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Libro “EL MANUAL SAMURAI” : EL VIEJO SABIO

#TatianaOrellana

Samurai-1

Fuente: Maestro Fenix

El Viejo Sabio siempre y en todo momento salía de su ermita muy temprano, ya antes de salir el Sol. Su viejo cuerpo no le solicitaba demasiado reposo y proseguía lleno de vitalidad. Apenas dormía 4 o bien 5 horas, despertaba rebosante de energía y salía a barrer el patio delantero de la ermita a fin de que los feligreses encontraran un sitio limpio y ordenado en el que pudiesen ordenar pacíficamente su ánima. No obstante el primer paseante que pasaba delante de su sitio de paz no era un feligrés suyo.
Hacía múltiples mese que Gr’anSan venía observando a ese joven. Ya antes acostumbraba a jugar con los chicos de su edad, mas desde hace meses su comportamiento había alterado mucho… y eso le llamaba la atención al Viejo Sabio. Si bien lo que más le extrañaba no era que ya no se relacionara con pequeños de su edad y solo anduviera al lado de hombres mucho mayores que . Lo que más le extrañaba al Anciano clérigo era el brusco cambio que había sufrido su espíritu. Gr’anSan calculaba que en estos últimos meses, el joven Kan, había madurado el equivalente a quince años. Y eso sí que le llamaba la atención.
El Viejo Sabio posó la escoba contra una de las paredes de piedra que formaban su vieja ermita, y levantó la mano para llamar la atención del Joven Samurai.
– Joven! – chilló a Kan – ¿Dónde vas tan temprano? A estas horas solo los diablos y los beatos andan por la calle. Los primeros regresan a las supones de la tierra a resguardarse del ardiente Sol y los segundos bajan del cielo para resguardar a los hombres de las catástrofes y del Mal. – Y como hacía todas y cada una de las mañanas preguntó al Joven – ¿Tú que eres? ¿Beato o bien Diablo?
– Ninguna de las 2 cosas – Contestó con una sonrisa Kan, todas y cada una de las mañanas tenía exactamente la misma charla con el anciano y todas y cada una de las mañanas las palabras eran exactamente las mismas, se había transformado en un ritual diurno entre los 2 – Solo soy un Joven Samurai que pasea hasta los arrecifes para poder contemplar la belleza del amanecer y la suavidad del fluir de las Olas en el Mar.
– ¿Y por qué razón haces tal cosa en lugar de exender tu reposo como el resto de los mortales? – Preguntó el Viejo agregando una novedad a la charla.
Kan quedó sorprendido, ya había retomado el camino al estimar que la charla había finalizado como tantos días atrás; tardó un segundo en organizar sus ideas ya antes de mirar fijamente a los ojos del anciano y contestar…
– Por el hecho de que mi espíritu guarda tal ansia por vivir la vida y por actuar que le resulta bastante difícil sostenerse dormido más de unas pocas horas al día. Solo duermo lo bastante para deshacerme del cansancio del día precedente y despertar cargado de nuevas energías. – Kan hizo una pausa para revisar si el Anciano Clérigo entendía lo que le afirmaba, el Sabio conocedor del corazón y las ánimas de los hombres asintió y con un ademán de su mano invitó al Joven a proseguir – Ver la belleza del amanecer renueva y dobla mis energías, puesto que hace renacer en mi espíritu la fe por las causas justas y las buenas acciones. Por otro lado el suave balancear de las olas calma mi espíritu y me ayuda a ordenar mis ideas y a organizar mentalmente mis labores al día de una manera más sosegada y eficaz.
Violentamente el Viejo Sabio tomó su gastada escoba y agitándola en el aire contestó.
– ¿Entonces que haces perdiendo el tiempo con un Viejo Tonto? Ve, Corre! Que este Viejo Estúpido te ha entretenido y no deseo que por culpa mía te pierdas ni un instante tan sagrado de tu tiempo.
Kan, impetuoso por naturaleza, turbado de tal modo por el anciano echó a correr como ánima que lleva el demonio cara su sitio secreto.

