremoniosamente que era cierta, y él era un clérigo que nunca pronunciaría una mentira. De igual forma pasó con quién se la contó a él, y al otro, y de esta forma sucesibamente hasta sus orígenes. – el anciano quedó un momento en silencio – Bien pensado no te puedo demostrar que es cierto, puesto que tantos años erosionan hasta los hechos pasados, pero si te puedo decir que siento que es cierta, por lo menos en su mayor parte, pues quien sabe, quizás me equivoqué con el color de las manzanas, ¡o bien tal vez eran otras frutas! Mas si siento que el groso de la historia es cierta, y estoy convencido de que tú puedes sentir dentro de ti mismo que asimismo lo es, y aprender mucho de la enorme Sabiduría que encierra.

 

– Sabiduría… -repitió Khan atontado, verdaderamente a él no le importaba la veracidad de la historia, lo que si le importaba, y mucho, es lo que pudiese aprender de ella.

“” ¿Qué lección encierra?, viejo Sabio, te soy franco al decirte que algo siento en mi, mas no acabo de poder determinarlo… ¿Tal vez algo relacionado con la humildad y la sencillez?

– Algo de esta manera mi querido Khan, algo de este modo, mas no totalmente. – tras una va a picar sonrisa agregó – en verdad tiene más en común con nuestro común amigo Lar, el prácticamente eterno caballero.

“” Fijate en como actuaron los Sabios.

“” Eran todos supremos eruditos cargados de orgullo, y guiados por ese orgullo pretendieron lograr su objetivo.

– Mantener al pequeño en brazos – concluyò Khan

– Si y no, lo que deseaban era la suprema iluminación, y para lograrlo debían mantener al pequeño.

El joven Samurai comenzaba a entender.

– Para mantener al pequeño, pretendieron “sobornar” a la madre con bellos y costosos regalos – el viejo clérigo sonrio – y todavía se atrevían orgullosos a exponer las razones de porqué su regalo era el mejor.

“” Eran unos perfeccionistas que pretendían saberlo todo, cuando realmente no sabían nada.

Khan asintió, un rasgo que había sentido entre los caballeros es que siempre y en todo momento tenían el orgullo de atreverse a decir que era lo que estaba mal, que era lo que fallaba en el sistema Samurai y por culpa de lo que no se posía lograr el grado de Samurai… ¡Pese a que miles lo lograran a diario!

– No obstante mira al que triunfó – añadío el viejo sabio – era una persona humilde, fácil, que sin grandes logros dio lo poco que tenía con el corazón.

 

– Y esa humildad, al no juzgar a el resto ni a si mismo – agregó Khan – le hizo lograr el éxito!

El anciano aplaudió ese acierto.

– ¡De esta forma es! Mi joven comandante, todavía sin saberlo, el servidor le entregó a la madre el regalo que una madre más aprecia…

– ¡La dicha de su hijo! – respondió sorprendido Khan.

– Así es! – afirmó el anciano – Los grandes Sabios pecaban por materialistas, mas aquella mujer tan pura era asimismo una mandre, y como toda madre apreciaba más una sola sonrisa de su hijo, que todo el oro del planeta ¡O bien todas y cada una de las piedras hermosas!

– Comprendo – afirmó el joven – Los sabios erraban al oír demasiado a su psique, y poquísimo a su corazón.

– De este modo es!!! Justamente esa es la clave!

“” El Gran Inconveniente es que lo veían todo desde SU propio punto de vista, en lugar de verlo desde el del resto.

“” Por poner un ejemplo, el Sabio que obsequió oro, lo hizo por el hecho de que consideraba al oro como lo más precioso del planeta, con lo que estimó que era el mejor regalo posible.

“” Y de ahí que fracasó, pues no se paró a meditar que sería lo que la mujer apreciaría más en este planeta, lo que era, evidentemente, su hijo.

 

– Mas anciano – preguntó Khan con una gran mueca de estrañeza en la cara – ¿Eso desea decir que el siervo era más listo que los sabios? ¿Donde había adquirido esa inteligencia y sabiduría?

