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Libro “EL MANUAL SAMURAI” : GOLETAS SAMURAI

#TatianaOrellana

Samurai-1

Fuente: Maestro Fenix

Kan  examinó entre los árboles. Su padre Kazo estaba a menos de 2 pasos. Un solo salto y estaría encima de él. Si bien Kan no era más que un chiquillo, la sorpresa sería una enorme ventaja.
Era la hora de la siesta y su padre, el viejo Samurai, dormía plácidamente confiado. Su abdomen subía y bajaba de manera lenta. Esta vez ganaría el joven practicante de Samurai.
En ese instante una mano se posó en el hombro de Kan. Era la señal de que había perdido la partida. Mas… ¡No podía ser! ¡Su padre dormía! ¿Qué era lo que pasaba?
El inexperto Samurai miró a su espalda y vio a Aki, uno de los 7 Samurais de su padre.
– Eso no vale – contestó Kan con su orgullo herido – es contra mi padre contra quien juego, no tienes nada que ver. – había estado tan cerca de ganar… y no obstante su padre había vuelto a ganarle. ¡Y esta vez estando dormido!
Un estallido de cólera se apoderó de su joven cuerpo de 12 años y corrió adentrándose en el bosque mientras que su espada katana contestaba contra su armadura.

 

– Ah! estás acá hijo mío – murmuró Kazo al oído de su hijo – Mi leal Aki me ha contado lo ocurrido.
Kan sentía la suave y cálida mano de su padre en el hombro mientras que la grave y penetrante voz de su padre calaba en sus pensamientos.
– Sí padre, siento haber escapado, mas perdí! y eso me indignó!
– Querido Kan, otras veces has perdido y jamás ya antes te habías perturbado de este modo. ¿Por qué razón este enfado tan indigno de ti? – Las palabras de Kazo eran tranquilizadoras mientras que se sentaba en una débil rama a la vera de su hijo.
– La cuestión Padre es que estabas dormido, y incluso de este modo me ganaste. Al comienzo no deseé reconocerlo. Mas lo cierto es que da igual que fuera tu mano o bien la de Aki la que me tocara. A efectos perdí igual. Y eso me corroe. – Los ojos de la joven promesa Samurai irradiaban un pesar que caló en el corazón de su padre.
– Hijo mío. ¿Y qué has aprendido de este incidente?
Los ojos de Kan se clavaron interrogantes en su padre. ¿Aprender? Había algo que aprender… sí había algo, mas aún le resultaba lejanísimo, podía sentirlo mas no sabía precisamente lo que era.
– Ah! Mi querido Kan, te queda tanto por aprender… y prometes tanto – Los ojos del viejo Samuraireflejaban un orgullo imposible de ocultar, había visto que el pequeño Samurai comenzaba a ver la luz y decidió asistirlo – Te voy a contar una historia que te va a sacar de dudas:

 

“””Existieron una vez, en unas tierras lejanísimas al, Oeste, alén de las fronteras de Nuestro Imperio, 2 pescadores de Ostras llamados Stauros y Giorgos. Stauros tenía mucho éxito, mas Giorgos no podíacasí sostener a su familia.
Un día Stauros se ofreció a bucear con Giorgos para asistirle.

 

Fueron los 2 juntos a la playa y Giorgos buceó hasta el fondo de un mar de aguas cristalinas y suaves. En el fondo halló una enorme ostra grande y fuerte, con unos brillos atractivos y pensó “esta ostra me va a hacer rico!”, con lo que cogió con su cuchillo esa única ostra y se la llevó a la superficie con mucha calma y cuidado. Apenas pudo llegar a la playa y sentarse en su blanca y fina arena cuando sacó su cuchillo y comenzó a abrir la ostra para recoger su perla.

 

Stauros, extrañado de que su amigo saliese tan pronto del agua salió asimismo del agua y mirándolo extrañado le preguntó “¿Por qué razón has salido tan pronto?” y al ver la ostra en las manos de Giorgos le afirmó “¡Has desperdiciado toda esa energía para coger solo una ostra!”
“Sé lo que hago” le respondió Giorgos “tengo un pálpito con esta ostra. Tiene algo singular”

 

Stauros observó en silencio mientras que Giorgos abría la ostra ¡Dios santo!, no había perla en la ostra! Giorgoscerró la ostra cuidadosamente y empezó a mecerla entre sus cálidas manos…

 

“¿Qué haces ahora?” preguntó Stauros
“Creo en la ostra” respondió tercamente Giorgos “Si la cuido y la sostengo caliente, tal vez acabe haciendo una perla para mí, por gratitud”

 

Negando con la cabeza frente a la obstinada actitud de Giorgos, Stauros se fue a zambullirse en las cálidas aguas del mar. Se hacía tarde y precisaba trabajar. De esta manera mientras que Giorgos cuidaba su ostra singular meciéndola entre sus brazos, Stauros buceó solo y metió cien ostras en su cubo, después subió a la playa y fue abriéndolas una a una. Cada ostra que no tenía perla la devolvía al agua.

 

A la caída del Sol Giorgos proseguía balanceando su ostra vacía.
“¿Ha habido suerte?” preguntó Giorgos
“Sí” respondió flamante Stauros “He debido devolver al mar a 93 ostras. No obstante 7 tenían una perla dentro. Esta noche voy a llevar a mi mujer a la tasca para festejarlo!”
“Stauros. ¡Siempre y en todo momento tienes suerte!” Suspiró resignado Giorgos meciendo entre sus brazos su ostra vacía.”””