 

 


– Y después, cuando retornes y pases por aquí, pasa a ver a este Viejo Desquiciado que quiere conversar contigo! – Gritó Gr’anSan al joven al paso que corría.
Turbado por las palabras del joven, el Sabio Clérigo delegó esa mañana las tareas clericales en su asistente, un hombre de mediana edad que había sido practicante deGr’anSan desde el instante en que era solo un pequeño. El viejo Sabio se retiró a su patio trasero sitio desde el que vería llegar antes al Joven Samurai, y se entretuvo barriéndolo poquito a poco al paso que dejaba que su mente viajara por los caminos de la meditación.
Pocos momentos en el momento en que los broncilíneos dedos de la Aurora dejaran de acariciar la ondulante superficie del mar, el Anciano Clérigo vio retornar tranquilamente a Kan por el camino del desfiladero. Su paso era dulce y seguro, su postura era erguida, señalaba firmeza… y sin embargo estaba exenta de presunción. Una de sus manos acariciaba su barbilla, aquel mentón joven que todavía no era capaz de iniciar siquiera a cubrir su cara con el vello de la madurez. Su otra mano se movía en el aire acompañando los pensamientos del joven. Hubiese asemejado un enorme Sabio meditando sobe la relevancia de la existencia del hombre sino fuera por que su joven piel y sus músculos aún sin formar delataban su extrema juventud. Gr’anSan estaba convencido de que en ese cuerpo de pequeño residían el espíritu y la mente de un hombre Maduro, Sabio y Justo. Por eso deseaba asegurarse de que sus intenciones eran justas y de que sus actos serían los aconsejables. Pues caso de que la injusticia rigiera sus actos aquel pequeño sería aun más temible que el peor de los demonios, pues si una cosa era segura era que ese pequeño un día cambiaría las vidas de millares de hombres… y debía saber si sería para bien o para mal…
– ¿De qué forma ha sido hoy el amanecer Joven Samurai?
– Bello – respondió Kan reapareciendo de sus pensamientos – precioso… como siempre y en toda circunstancia y en toda circunstancia y en todo momento y en todo instante y en todo momento y en todo instante y en toda circunstancia y en todo instante.
– Te he visto cruzar delante de mi ermita todos los días durante meses – aseveró el Anciano Clérigo al paso que invitaba con un gesto de su mano al joven Kan a tomar asiento a su lado – Y en todos esos meses nunca has entrado a descargar tu alma de las malas acciones que hallas cometido.
Kan miró con los ojos abiertos totalmente al viejo clérigo como solo los pequeños saben hacer. ¿Realmente habían pasado meses? Le habían asemejado solo unos pocos días… realmente el tiempo cada vez corría más veloz.
– Eh… – Kan no sabía que responder, al final miró al Viejo Sabio con una mirada que reflejaba su inocencia y su arrepentimiento – Lo siento – Aseveró sencillamente
– Eso está bien… pero no es suficiente. – El Anciano fijó sus ojos en Kan para examinar atentamente su rostro y no perderse ni la más mínima reacción de su rostro – Dime entonces ahora cuales han sido tus malas acciones en todo este tiempo. Incluyendo los malos pensamientos…
La voz del Anciano Clérigo era dulce y firme al tiempo, sin embargo ni una sombra de miedo, ni la más mínima duda recorrió el rostro de Kan cuando respondió, prácticamente de manera automática.
– No he cometido ninguna – Y la mirada franca que se reflejó en sus ojos, como la inocente sonrisa, exenta totalmente de orgullo que se reflejó en su rostro convenció de la veracidad de sus palabras al Viejo Sabio… el que quedó extraordinariamente impresionado por la simple afirmación del joven Kan.
El Anciano meditó un momento, era obvio que Kan era franco, no obstante era tan difícil… ¡Prácticamente imposible!
– ¿No has causado mal a nadie? – Preguntó el anciano y el joven respondió negando efusivamente con la cabeza.
– ¿No has tomado nada que no te pertenecía? – Kan negó con una incrédula expresión en su rostro que reflejaba que, para él, eso era algo impensable.
– ¿Tal vez has tenido pensamientos negativos sobre alguna persona? – Aseveró el anciano al paso que guiñaba un cómplice ojo a su interlocutor.
– No! ¿Debería haberlo hecho? – Respondió Kan
– ¡Desde ese instante que no! ¡No aseveres tonterías! – Aseveró perdiendo los nervios momentáneamente- Disculpa… Es que como haya muchos como … ¡Me quedo sin trabajo! – Y prorrompió en una enorme carcajada – Dime, tampoco has tenido pensamientos extraños sobre las mujeres…
– ¿Como qué? – respondió extrañado Kan
– No, nada olvídalo – ¡Tampoco eso! Claro, era demasiado joven… físicamente solo era un pequeño, aunque su mente fuera la de un adulto.