El viejo sabio rio.

 

– El servidor no era más sabio que los Sabios, estos habían estudiado a lo largo de decenios y podían recitar mil libros de memoria – y tras hacer una pausa trágica agregó – Mas habían olvidado oír a su corazón!

“” El triunfador no había preparado ningún plan, ni tan siquiera pretendía llegar a sostentar tan grande honor, era humilde, ¡Esa era su mayor ventaja!

“” Sencillamente hizo lo que le dictó su corazón, deseaba gustar a la madre y al hijo, mas no por egoismo, sino más bien por amor. Con lo que hizo algo improvisado y ido que generalmente absolutamente nadie que prosiguiera a su psique haría nunca.

“” Y al proseguir su corazón, alcanzó el éxito.

“” Ese es el Auténtico Secreto de las personas que alcanzan el Éxito, que escuchan a su corazón, corren peligros, no se preocupan por como “deberían” ser las cosas, sino toman las cosas como son y sencillamente ¡Actuan!

“” Tal vez lo que hacen no es lo que se considera en general “perfecto”, pero, es lo que se ha de hacer, es lo Eficiente, es lo que da Resultados. Y es por esos resultados con lo que alcanzan el éxito.

– Ya veo – afirmó Khan – por poner un ejemplo el Caballero Lar siempre y en todo momento está preocupandose por ejecutar una Técnica Perfecta, siempre y en toda circunstancia se fija en la Técnica, en como deberían hacerse las cosas, tanto que si la realidad no tiene la manera que el piensa que debería tener ¡No hace nada!

– Y de esta forma se condena al descalabro! – concluyó el anciano. – Por el hecho de que un Auténtico Samurai, siempre y en toda circunstancia actua con el Corazón, siempre y en todo momento está repleto de Entusiasmo Franco, de una suerte de Energía Mística, de Fe, una Fe que le conduce al Éxito.

“” Por el hecho de que al no haber espacio para las dudas en su psique, de este modo se puede centrar con total presteza en el tema que tiene entre manos, y percibir a su corazón para poder tomar la acción más conveniente a cada instante.

– Oír a mi corazón… – susurró Khan – Recuerdo que cuando luchaba contra Chang, hubo un instante en que me cegó – murmuró de forma lenta el joven Samurai, tal y como si el recuerdo le doliese – en ese instante no sabía que hacer, mas algo en mi me llamó a silenciar mi psique, a percibir el sentimiento que mi corazón me dictaba, y a proseguirlo…

– ¿Y qué sucedió? – preguntó interesado el anciano.

– Que me moví y lance mi Katana, esquibando un golpe mortal, y ganando la batalla. – respondió meditativo el héroe Samurai.

 

– Dime, piensas que Lar hubiese hecho lo mismo en ese instante?

– No – sonrió Khan – probablemente hubiese intentado quitarse la arena de los ojos para ver bien, después habría aposentado los pies conforme la técnica de la montaña, y por último habría atacado utilizando la técnica del dragón de fuego – y ya prácticamente partiendose de risa, agregó – claro que habría debido ejecutarla con una cabeza de menos!

– Jajajaja! – rió el Viejo Sabio – ¡No dudo! Y sabes como es la diferencia ¿Verdad?

– Si – respondió ahora más serio el joven – la diferencia está en que Lar es Caballero, y lo es por el hecho de que no cree en los Ideales, ni en la Fe, ni en la pureza del Corazón y del Ánima.

“” El solo cree en la Técnica, y eso es lo que le frena, pues jamás está seguro de si esa técnica va a ser la Perfecta. Y esas dudas, le anudan al descalabro ¡Puesto que son Zarzas! Y también impiden que su Energía le mueva cara el éxito.

– ¡De esta forma es! – sonrió el Anciano, sintiendose Feliz de que, como siempre y en todo momento, su Joven Comandante diese un paso más cara la Gran Sabiduría – El hombre que solo utiliza su Técnica, es como el ave que procura volar con una sola Ala. ¡Está destinado a continuar en tierra y a perderse los calidos vientos del éxito!

