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SOBRE EL AMOR Y DESAPEGO

#TatianaOrellana

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El amor, probablemente, es el valor más elevado que todos los seres humanos desean probar desde el instante del nacimiento hasta la muerte. El amor verdadero y desinteresado se ha vuelto tan infrecuente que la mayoría de las personas se cuestionan su existencia.

El amor auténtico implica la capacidad de respetar a el resto tal y como son y ser capaces de dar sin esperar un retorno por ello. Tal amor nos da libertad y un espacio para crecer y expresar nuestra peculiaridad. A menudo, no obstante, no mantenemos la distancia conveniente entre nosotros y aquellos a quienes amamos y entonces, en vez de dar de manera desinteresada, comenzamos a tener expectativas, demandas y sentimientos de posesividad. Cuando confundimos el amor con el apego, comenzamos sin darnos cuenta a crear ataduras con los demás.

Los signos del apego o posesividad son las preocupaciones, el miedo, la falta de seguridad, los celos y por último, el sufrimiento. Este amor no sólo destruye la amistad y las relaciones por norma general sino nos hace perder el respeto hacia nosotros mismos, nos vuelve dependientes e inestables.

Como es natural, el humano precisa amor y respeto, pero hemos de entender que no vamos a recibirlo solo por pedirlo o aguardarlo o bien considerando que es nuestro derecho. El amor y respeto de todos lo ganamos cuando comprendemos que el primero que debe darlos soy yo mismo.

Cuanto más damos a los demás, con una actitud altruista, es decir, sin aguardar un retorno por este motivo, más recibiremos, de no ser de esta manera es posible que demos mucho y no recibamos nada a cambio.

En ocasiones, cuando el dar está mezclado con el apego, sentimos que queremos dar singularmente a alguien, deseamos lo mejor para esa persona, mas tras este dar prosiguen existiendo esperanzas. Y si esa persona no admite lo que le damos o no responde a nuestras expectativas, nuestros sentimientos cambian. No hemos comprendido una ley básica espiritual: “No importa cuánto demos a el resto, depende de ellos cuánto quieran tomar”.

Nuestra auténtica labor ha de ser mantener pensamientos positivos y sentimientos de cooperación hacía todos, no es nuestra labor el preocuparnos por cuánto quieran tomar o bien no, o culparlos sí no toman nada. Cada uno es libre de escoger para sí mismo lo que desea hacer y hasta qué punto. Lo importante es que estemos haciendo lo que es correcto; repasar esto es nuestro primer deber.
De esta manera, el amor y desapego deja que en las relaciones exista un espacio suficiente para que cada quien se exprese de manera libre, sin condicionamientos, sin sentirse influenciado ni presionado. Estas cualidades, equilibradas con sabiduría, favorecen unas relaciones sanas, verdaderas y estables.

 

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