 

 


– Kan, acércate y mira… – afirmó el anciano mientras que sacaba un bulto de semillas de entre su túnica blanca – Esta es mi distracción, miras el mar… doy de comer a las palomas – Diciendo esto lanzó un enorme puñado de semillas delante de sí. De forma inmediata un estruendoso batir de alas llenó el aire, y unas pocas palomas al comienzo y después docenas de ellas bajaron desde el techo de la ermita hasta, literalmente, rodear al joven y al anciano.
– Mira atentamente a esas palomas Kan, pues son iguales a los hombres.
El joven Kan no sabía a qué se refería el anciano, las palomas eran pequeñas y grises, tenían pico y alas… además de esto no sabían charlar y volaban… ¡Eran plenamente diferentes a los hombres! No obstante el Samurai sabía reconocer en el momento en que un hombre sabio tenía ganas de charlar y dejó que la sabiduría del anciano fluyese por su boca como un dorado río que no halla ninguna resistencia a su paso, mientras que riega los puros pastos que tiene que nutrir.
– Sí Kan, veo en tu cara que te extrañas… mas estas palomas, incluso siendo absolutamente diferentes en su envoltura a nosotros… en su esencia son iguales. Igual que el agua que recorre el pozo y el cubo son exactamente la misma agua… el comportamiento de las palomas es igual al de los hombres.
– Míralas atentamente Kan, míralas y dime que es lo que ves.
– Veo a muchas palomas comiendo – Afirmó honestamente Kan.
– ¿Seguro? – Afirmó el anciano – Mira mejor!
Kan meditó unos momentos y agregó.
– Bueno, verdaderamente existen algunas palomas comiendo y muchas que no.
– Y… ¿Por qué razón esas últimas no comen Kan? ¿Quizá no hay suficiente comida?
– Bueno… verdaderamente sí hay comida bastante, si se juntaran un tanto más y se acercaran aquellas del fondo… podrían comer más del doble de las que verdaderamente comen.
– Y… ¿Por qué razón no se aproximan? ¿Piensas que no tienen apetito?
– Está clarísimo que tienen apetito. Esa de ahí está muy! – El Joven Samurai las miró atentamente – Semeja que esas del fondo tienen temor, y de ahí que no se aproximan.
– ¿Afirmas que tienen temor? – El anciano sonrió y miró fijamente a Kan – Puesto que afirmas bien. Tienes toda la razón. Tienen temor y de ahí que no se aproximan. Y ¿Por qué razón tienen temor? ¿Les harás algo? ¿Planeas matarlas?
– ¿Yo? – Preguntó el Joven Samurai – ¡Desde luego que no!
– Bien, tampoco… y me conocen desde siempre y en todo momento, puesto que ya estaba acá mucho antes que naciesen – El Viejo Sabio apuntó al Joven Samurai y le afirmó acusadoramente – Kan, la culpa de que no coman es tuya ¿No sientes remordimientos?