“” No obstante, el que emplea sus Conocimientos, así como su Corazón ¡Ese es el que triunfa! Pues es como un Ave con 2 Alas. ¡Y si las emplea Va a volar Tan Alto como Desee!

“” ¿Hasta donde quieres volar Joven Comandante?

Khan meditó a lo largo de unos instantes, el sabía que los practicantes Samurai, los Samurais y los Caballeros, tenían todos una Capacitación Técnica Básica verdaderamente elevada, conque su Ala Técnica era ya muy Fuerte.

Eso deseaba decir, que Khan debía esmerarse en robustecer su otra Ala, la del Corazón, pues solo de esta forma podría aprender del fallo del Caballero Lar, y eludir caer en su destino.

– Dime anciano, si esto es de esta forma ¿No tendríamos entonces que ejercitar nuestro Amor y nuestro Corazón a diario, igual que hacemos con nuestras técnicas y nuestros conocimientos?

– ¡De este modo es Khan! Veo que has comprendido la Gran Verdad de esta Historia. Tu Entusiasmo, tu Amor, tu Fe, son tu Segunda Ala.

“” Y puesto que tu Primera Ala ya está Muy Robustecida, tu Fuerza Total, se va a medir, en la Práctica, por la Fuerza que des a tu Segunda Ala.

“” ¿Cuanto eres capaz de Querer? ¿Cuanto Entusiasmo eres capaz de Sentir? ¿Cuanta Fe eres capaz de Tener? ¡POTENCIALO! Y de esta forma vas a poder extener tu segunda Ala Bien Poderosa, a fin de que te Impulse por los Cielos del Éxito, y te deje atravesar entre los vientos de la victoria, impulsandote de manera directa, hasta allá donde deseas llegar.

“” ¡Nada hay tan esencial como un Samurai como el cuidar su Entusiasmo, su Amor y su Fe!

“” ¡De verdad que ahí está el Secreto de tu Éxito!

 

 

“” Refuerzo, toma nota, Aplicalo A diario, te va a costar tiempo y trabajo el aplicarlo ¡Mas Ah! Sus Resultados te van a llenar de Dicha, de Bondades y de Exitos ¡Y van a hacer de ti el Mejor de los Samurais!

Khan entendio en si, lo que había comenzado a entrever desde hacía bastante tiempo. Primero había comenzado a sospecharlo cuando conoció la existencia de los Espectros del Temor y del Descalabro, después lo vio en el otro planeta cuando conoció las Zarzas y el Trigo de su Ánima, por último el día de hoy había podido, al fin, entender porqué el Entusiasmo, el Amor y la Fe, son tan poderosas ¡O bien más! que la mejor de las Técnicas, pues ¿A donde puede llegar un pájaro que solo tiene una ala? Todavía cuando tuviese 2 muy pequeñas ¡Volaría mejor que un ave con una sola ala enorme!

Como Samurai, Khan reconocía que su “ala técnica” era ya muy avanzada y poderosa, puesto que conocía un sinnúmero de técnicas, más de las que eran estrictamente precisas para lograr el éxito.

Con todas y cada una de las que conocía, un hombre podía lograr un éxito INIMAGINABLE! Ahora bien, ¿qué habría que hacer para aplicarlas?

Ah! Ahora lo sabía! ¡Debía Robustecer su Segunda Ala! Para poder aletear a la Par, con Fuerza y de este modo impulsarse por los calidos cielos directo al Éxito, a su Objetivo.

De ahí que, el Joven Comandante Samurai miro dentro su corazón, y también hizo la más solemne de todas y cada una de las Promesas. Desde el día de hoy, y a lo largo de su existencia, cuidaría día a día de Robustecer su Amor, su Entusiasmo y su Fe, para poder volar por los cielos de la vida como UN VERDADERO SAMURAI!

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