 

Cuando cesó la suave voz del viejo Samurai, en la imaginación de Kan aún vivían los 2 pescadores de ostras. Kazo guardó silencio aguardando que la sabiduría impresa en la vieja historia de los pescadores de ostras se asentase en el cerebro de su joven hijo.
– Padre, creo que comprendo la historia – afirmó al fin Kan – mas no acabo de ver que relación tiene con queme ganases.
– Expresa tus pensamientos en voz alta hijo, de este modo voy a poder asistirte.
– El fallo de Giorgos era confiar su fortuna a una sola ostra, en lugar de buscar entre muchas como hacía su compañero. Stauros recogía muchas ostras, y solo se quedaba con las que tenían perlas. Del resto se deshacía. De ahí que era pero agraciado que Giorgos ¿No es de este modo padre?
– No hijo – corrigió el viejo Samurai – Stauros no era más agraciado que Giorgos, solo conocía su oficio mejor. Igual que conozco mejor el nuestro que . La sabiduría de Stauros estaba en recoger muchas ostras y en acoger solo a aquellas que tenían una perla dentro. Asimismo era sabio al devolverlas al mar, puesto que esas ostras más adelante, tal vez por año siguiente tuviesen dentro una ostra que recoger. ¿La comprendes ahora?
– Sí, mas prosigo sin ver la relación con nuestro juego padre.
– Querido Kan, se te ha pasado un detalle. ¿Cuántas ostras con perla hallaba Stauros?
– 7… – de súbito un rayo de entendimiento atravesó los ojos del joven practicante – ¡Claro! Ahora lo comprendo! 7 ostras y 7 Samurais. Cada ostra es un Samurai, un guerrero con peculiaridades únicas de los que solo hay unos pocos entre cientos.
– Lo que me quieres decir es que la suerte de Stauros estaba en tener a 7 perlas… a 7 Samurais¡No me hablabas de perlas! – Kan lanzó una mirada inculpadora a su anciano padre que le había tendido una sutil trampa – Giorgos no tenía fortuna por que perdía el tiempo con ostras vacías al tiempo que Stauros supo localizar a sus 7 Samurais, a sus 7 ostras con perla entre un mar lleno de ostras sin valor. Se quedó solo con las 7 ostras que verdaderamente eran singulares y tenían perla, las que representaban su gran fortuna por tener un equipo perfecto. Y al resto de ostras sin valor las devolvió al caluroso mar pues no estaban suficientemente desarrolladas para tener perlas aún y debían madurar.
– Adecuado hijo – aprobó el padre orgulloso
– No obstante – Cortó el practicante encantado – lo más esencial de la historia es que la suerte no viene por la fe, se alcanza solo por medio del trabajo duro y la persistencia.
– Preciso! Kan, el día de hoy te has ganado postre extra!
– Mas padre, no acabo de ver la relación… estoy conforme de que no existe mayor fortuna que contar con tu equipo de 7 Samurais… mas que debe ver eso con nuestro juego.
– Lo que deseo decirte hijo, es que la mayor fuerza, hasta para un Samurai no está en su habilidad ni en su fuerza, ni en el afilado filo de su espada. Su auténtica fuerza está en su equipo. El día de hoy ha sido la prueba. – Los ojos de Kazo reflejaban un infinito amor cara su hijo – El día de hoy has sido quien inofensivamente me ha atacado mientras que dormía, mas otro día puede ser otra persona con mucho peores pretensiones que tocarme en el hombro. Si bien ese día llegue, voy a poder proseguir durmiendo sosegado, por el hecho de que sé que tengo a 7 Samurais que me asisten día y noche, incluso cuando reposo.
Kan al fin entendió, le había costado un desazón, un enfado y una historia mas por fin entendió. La auténtica fuerza de un Samurai está en el trabajo en grupo. Un Samurai solo es bastante difícil de derrumbar. Mas 7 Samurais ¡PUEDEN MOVER EL MUNDO! De pronto una idea atravesó por su cabeza.
– Padre! – afirmó encantado – ¿Puedo comenzar a formar mi guarda de 7 Samurais?
– Claro hijo, para eso te he contado esta historia.
– No obstante, aún no soy un Samurai de veras, solo soy un practicante… – afirmó mientras que miraba una hoja caída en el suelo – ¿De qué manera voy a formarlos si todavía no se mismo?
– Es verdad que aún no eres un Samurai en toda regla. Lo que sí eres es un practicante y como tal conoces secretos que puedes educar – Explicó paciente el padre – Cuando comencé a educar a Aki, solo era un practicante como . Yo le enseñaba día tras día lo que sabía y también iba aprendiendo. Nos adentramos juntos en el camino de la vida por el camino del Samurai. Después más Samurais se fueron uniendo a nosotros y juntos les enseñamos. Poquito a poco pasamos de ser 2 a ser un ejército insuperable deSamurais. Tú debes hacer lo mismo. Es tu labor como Samurai ¿Lo vas a hacer?
– Padre, deseo ser un Samurai como . ¡Claro que lo voy a hacer!
Y un abrazo selló su acuerdo.

 

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