 

 


– Lo cierto es que eso es lo que pensaba – El joven Samurai se rascó la cabeza y al final agobiado preguntó – ¿Que puedo hacer?
– Bueno, puedes procurar decirles que no pretendes hacerles caso y también invitarles a que se aproximen a comer. – El viejo le invitó con un ademán de su mano a probar – ¡Inténtalo!
– Palomitas bonitas, palomitas bonitas – pronunció de manera estúpidamente Kan con una vocecilla aguda y suavizada con pretensión – venid a comer, no deseo haceros daño, si no coméis vais a morir de apetito, ¡Vamos venid!!
Las palomas miraron a Kan tal y como si estuviese ido y se distanciaron unos pasos más.
– Nada, no me hacen caso! – Exclamó estresado Kan ¡Verdaderamente deseaba que las palomas comiesen!
– Puedes probar aproximarte con un puñado de comida en la mano… – afirmó el viejo – tal vez al ver tanta comida cojan confianza y se posen en tus manos a comer…
A Kan le pareció agradable la idea, conque cogió 2 puñados de comida y se aproximó poco a poco a las palomas mostrándoles el alimento. Estas al ver caer algún grano de las manos de Kan hicieron amago de acercarse, mas al ver las manos llenas de semillas del joven Samurai mientras que este se aproximaba… echaron a volar espantadas por la proximidad del chaval hasta posarse en el techo de la vieja ermita.
– ¡No lo comprendo! – exclamó enojado Kan – ¡Estas Palomas son tontas! ¿No se percatan de que solo deseo su bien? Si pudiese hacer que entraran en razón… ¿Mas qué digo? – Exclamó dándose cuenta de un detalle – ¡Si son solo palomas! ¡Son desconfiadas y cobardes por naturaleza…
– ¡IGUAL QUE LOS HUMANOS! – Exclamó de un grito el Sabio Clérigo cortando los argumentos de Kan.
El joven Samurai quedo paralizado al ver la sutil trampa que le había preparado el Anciano Clérigo, y en su psique comenzó a relucir la llama del comprensión… mas aún solo eran unas pocas chispas desperdigadas que no eran capaces de iluminar el complejo entramado de la argumentación del anciano.
– ¿Comprendes Kan?
– Aún no estoy seguro …me deseas decir que todos y cada uno de los hombres son cobardes por naturaleza?
– ¡Ni muchísimo menos! – El anciano palmeó el asiento de piedra – ven, vuelve a tu asiento y mira.
Kan de esta forma lo hizo… y tras un rato sin comprender nada de lo que veía preguntó…

 

 


– ¿Que veo anciano?
– ¡El comportamiento de los hombres querido pequeño!
– ¿Me lo puedes explicar clérigo? – La cara de Kan era una mueca torcida… como su cabeza, que estaba inclinada en un vano intento de comprender mejor el misterio.
– ¡Mejor explícamelo ! – EL joven Samurai le envío una mirada de clemencia – ¡Venga! ¡Descríbeme lo que ves!
– Bueno, veo muchas palomas a nuestro alrededor – comenzó Kan resignado – unas pocas están lejísimos, mirando y prolongando la cabeza, mas tienen temor de nosotros y no se aproximan. – Kan las apuntó con un ademán – La mayor parte está a una distancia de dos brazas de nosotros…
– La distancia justa de seguridad – agregó el anciano y frente a la mirada de extrañeza del joven añadió – Si estuviesen a una braza, podrías cogerlas con solo prolongar el brazo. Estando a 2 brazas, si haces un movimiento brusco para procurar cogerlas… van a tener el tiempo justo para echar a volar y escapar – El anciano señaló con la mano a Kan que prosiguiera su descripción.
– Puesto que estas palomas están picoteando unos cuantas semillas, si bien son pocas pues la mayor parte está a nuestro alrededor – El joven Samurai guardó silencio un segundo ya antes de agregar – es extraño que no se aproximen más, puesto que son muchas palomas para poquísimos granos.
– Preciso! Sigue por favor.
– Bueno, muy próximas a nosotros – Kan estiró un brazo para probar sus palabras – en la distancia de una braza están cerca de doce palomas… que se ponen moradas, puesto que se comen la mayor parte de los granos que echaste al suelo.
– Realmente bien! Veo que sabes describir realmente bien – El viejo apuntó las manos del muchacho – Ahora extiende tus manos en forma de copa y dime lo que sucede.
El joven Kan, dándose cuenta de que aún llevaba en las manos las semillas que ya antes había cogido, puso pongo en forma de copa sus manos, igual que cuando tomaba de un río… y aguardó . Unas pocas semillas cayeron de sus manos, mas al instante una paloma enorme y bella se posó en el borde de sus manos y se puso a comer de la enorme cantidad de semillas que Kan tenía entre sus manos. Era obvio que esta era la paloma más feliz de todas y cada una, puesto que tras echarle dos miradas de advertencia al joven se puso a comer como una ida, con una enorme ansia y una enorme alegría. Kan la observaba con la boca abierta y sin desplazar un solo músculo, prácticamente apenas respiraba de la emoción que sentía al tener al precioso pájaro entre sus manos. Era lo que ya antes había deseado con las otras palomas espantadizas… al ver que estaba segura en las manos del joven humano, la paloma relajó sus plumas, retrajo una pata y se dispuso a comer esta vez de una manera más calmada y relajada… si bien con grandes mordiscos cada vez. Si la Palomas hubiesen tenido boca en lugar de Pico, Kan habría jurado que la paloma le sonreía.
– Bien joven – afirmó el Anciano Clérigo sacando al Joven Samurai de su ensoñación – estoy aguardando a que me lo termines de describir.

 

 


– Eh… – exclamó Kan buscando las palabras convenientes – Una paloma está sobre mis manos comiendo todas las semillas que desea… al comienzo tenía temor, mas ahora ha visto que no tiene nada que temer de mí y come confiada y apacible.
– ¿Has entendido ya lo que te quiero decir?
– Incluso no Clérigo – Afirmó el joven ruborizándose – creo que voy viendo ciertos matices del tapiz, mas incluso no soy capaz de admirar su belleza.
– Bien, te asistiré – afirmó sonriendo el Sabio Clérigo, realmente le agradaba destacar ante el resto que era el más grande conocedor del corazón de los hombres – Las palomas que ves en el fondo son infelices y pasan apetito, tienen el alimento a su alcance, solo deben volar hasta acá, cerca de nosotros y cogerla… mas su temor les impide hacerlo. Se temen que les hagamos algún daño. – El anciano hizo una pausa y miró al joven, en su semblante se comenzaba a alumbrar la llama del comprensión – Verdaderamente esas palomas son tan capaces de coger las semillas y comer como el resto, mas sus temores les impiden lograr el alimento…
– Los espectros del temor y del descalabro los detienen – Susurró Kan entre dientes
– Disculpa ¿Qué afirmabas? – Preguntó el anciano – Mis oídos no son lo que eran…
– Nada, nada. Por favor seguir.
– Bueno, puesto que afirmaba que son tan capaces de lograr el alimento y de comer como el resto, mas que su temor les impide lograr el alimento cuando… ¡Sencillamente deben hacerlo! – El anciano miró fijamente y con seriedad al joven – Esto le pasa a muchos hombres, solo tienen que actuar, de hacer las cosas, de combatir por ellas para alcanzarlas y cogerlas… y no lo hacen por temor a fallar.
– Estas palomas que hay más cerca – Prosiguió en Sabio mudando de tono y señalándolas – como puedes ver, y tu mismo has dicho, son la mayor parte. Se conforman con unos pocos granos seguros, si bien saben que no hay bastantes para todas y cada una. La mayor parte de ellas se va a quedar con apetito, y día a día las veras un tanto más flacuchas. Unos días van a tener suerte y van a comer un tanto más, otros días van a tener menos suerte y van a comer un tanto menos… no obstante la mayor parte de las veces solo van a tener el alimento justa para subsistir… Verdaderamente solo deben dar un pasito más, acercarse a el alimento… ¡Y van a tener toda el alimento que deseen! – El anciano se encogió de hombros – no obstante prefieren estar allí, a 2 brazas de nosotros pues se sienten seguras… y esa falsa seguridad las condena… pues ¿De qué manera pueden sentirse seguras si en el fondo de sí saben que no hay comida para todas y cada una? – El anciano guardó una pausa ya antes de seguir – Bastantes personas son de esta manera, se sujetan a una falsa seguridad y viven infelices y preocupadas, engañándose a sí y haciéndose meditar que son felices cuando realmente… se temen que no les llegue el alimento para subsistir.
Kan estaba con la boca abierta, las palabras del anciano eran la sabiduría más pura que jamás había oído… solo describía el comportamiento de unas simples palomas… y estaba descubriendo el corazón humano a sangre viva… El joven Samuraicerró su boca con la mano izquierda y también procuró sostener la compostura para digerir mejor las palabras del Sabio Clérigo.

 

 


– Estas otras palomas que están a nuestro alrededor son agraciadas! ¿No crees? – El interrogante era oratoria, con lo que no aguardó a que el joven le diese contestación – ¡POR SUPUESTO QUE NO! Estas palomas sencillamente han hecho lo que el resto no se han audaz a hacer… ¡Acercarse hasta nosotros y comer! – El anciano aguardó un instante a que la sabiduría impresa en sus simples palabras hiciese mella en Kan – Lo único que han hecho es exponerse a venir hasta nosotros… y comer. Nosotros no deseábamos hacerles daño ¡De ahí que les dimos el alimento! – El Viejo Sabio miró a los ojos a su joven alumno – Y como confiaron, se expusieron… y lo hicieron… van a dormir esta noche con la barriga bien llena! Al tiempo que el resto sienten envidia de ellas y consideran que son agraciadas… – Gr’anSan se rió de si mismo – Vas a decir que son paparruchadas de un viejo, vas a decir que son solo palomas… – El Sabio Anciano fijó su mirada en el atento joven – ¿Mas cuántas personas duermen sintiendo envidia por los más “agraciados”? ¿Cuántos humanos atribuyen a la “fortuna” que otros tengan más que ? ¡MILLONES! – El anciano hizo batir su blanca túnica ahuyentando a ciertas palomas más próximas – y ¿Porqué ? Sencillamente pues no han tenido agallas para hacer lo que debían hacer, pues no TIENEN valor para encarar sus temores y ¡ACTUAR! – El anciano andaba entre las palomas encantado – ¡No se dan cuenta! No se percatan de que lo único que deben hacer es ¡ACTUAR! – Apuntó a Kan con un dedo en una suerte de ataque de insensatez… o bien de cordura – Creen – afirmó bajando su tono – ¡desean opinar! que la vida es cuestión de suerte, que si hay una paloma que tiene más que , que está más cerca de el alimento… es sencillamente por el hecho de que tuvo más suerte al aterrizar… y no se dan cuenta, o bien no tienen el valor suficiente para dar un pequeño salto y ganarse ese puesto privilegiado… sencillamente con unos pequeños pasos! – El anciano por fin se relajó y caminando de manera lenta volvió a sentarse sobre su mármol banco. – Las que hacen eso, las que dan esos pequeños pasos logran todo lo que anhelan. – Y agregó realmente serio, mirando fijamente a Kan como miraría a un hombre al que va ha descubrir la remata y más grande verdad que va ha conocer en su vida – No pienses que las palomas que tienen mucha comida a su predisposición son pocas por el hecho de que sea bastante difícil dar ese salto, o bien pues haya poca comida… son pocas por el hecho de que la mayor parte de las palomas no tienen el valor suficiente para acercarse a el alimento…
Kan no afirmó nada, estaba bien claro lo que el anciano le había dicho. La sabiduría de sus palabras era enorme, al fin entendía muchas cosas… no solo de esa tarde, sino más bien de su vida… mientras que pensaba esto Kan se fijó en la paloma de su mano, se había quedado dormida justo sobre la comida, en ese instante despertó sutilmente, cogió un buen mordisco de semillas, las tragó y volvió a dormirse.
– Y esa Paloma Kan – afirmó reposadamente el viejo – Esa paloma eres TÚ! – El joven le miró sorprendido – Sí Kan, pues como esta paloma no se ha conformado con las migajas del suelo, has ido de manera directa a la fuente y te has quedado a vivir en ella. – El anciano se acomodó en su asiento – Si recuerdas, al comienzo esta paloma estaba atemorizada como la que más, no obstante vio que la recompensa por confiar en ti, por subirte a tu mano era enorme. ¡Esta es la paloma más feliz y rica de todo este palomar! – Afirmó el anciano destacando sus palabras con un ademán de sus brazos que englobó todo el patio – Tras exponerse vio que verdaderamente estaba segura entre tus manos y se dispuso a comer reposadamente. Aun ahora, mientras que las palomas del fondo pasan apetito… duerme sosegada, con la barriga llena y con considerablemente más comida a su predisposición. – El anciano apuntó a las palomas del fondo – el resto podrían hacer lo mismo, podrían volar hasta tus manos a comer y dormir apacibles… aun se lo ofreciste a ciertas, fuiste detrás de ellas y echaron a volar asustadas… ¿Quizá no tienen alas para volar a tus manos? ¿Quizá no tienen pico para comer? – El anciano sonrió – Lo que les falta es un corazón puro que les infunda el valor suficiente para batir sus alas y volar hasta tus manos.
Kan guardó silencio para pensar las palabras del anciano… eran ciertas, todas y cada una de las palomas tenían exactamente las mismas ocasiones, la única diferencia estaba en como era la paloma que tenía el valor para hacerlo. Del mismo modo todos y cada uno de los humanos contaban con exactamente las mismas ocasiones… la diferencia estaba en quienes eran cobardes y se ocultabas tras culpabilidades y “suertes”… y quienes eran valientes y hacían lo que debían hacer para lograr ese premio excelente.

 

 


– Todavía más anciano – Exclamó el Joven Samurai entusiasmado – mira las palomas, ciertas son blancas y otras grises, unas tienen más plumas y otras menos, unas tienen las patas enteras y a otras les ha comido algún dedo algún gato… no obstante por ninguna de esas peculiaridades externas podemos juzgar cuáles de ellas se van a quedar con hambre y cuáles no, por servirnos de un ejemplo aquella muy bella paloma toda blanca – afirmó señalando con su mano Izquierda, ya que en la derecha dormía la paloma-samurai – es un paloma preciosa, con unas alas que indudablemente le facilitarían el volar veloz y presta hasta la comida, no obstante se queda allí, alejada y fallecida de hambre porque le falta valor. Y a esta de aquí le falta una pata, y eso no le impide comer. Preciosas y mutiladas, débiles y Fuertes están mezcladas… mas ninguna de estas peculiaridades les hace alcanzar el alimento, sino es el valor y el coraje de su corazón lo que les impedirá morirse de apetito y comer!
– Exacto! Has entendido realmente bien! Solo falta una cosa – El anciano miró fijamente al joven – ¿Recuerdas cuando te mandé que ofrecieses las semillas a las palomas del fondo? A las cobardes… ¿Qué ocurrió?
– Puesto que que huyeron, les daría la sensación de que debía de haber alguna trampa… y prefirieron quedarse con hambre a exponerse.
– Puesto que de esta manera actúan muchísimas personas querido Kan… ¡E incluso peor! Ciertas a las que les ofreces en bandeja de oro las semillas del éxito… escaparán, otras te van a insultar, otras sospecharán de ti, otras te pondrán a prueba… ¿Por qué razón? Por el hecho de que su corazón es enclenque y cobarde, no tienen un auténtico espíritu luchador. Y dime Kan… ¿Quieres personas así en tu ejército?
Kan despertó en ese momento a una realidad que no había visto hasta ese momento, esta no sólo era una simple lección sobre el corazón humano, la forma de comportarse de la gente y el de qué forma saber distinguirlos, era también… ¡Un consejo de inestimable valor! Porque si aprovechaba bien los conocimientos que el día de hoy había adquirido podría formar un ejercito de personas realmente valientes y valientes, podría desechar a todas las palomas cobardes y a las que viven en un planeta de sueños y falsas realidades para quedarse únicamente con aquellas que verdaderamente eran valientes y puras de corazón, las que venían solar a comer las semillas del éxito y con aquellas únicas palomas que iban directamente a comer de la fuente. ¡El suyo sería un ejército insuperable!
– Claro que no deseo a cobardes en mi ejército! Desde hoy voy a dejar de correr detrás de las palomas cobardes y voy a dar las semillas únicamente a aquellas que tengan el valor de saber captar y aprovechar la oportunidad a la primera. ¡Porque solamente esas son las que me interesan! ¡Solo las valientes y decididas!
– Perfecto! – Respondió el anciano – Porque llevo toda la vida procurando que las personas que son como aquellas palomas del fondo vuelen hasta el alimento… ¿Y sabes lo que he conseguido? – preguntó al joven – ¡NADA! Que huyan una y otra vez… créeme, por mucho tiempo que corras detrás de ellas no conseguirás nada. Y eso no es lo peor ¿Sabes que es lo peor?

 

 


– Sí! – Respondió el joven Samurai sorprendiendo al Sabio Anciano – Que cada segundo que pierdes con esto es un grano que le quitas de comer a una paloma que sí desea comer de tus semillas.
– Preciso! – Respondo Gr’anSan – ¿Y sabes lo que voy ha hacer ahora? – El anciano miró con cara entretenida al joven – Voy dejar de perseguir palomas cobardes y me pondré con las manos abiertas a dar semillas a las palomas valientes, puesto que el día de hoy he visto que es una labor considerablemente más simple y productiva. ¡Espera acá un instante! – Y diciendo esto desapareció en su vieja ermita.
Kan miró a su paloma y probó procurar ponerla en su hombro, prodigiosamente la paloma halló más agradable el hombro del joven que su mano y decidió quedarse a dormir reposadamente en el hombro del que consideraba su almacén personal de comida.
Al poco rato resurgió el anciano con un ligero saco y su vieja escoba, y echándose el primero encima de su hombro y tomando la segunda tal y como si de una espada se tratase preguntó al joven Samurai…
– Aceptáis ancianos de noventa años en tu campamento?
– ¡Sí claro! ¿Quieres ser un Samurai?
– ¿Deberé aprender a manejar la espada? ¿Es preciso que me levante al amanecer y me acueste cuando la luna está en su cenit? ¿Quizá he de aprender y educar todo cuanto se ha cientos y cientos de personas?
– Sí, sí y Sí! – Respondió de forma automática Kan.
– Pues vamos… ¡Que estoy impaciente! – Y agregó mirando la paloma – A propósito te llevas a tu paloma-samurai.
– Semeja que sí, me ha tomado por un almacén de comida andante… – y acariciando el suave pecho de la paloma agregó – Me da la sensación de que esta paloma ya ha solucionado su vida por siempre!

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